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por Michelle Santini – 11/02/2010 – 

El contraste entre la oceánica manifestación desarrollada en Teherán con ocasión del aniversario de la revolución iraní de 1979, y las tímidas protestas de la oposición (desplegadas como es habitual en los barrios acomodados del norte y del oeste de Teherán), son un índice de la verdadera correlación de fuerzas entre el gobierno y sus poco consistentes enemigos internos. Pero no es éste el dato relevante, sino más bien la participación del poderoso Rafsanjani en la manifestación del “régimen”.

La noticia, confirmada por las agencias iraníes, significa que los opositores han perdido a su más potente sostenedor, con lo que la lucha interna de los dirigentes de la República Islámica ha dado un brusco giro, marcando un decisivo punto a favor del bloque de los radicales representado por Ahmadinejad y por Jamenei. El artículo que presentamos explica, frente al vulgar tópico de los medias occidentales, la naturaleza real del pensamiento político de Ahmadinejad y su acción de gobierno desde el 2005 hasta hoy.

“Los grados más elevados de la gran política son también los momentos en los que el enemigo es visto, con meridiana claridad, como enemigo”.

Carl Schmitt

“Extremista”, “fundamentalista”, peligro para Oriente Medio y para la humanidad: tales son, de continuo, los titulares que una, en el mejor de los casos, a menudo poco informada prensa, reserva al Presidente iraní. Habría pues que pararlo. Con cualquier medio, a cualquier coste, inflingiendo incluso al pueblo iraní un devastador ataque militar. Esto es lo que repiten constantemente, con diferentes matices, los más importantes analistas estratégicos occidentales y sionistas. Veamos si es cierto.

El pensamiento basiji y el Estado ético del Presidente Ahmadinejad

“Una nueva ruta se inicia. La victoria está cerca. O conseguimos nuestro objetivo o nos convertiremos en mártires, heridos o desaparecidos en combate. Así habrá de ser. Un nuevo milagro nos espera, sobre nuestro camino… ”

Presidente Ahmadinejad (2005) durante la campaña electoral presidencial.

 

“La Nación Iraní es una nación culta. Es una Nación civil. Es una Nación que ha hecho historia. Vosotros occidentales lo sabéis y nosotros lo sabemos: tenéis necesidad de nosotros muchos más  que nosotros tenemos necesidad de vosotros”

Presidente Ahmadinejad (2007)

 

En el mismo instante en el que el Presidente Ahmadinejad obtuvo la victoria, en 2005, rompiendo con el pernicioso vínculo entre comerciantes y parte del mundo religioso sobre el que se asentaba el bloque electoral de Rafsanjani, que había llevado su campaña a la presidencia bajo la bandera del apoyo total al mundo de la gran economía privada, se ponía en marcha una campaña de propaganda mundial, orquestada por Israel y los USA, tendente a la deslegitimación política del propio Ahmadinejad.

Como alcalde de Teherán, había atraído ya la atención política internacional cuando quiso dar sepultura a los restos de algunos mártires de la guerra contra Irak en 72 lugares, entre ellos plazas, parques, universidades para honrar su memoria. O cuando, siempre como primer edil de la Capital, a lo largo de una de las avenidas más transitadas de Teherán se podía contemplar a ras de suelo, la imagen, gigantesca, prominente, de una mujer palestina que se había inmolado en una acción patriótica. En una mano sostenía un fusil automático, con la otra abrazaba a un niño. Uniforme militar, pañuelo negro, cinta verde donde estaba escrita una loa del patriotismo, del martirio. “Amo a mi hijo. Pero amo más aún el martirio y la Patria”. Era la veinteañera Al Aqsa, militante de  la Brigada Reem Salih Al Rayaza, madre de dos hijos pequeños, caída por Palestina el 14 de febrero de 2004.

El futuro Presidente era considerado, dentro de la dialéctica política interna, un revolucionario que destacaba del frente conservador iraní. A menudo era calificado de forma algo simplista como un hombre de extrema derecha. Es obligado precisar sin embargo, que si ya en Occidente  la dicotomía derecha-izquierda es hoy por hoy falaz, más aún lo es en Irán. Por lo demás [Ahmadinejad] había conducido su campaña recordando constantemente a los mártires de los ocho años de guerra contra Irak.

No se les debe olvidar. Su sangre no debe haberse vertido en vano. Lo que hoy tenemos se lo debemos a su sacrificio” (Presidente Ahmadinejad, 2005).

Nadie antes que él, había dirigido una campaña electoral centrándose en el sacrificio de toda una generación. Ni siquiera los representantes del denominado “frente extremista” lo habían hecho en otras contiendas electorales municipales.

Ciertamente, los 267.000 soldados iraníes muertos en el transcurso del conflicto eran recordados a menudo durante las manifestaciones de propaganda interna, especialmente por parte de la llamada “derecha religiosa”, pero no hasta el punto de identificar casi por entero el mensaje político de una corriente de la República Islámica candidata a la presidencia de la nación con la herencia moral misma del sacrifico extremo y del martirio.

Otro aspecto fundamental que caracterizó la campaña electoral de Ahmedinejad –de 2005-  fue la lucha contra la corrupción, contra el materialismo interno, contra el triunfo interno de esa praxis que había terminado legitimando la parálisis post-revolucionaria de estáticos y ambiguos clérigos “emboscados”, que permanecieron en la retaguardia mientras los jóvenes mártires defendían con su sangre las conquistas de la revolución sobre los frentes y en las trincheras. Se presentaba así como abadgaran, un “purificador”. Un político-militar (por vez primera en veinticuatro años el Presidente no vestía los hábitos del religioso chiíta) que tenía como fin limpiar el denso y nefasto estancamiento que había encenagado el originario espíritu revolucionario. En este sentido, también se le presentó como un “populista” en la medida en que desarrolló prácticamente toda su campaña electoral recorriendo las provincias, las comarcas y las aldeas desde siempre olvidadas. Su mayor promesa consistía en la modernización de los pueblos iraníes más remotos, abandonados y desatendidos desde principios del siglo XX, además del apoyo total a los pobres de las grandes ciudades iraníes.

Hizo entonces un pacto estratégico interno con la Persia más profunda, que continúa hoy. Dudamos que tal pacto pueda romperse, prescindiendo de las abstrusas esperanzas de los marginales agitadores de dentro embutidos en vaqueros de firma y sobre todo en grandes planes estratégicos de corte americano y anti-iraníes.

“Desempleo, matrimonio y vivienda son las prioridades básicas”, dijo entonces el futuro Presidente, resumiendo en una frase cuáles eran los principales problemas de la juventud iraní.

O también, como gustaba repetir en estas giras electorales:

“Mi mayor activo es en verdad enorme: es mi amor hacia el pueblo y la voluntad de servirlo. Esto no se puede comparar con nada. Estoy orgulloso de entregarme a la empresa