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Eran los grandes pensadores del mundo antiguo. Los que se dedican a las preguntas fundamentales, las que realmente importan. Pero hoy los filósofos chilenos más bien brillan por su ausencia en un país donde se debate desde el modelo de desarrollo hasta cómo educamos a los niños. A poco más de un año de la muerte de Humberto Giannini, fuimos a preguntarles a las nuevas generaciones por qué están tan callados.

Por Tania Opazo y Angélica Bulnes 12 de marzo del 2016 / 00:29 Hrs
JM Garrido

Juan Manuel Garrido: 

(Juan Manuel Garrido
Director del Doctorado en Filosofía

Grado Académico:Doctor en Filosofía, Universidad Marc Bloch de Strasbourg, Francia.

Áreas de investigación:Kant; Neokantismo; Fenomenología; Filosofía Francesa Contemporánea.)

 

“Nunca en Chile habíamos necesitado tantos filósofos”

Doctor en filosofía por la Université Marc Bloch de Strasbourg, a sus 42 años se desempeña como director del doctorado de la Universidad Alberto Hurtado. Especialista en filosofía moderna y contemporánea, estudia a Kant, fenomenología y desconstrucción.

¿Qué rol tiene la filosofía en el contexto actual?

Es paradójico porque, por una parte, la filosofía parece ser un lujo intelectual y por otra, si tú te fijas históricamente, está casi siempre asociada a momentos de crisis o poscrisis. La Primera Guerra Mundial, la Segunda, el periodo de entre guerras, son momentos de gran efervescencia intelectual filosófica. Frente a la pérdida de evidencia y la necesidad de buscar un lenguaje que te permita pensar nuevamente lo que te rodea, el quehacer filosófico se hace protagónico.

¿Chile está pasando por una crisis? 

Tengo la idea de que Chile, en el fondo, ha dado un paso hacia adelante y no hacia atrás. De que efectivamente hay una clase más constituida, que hay acceso a los bienes públicos, a la educación y que eso mismo ha generado una mayor demanda, justificada, por reconocer los clásicos abusos y contradicciones latinoamericanas. En Chile no hay una época de oro que idealizar, pero si tú miras la prensa de Francia, hay una nostalgia constante, incluso en Alemania, que es tan exitosa, pasa lo mismo, lo que de hecho es un poquito preocupante. Lo que me gusta de la situación de Chile es que, como no hay un pasado al que mirar, hay una demanda y hambre de futuro y de participar de ese futuro. El descontento se disfraza de crisis, lo que no necesariamente es sano para el debate público, porque este tiene cosas buenas y malas. Del descontento viene el hambre de futuro, que es la única manera de que haya uno mejor.

Sin embargo, aquí la filosofía no parece estar muy presente en el debate público.

Por eso uno espera que se forme a los ciudadanos en la filosofía, para que justamente desarrollen ese tipo de capacidades, que sin duda hacen falta. En algún momento todos necesitamos tener la habilidad de preguntarnos, por ejemplo, por qué presuponemos que el crecimiento es bueno sin que suene como una pregunta estúpida. Ahí necesitamos el lenguaje y el razonamiento, para cuestionar los supuestos con que operamos. Esta no es una necesidad exclusivamente de los filósofos. Es tremendo cuánto nos hace falta disponer de estas habilidades reflexivas, críticas, que no son genéticas, sino culturales. Nunca en Chile habíamos necesitado tantos filósofos, nunca habíamos necesitado tanta filosofía, la que está en una situación precaria en los colegios.

Francisco De Lara: 

(Nombre: De Lara López, Francisco
Categoría académica: Asistente
Cargo en la Facultad: Coordinador de Comunicaciones, Asuntos Públicos y Extensión
Especialidad: Filosofía contemporánea, especialmente fenomenología y hermenéutica.
Mail: fdelara@uc.cl
Fono: (56-2) 2354-2933
Resumen:

Francisco De Lara cursó estudios de Filosofía en las Universidades de Gerona y Barcelona. Es Doctor en Filosofía por la Albert-Ludwigs-Universität Freiburg y la Universidad Autónoma de Madrid. Su tesis doctoral sobre la filosofía del joven Heidegger fue galardonada con el premio Max Müller de la Universidad de Freiburg. Ha sido becario del DAAD y la Fundación La Caixa. Fue Profesor en la Universidad Industrial de Santander (Colombia) y desde julio de 2009 es Profesor de la Pontificia Universidad Católica de Chile. Fundó y edita la Revista Internacional de Fenomenología y Hermenéutica ALEA y es director de la colección Filosofía UC (Plaza y Valdés, España). Es autor del libroPhänomenologie der Möglichkeit. Grundzüge der Philosophie Heideggers 1919-1923 (Karl Alber, 2008) y editor de Entre fenomenología y hermenéutica. Franco Volpi in memoriam (Plaza y Valdés, 2011), así como de diversos artículos, capítulos de libros y entradas de diccionario sobre Heidegger en español, alemán, francés y portugués. Ha traducido textos de Martin Heidegger, Paul Natorp, Robert Musil y Peter Sloterdijk, entre otros. Es miembro fundador de la Sociedad Iberoamericana de Estudios Heideggerianos.)

“Hay un cierto desprecio por  hablar de los temas que se debaten públicamente”

Este español de 41 años vive hace seis años y medio en Chile y actualmente es académico en la Universidad Católica. Doctorado en Alemania con una tesis sobre la filosofía de Heidegger, sus áreas de especialización son la fenomenología y la hermenéutica, además de la Escuela de Frankfurt, que le interesa especialmente porque “son pensadores que abogan por una función pública y crítica de la filosofía”.

 

¿En qué posición ves hoy a la filosofía?

Noto que se está enclaustrando cada vez más y se vuelve una cosa muy de círculo de especialistas, con ciertas pretensiones elitistas. Con esto se va cerrando a la posibilidad de participar en el debate público y de tocar temas de interés para todos los ciudadanos. Ser especialista te quita mucha espontaneidad, libertad y capacidad de pensar. Aprendes a trabajar de una manera técnica, pero eso no te da para ser original.

¿La filosofía se ha alejado de su raíz?

Absolutamente. La filosofía tendía a hacer dos cosas: investigar buscando las posibilidades de conocimiento sobre los asuntos más elevados, pero por otro lado, y de la mano de eso, había un trabajo que implicaba posicionarse dentro de la sociedad para generar un cambio. Lo que era también una forma de vida. Tanto la dimensión personal, como la dimensión comunitaria, política y de planteamiento de problemas, y no meramente de participar de debates técnicos, prácticamente se ha perdido.

¿Cómo puede el filósofo insertarse en el debate público?

Renunciando a la pedantería. La verdad es que la filosofía, incluso la más complicada, con más o menos esfuerzo, se puede explicar de tal modo que una persona interesada la entienda. Y ahí me remito al más fundador y a la vez pedestre de los filósofos, que es Sócrates, que desde luego no exhibía ningún saber y se expresaba en términos populares, porque trataba justamente de llegar a algo. Pero hay un cierto desprecio por hablar de los temas que se debaten públicamente. Por ejemplo, la educación. Es mucho más difícil hablar de educación, porque está lleno de discursos al respecto. Pero eso es miedo al ridículo.

¿Qué trabas hay para lograrlo?

La poca gente que, por ejemplo, escribe en los medios de comunicación se anota en una dirección, y falta gente que escriba para hacer pensar, incluso los presupuestos que damos por sentados en los debates. Por lo menos yo veo los diarios cada día y no encuentro eso. Por otro lado, hay mucha autocensura, a menos que lo hagas en la línea editorial de la institución donde trabajas. Y eso es lobby, lobby intelectual, pero lobby.

¿Cuál es tu propuesta?

No caer en un modelo que impida cualquier posibilidad de aplicar la filosofía a cuestiones más actuales, que tienen que ver con los problemas que se están haciendo visibles no sólo en Chile. Cuestiones no sólo políticas, sino artísticas, económicas, técnicas, de formas de vida. O sea que si te vas a especializar en un tema, pensar de qué forma le vas a hablar a las personas que no son, ni tienen por qué ser, especialistas en tu tema.

¿Están los filósofos chilenos preparados para eso?

Los profesores antiguos, que aquí ahora son despreciados ya que dicen que no publicaban, tenían algo muy bueno: tiempo. Vivían en un ir madurando las cosas. Un Humberto Giannini no se entendería sin eso. Y habrá alguien que diga “bueno, pero Giannini no es un ultra especialista”. A mí me parece una figura interesantísima justamente por eso. Porque no basta con ser “especialista”, esa no es nuestra tarea, sino intentar pensar y decir algo relevante, plantear cosas que tengan que ver con nuestro mundo y no meramente con nuestro objeto de investigación. El día que los que critican a Giannini escriban un libro que tenga el impacto de Breve historia de la filosofía, hablamos. No puedes mirar con desprecio cosas que jamás vas a lograr hacer. Porque él pudo hacer lo que tú haces, pero tú no vas a hacer lo que hizo él.

 

Hugo Herrera:

(filósofo, académico y columnista chileno, dedicado principalmente a la filosofía del derecho.)

“Todo lo que vale la pena, al final es inútil”

Este abogado de 42 años es doctor en filosofía de la Universidad de Wurzburgo y dirige el Instituto de Humanidades de la Universidad Diego Portales. En sus libros y columnas en La Segunda o El Mostrador ha desarrollado una reflexión sobre la crisis intelectual de la derecha chilena y ha criticado la poca preocupación por el “mundo del pensamiento” que hay en ese sector.

¿Es posible compatibilizar la filosofía desde la academia y la vida pública?

Es importante que se haga. A mí hacerlo me permite pensar, por ejemplo, que el gran problema que tiene Chile uno lo puede llevar a una hermenéutica política: lo que falta es capacidad de comprensión de las élites respecto de la situación del país y sus peculiaridades. Tenemos un sistema que tiene muchas reglas y está bien, hay una institucionalidad política y económica, pero uno ve que esas reglas son como de otra época. Y el pueblo cambió producto de esas mismas reglas, entonces lo que falta es que el sistema político se vuelque a comprender la situación, que piense en distribuir mejor el poder político, económico… Ahí falta algo, que es fácil iluminarlo desde la filosofía.

¿Cómo se hace eso?

Ojalá los parlamentarios tuvieran algún intercambio con personas que vienen más del mundo académico, del mundo de la teoría política, porque eso permitiría llegar a una comprensión más sofisticada de la situación. Tendrían más herramientas. Pero a los políticos es muy complicado sacarlos del día a día. En otros países este déficit del sistema político se trata de solucionar por la vía de financiar centros de estudio. En Alemania, dentro de los aportes estatales a los partidos, una parte importante va al financiamiento de centros de estudio en los que realmente hay investigadores, o sea, son mucho más parecidos al CEP que a los centros que tenemos por montones en los partidos políticos y que son muy frágiles.

 ¿Para qué le sirve la filosofía al ciudadano común?

Te da herramientas para comprender mejor tu situación existencial, por decirlo así. Suena pretencioso, pero algo tan simple como reflexionar sobre conceptos como la nada, el ser, la moral, qué son los valores, si se justifica o no la democracia, todo ese tipo de preguntas son muy concretas al final y te ayudan, aunque no signifique que uno se vaya a transformar en un especialista en filosofía. Son herramientas. Dicen que la filosofía es inútil, pero las matemáticas, a cierto nivel, también son inútiles para la gran mayoría. Todo lo que vale la pena, al final, es inútil.

¿Crees que la gente entiende la importancia de esto que me dices? 

Siempre seremos afectados por el destino de las unidades políticas en que vivimos. La ruina o el esplendor de Chile nos afecta a cada uno de nosotros y en ese sentido tiene razón Aristóteles cuando entiende que aquel al que no le interesan los asuntos públicos no está a la altura de su condición humana, por decirlo así. Ahora, pareciera que el país se está repolitizando, porque hay un desajuste entre el pueblo y su institucionalidad. Hay un choque.

Max Colodro:

(Filósofo en formación, obrero de la metafísica y coleccionista de dudas. Nació en Santiago una tarde de verano pero casi siempre le llueve sobre mojado. Ex Director de Estudios del Ministerio Secretaría General de la presidencia y ex Vicepresidente de la Comisión Nacional UNESCO-Chile. Autor de varios libros de filosofía que nadie perdería su tiempo en hojear. Actualmente ejerce como profesor en la U. Adolfo Ibañez y Presidente honorario del Club de los Corazones Rotos. Romántico viajero y, a partir de los 30, compañero inseparable del insomnio.)

“Me parece inconcebible ser filósofo en Chile hoy y no tener una posición sobre los cambios que estamos viviendo”

No es un filósofo que siguió el camino de la academia. Le empezó a interesar esta disciplina en su adolescencia cuando militaba en el PC y leía autores como Marx y Hegel. Pero luego estudió sociología y más tarde hizo un doctorado en filosofía. Con 47 años, tiene cuatro libros que abordan temas desde esa perspectiva y trabaja en la Universidad Adolfo Ibáñez, pero al mismo tiempo dedica buena parte de su tiempo a hacer análisis políticos en los medios y es columnista regular de La Tercera.

 

Cuando escribes columnas o das entrevistas, ¿lo haces desde la filosofía?

Sin duda. Mi aproximación a la política y mi manera de entenderla, el esquema que he construido para analizarla, tiene una base filosófica que he trabajado mucho. Está muy explícita en mi manera de ver las cosas, no estoy escindido entre el analista político y el filósofo.

¿Pensaste en seguir una carrera académica, más orientada a publicaciones especializadas?

Nunca me interesó, no me gusta el encierro. Me da la sensación de que estás desvinculado del mundo público, de lo que pasa en tu país. Prefería hacer libros que estuvieran en una librería y no en los journals que leen sólo los iniciados. Y esa sigue siendo mi opción hasta ahora.

¿Qué es lo que te interesa de la filosofía?

La conexión entre la reflexión más ontológica, es decir, la de sobre qué es la realidad, cómo funciona la sociedad, la relación entre lenguaje y el mundo en que vive la gente y la política. Nuestra concepción más profunda sobre las cosas también se expresa en nuestra vida cotidiana y sobre todo en el espacio público y la política, que es lo que a mí más me interesa. Pero pienso que esa conexión termina por perderse en el mundo académico y realmente me parece inconcebible ser filósofo en Chile hoy y no tener una posición sobre los cambios culturales y políticos que estamos viviendo.

¿Y cuáles son los temas que te preocupan hoy? 

Que la sociedad y el mundo viven una crisis profunda. Tiene que ver con eso que a comienzos de los 90 se llamó la crisis de la modernidad y sus consecuencias. Se relaciona con la caída de una determinada manera de entender al Estado, a la sociedad civil, la comunicación,  la participación. La tecnología está jugando un rol muy importante en eso. Una de las paradojas del mundo posmoderno es que ha habido un desarrollo extraordinario de las tecnologías de la comunicación, pero al mismo tiempo pareciera que nunca nos habíamos sentido más solos. Ese tipo de reflexiones finalmente tienen que ver con algo más filosófico. Comprender el rol de la comunicación y el lenguaje tiene que ver con la crisis política que vive Chile, con la rabia y la frustración, la sensación de desconexión con las élites, con el poder, con la política.

¿Por qué crees que no hay más filósofos en el debate? 

Se han recluido en una lógica académica que los ha convertido en especialistas que cultivan una disciplina para iniciados con un lenguaje cada vez más hermético. Eso le ha hecho mucho daño a la filosofía.

¿Pero qué lugar se le da a la filosofía en Chile? 

Se le da un espacio muy pequeño, pero precisamente porque la filosofía no es capaz de reivindicar un rol en la sociedad.

¿Quiénes te llaman la atención aquí en el ámbito de la filosofía?

Hay gente que ha hecho grandes aportes, como Humberto Giannini, quien ya murió; Roberto Torretti, Carla Cordua, Pablo Oyarzún. Pero me gustaría que ellos participaran más en el debate. Serían un gran aporte dando opiniones sobre el cambio constitucional, sobre si debe o no eliminarse el Estado subsidiario, sobre educación. El país se los pierde.

 

Lorena Herrera: 

(Profesora de Filosofía, Universidad de Chile, Integrante de CIFICH)

“La filosofía no tiene que ver con los años, sino que con una experiencia de indagación y asombro”

Tiene 36 años y es miembro de la Comunidad de indagación en Filosofía e Infancia (CIFICH) de la Universidad de Chile. Además estudió dramaturgia con Juan Radrigán y su obra Expediente Godoy, país de la ausencia, que rescata la faceta política de Gabriela Mistral, fue ganadora del Festival Exit 2014.

¿Cómo mezclas la dramaturgia y la educación con la filosofía?

Tanto en el trabajo que hago con niños como en mi dramaturgia hay una propuesta filosófica que busca acercarse a la gente. Creo que un gran error que comete la filosofía académica es pensar en ciertas cosas dejando fuera a sus protagonistas, algo que Hannah Arendt criticaba. Este es un legado que no se debe perder de Humberto Giannini, porque él lograba conectar la filosofía con lo latinoamericano y lo cotidiano.

¿Por qué te dedicaste a la relación entre filosofía e infancia?

La etimología de filosofía es “amor al saber”, pero antes, el saber se entendía como sabor, algo que nunca te recalcan mucho en la escuela, que está más pendiente a la razón. Entonces aprender es como de un saboreo de la vida y todos queremos sabor en nuestras vidas. El problema es que hoy los niños entran a la escuela hambrientos por aprender, pero en cuarto medio están contando los días para dejar de involucrarse con el conocimiento, porque lo sienten como una cadena perpetua. Eso es un producto cultural de cómo entiendo yo el saber. Algunos dicen que un niño no puede hacer filosofía, pero quienes estudiamos este ámbito creemos que la filosofía no tiene que ver con los años, sino que con una experiencia de indagación y asombro. Después de cierta edad, el sistema cultural le dice al niño “tú tienes que madurar y razonar”.

¿Cómo podemos motivar el aprendizaje de la filosofía en los niños?

Los niños y las niñas nacen interesados por el saber, es parte de la naturaleza humana. El problema se produce cuando por un tema cultural dejan de pensar y sólo razonan, o sea se deja de lado la imaginación y sólo se da lugar al código. Recuperar ese gusto por el saber se logra tratándolos como las personas que son, dialogando, como diría Giannini, y creando junto a ellos.

Francisco Pereira:

(Soy un filósofo actualmente trabajando tiempo completo en el Departamento de Filosofía de la Universidad Alberto Hurtado, localizada en Santiago de Chile. Mis áreas de especialización son  Filosofía de la Mente, Filosofía de la Percepción y Epistemología,. Mis áreas de competencia son la Filosofía del Lenguaje contemporánea y la Historia de la Filosofía Moderna con especial énfasis en el pensamiento de David Hume.

En este momento  también me encuentro organizando la Sociedad Chilena de Filosofía Analítica, una pequeña sociedad que espero sea capaz de abrir un nuevo espacio para el debate académico en Sudamérica.

En este momento mi investigación está centrada en temas relacionados con el conceptualismo y la posibilidad de contenidos intencionales no-conceptuales, en teorías disyuntivas de la percepción, en el rol que juega la atención y la acción en las representaciones visuales conscientes y en la epistemología de David Hume.  (…)

Francisco

Universidad Alberto Hurtado

Alameda 1869, Piso 3

Santiago, Chile

francisco@correo.org.uk   )

“No hay políticas públicas claras que se orienten al desarrollo de la filosofía”

No parece filósofo sino que músico, pero tiene un doctorado en el King’s College London y es académico a tiempo completo en la Universidad Alberto Hurtado. Tiene 41 años, le obsesiona el pensamiento del escocés del siglo XVIII David Hume y se ha especializado en la filosofía que trata de entender cómo funciona la mente humana y sus manifestaciones, como las creencias o las emociones. También “encuentro fascinante preguntarse desde una perspectiva filosófica cuál es la naturaleza de nuestras percepciones”.

 

¿Cuál crees tú que es el aporte de la filosofía?

Es de suma importancia, especialmente en una cultura ágil, fugaz y fragmentaria como la actual. Los matemáticos realizan demostraciones utilizando números, pero no se preguntan si realmente existen los números. Votamos en una elección, sin embargo, normalmente no nos cuestionamos acerca de los fundamentos de ese comportamiento o no nos planteamos un escenario en el que simplemente esto no sea valorado. Muchos somos capaces de apreciar la belleza de un cuadro o el colorido de un atardecer invernal, pero nunca analizamos si la belleza es  algo objetivo e independiente de nuestros paradigmas culturales. La filosofía remueve los cimientos que están a la base de muchos de los supuestos con los que operan otras disciplinas o bajo los cuales parecen fundarse muchas de las prácticas sociales habituales.

¿Por qué en Chile los filósofos no están en la discusión pública?

La respuesta no es fácil. Evidentemente hay temas filosóficos que sin duda se alejan de los debates de interés público debido a su naturaleza más abstracta o técnica, pero no menos importante. Además de eso se me ocurren rápidamente tres consideraciones. La más trivial es que la masa crítica de filósofos no es comparable con el número de investigadores de otras áreas en las cuales el desarrollo y el financiamiento es más palpable. No hay políticas públicas claras que se orienten al desarrollo de la filosofía. Segundo, en Chile los centros de estudio filosóficos normalmente están vinculados de forma directa o indirecta a proyectos institucionales específicos, por ejemplo, de carácter político o religioso. Lamentablemente muchos de ellos (hay excepciones ciertamente) no comprenden la importancia de la libertad de cátedra y creo que esto en ocasiones se traduce en mecanismos de presión o de censura (explícita o tácita) que hacen que los académicos no se expongan públicamente. En tercer lugar, las compañías y gerencias chilenas son extremadamente conservadoras y aún no integran a sus filas a filósofos que estoy seguro contribuirían a la creación de proyectos e ideas. Aquí no abundan los innovadores. Aparte de todo eso, su lenguaje especializado y sus tiempos muchas veces impiden que los filósofos participen del debate por falta de tiempo, comodidad, inseguridad a la hora de someterse a la reacción de la comunidad o simplemente falta de interés en las “distracciones” de la contingencia. Espero que todo esto cambie y se abran nuevas puertas.

¿Cómo ves el futuro de la filosofía en Chile? 

La veo más participativa y dialogante con otras disciplinas. Al menos así me gustaría que fuera. También espero que su estudio conserve su integridad académica, pero que al mismo tiempo logre integrarse en el mundo privado y en la gestión de políticas públicas. Creo que los filósofos tienen mucho que aportar ahí. Por último, espero algún día (aunque esto parece utópico) logre ser apreciada y reconocida por los diversos organismos e instituciones que financian la investigación con recursos públicos y que sus cultores sean valorados con remuneraciones decentes.

¿Hay algún filósofo nacional que quieras destacar?

En Chile hay filósofos de diversas tradiciones que han realizado un trabajo interesante. Destaco al recientemente fallecido Alfonso Gómez-Lobo, a Pablo Oyarzún y a Roberto Torretti. Todos ellos sin duda han formado escuela. Por otra parte, hay filósofos con mayor impacto mediático fundamentalmente por el importante rol político que jugaron, por ejemplo, durante la dictadura de Pinochet, pero no particularmente por su obra.

También hay muchos jóvenes que están cursando sus estudios de doctorado afuera. Espero vuelvan y ayuden a renovar el ambiente. Algo así hemos intentado hacer junto a otros colegas (José Tomás Alvarado, Eduardo Fermandois, Julio Torres, Wilfredo Quezada, Miguel Orellana, etc.) al fundar la Sociedad Chilena de Filosofía Analítica, con la que creo que hemos realizado un aporte modesto, pero importante visibilizando a Chile en la escena internacional y organizando conferencias.

Benjamín Ugalde:

(Profesor, Doctor en Filosofía, Universidad de Chile.)

“Los filósofos hoy tenemos mucha menos influencia que los antiguos”

Este filósofo de 34 años trabaja en la Universidad de Chile y se ha especializado en filosofía antigua. Le ha dedicado parte importante de su trabajo a los sofistas, pensadores griegos que vivieron en el siglo V a. de C. y enseñaban retórica y persuasión para triunfar en política, pero también fueron acusados de charlatanes.

¿Por qué estudiar filosofía griega?

Me quedé con ellos porque representan el origen y la simpleza del pensamiento, pero al mismo tiempo la profundidad. Eso de que para ser profundo hay que ser complicado y complejo es una cuestión moderna y contemporánea. Los antiguos son simples, pero profundos.

¿Cuál es la utilidad de la filosofía hoy?

La filosofía no es una llave mágica. No te va a decir, “ya, ahora tenemos todas las respuestas”. Al contrario, lo que va a hacer es plantearte preguntas. A los medios, a los políticos y a los tecnócratas eso no les gusta mucho. Los tecnócratas dirán que buscan respuestas, soluciones a los problemas reales de la gente. Puras pamplinas. Lo que la filosofía puede aportar es que tú te preguntes y se te abra un abanico de posibilidades para tomar mejores decisiones. Finalmente estamos condenados por la tragedia humana a tener que decidir y elegir. Y probablemente es mejor hacerlo con una mente más amplia y crítica que se cuestiona, con una cuota razonable de escepticismo, respecto de las posibilidades. Eso es lo que aporta la filosofía. Pero en general las personas quieren a alguien que les diga lo que tienen que hacer y la filosofía te dice lo que puedes hacer.

¿Eso deja a la filosofía un poco arrinconada?

Es cierto que esto ha mermado el ámbito donde la filosofía tiene impacto, los filósofos hoy tenemos mucha menos influencia que los antiguos. Pero si no hubiera sido por Demócrito, Leucipo, los atomistas, probablemente ni siquiera habría existido un Newton. Todo es parte de un proceso histórico. De hecho, cuando las ciencias intentan pasar a algo más amplio, empiezan a parecerse a la filosofía. Ejemplo de esto son científicos como Humberto Maturana y Stephen Hawking.

Profesora Sandra Baquedano

Sandra Baquedano: 

(Grados Académicos:
Doctora en Filosofía, Universität Leipzig, 2007.
Magíster en Filosofía, Universidad de Chile, 2003.
Licenciada en Filosofía, Universidad de Chile, 2001.

Docencia Universitaria:
Universidad de Chile, Profesora Asistente, jornada completa.

Líneas de Investigación:
Filosofía moderna y contemporánea.
Filosofía Ambiental.

Proyectos de investigación realizados y en ejecución:
Investigadora responsable:
2014- marzo de 2018 FONDECYT Regular, Proyecto 1140721, Universidad de Chile “La pregunta por la naturaleza del suicidio”.
2010-2013 FONDECYT Iniciación, Proyecto 11100009, Universidad de Chile “De la negación de la voluntad de vivir a la afirmación del no daño holístico”.
2009-2011 VID, Proyecto SOC 09/14-2, Universidad de Chile “El pesimismo entrópico en las cosmologías filosóficas de la voluntad”.
2008-2009 FONDECYT Postdoctorado, Proyecto 3085001, Universidad de Chile “La eco-ética vista desde el sujeto. La problemática de la desnaturalización y despersonalización”.
Coinvestigadora:
2012-2015 FONDECYT Regular, Proyecto 1120730, “Humanos, sub humanos, animales: los límites de la humanidad”.  (…)   )

“La filosofía puede ayudar a cambiar la manera de ver esa realidad”

Hizo su doctorado en la Universidad de Leipzig, en Alemania, y hoy es coordinadora del magíster en filosofía de la Universidad de Chile. A sus 36 años, uno de sus temas principales es la filosofía ambiental y los desafíos de esta en el mundo contemporáneo; por lo mismo, fue parte del grupo de observadores de la delegación chilena durante la Conferencia Internacional sobre Cambio Climático que se realizó a fines del año pasado en París.

 

¿Cuál crees que es el aporte de la filosofía ahora?

En una sociedad como la nuestra, asolada por profundas inequidades sociales y donde reina el egoísmo que en general nos caracteriza a casi todos los seres humanos, la filosofía es esencial. No es malo una sociedad más indignada y crítica frente a la injusticia, el problema es que tendemos además a ser individualistas e irreflexivos, y el resultado de esta ecuación es lamentable. Lo ideal sería no quedarse en la rabia. Errar es humano. Somos una biografía de errores, pero ciertas cosmovisiones filosóficas pueden ayudar a salir de ese estado.

¿Cómo se relaciona todo eso con tu trabajo en filosofía ambiental?

Lo que hago está muy relacionado con los grandes problemas que marcarán el siglo XXI, pero es algo que no tiene ningún valor a los ojos de la ideología extractivista imperante. La superpoblación, el cambio climático, la extinción masiva de especies, la contaminación, el ecocidio o la sobrecarga son los problemas del futuro. Para las generaciones actuales y venideras se vislumbra un panorama bastante oscuro.

¿Y cuál es el aporte concreto de la filosofía en ese contexto?

La filosofía puede ayudar a cambiar la manera de ver la realidad, permitiendo acceder a otro estado de conciencia, donde miras al otro y a ti mismo de manera distinta. La compasión es importante. No me refiero a una lástima, sino a una visión más profunda de los fenómenos, una asimilación sobre la debilidad común y secreta que nos une a todos, pero que en cada cual se va manifestando de un modo distinto.

Fuiste miembro observador en la última conferencia de París sobre cambio climático ¿Qué conclusiones sacaste?

Es un acuerdo no vinculante, donde se festejan promesas y compromisos sin obligaciones concretas. Las futuras guerras serán por el control de elementos tan básicos como el agua. Esto es como el cáncer, la gente se dará cuenta de su gravedad cuando ya estén desatados los síntomas, entonces será demasiado tarde para combatirlo. Será una lucha contra metástasis locales: sequías, inundaciones, todo para prolongar la vida o la calidad de los pueblos y sociedades más afectadas.

 

(Fuente:  http://www.latercera.com/noticia/tendencias/2016/03/27-671866-9-en-busca-de-los-filosofos.shtml  y selección de Alcaino Cortez)

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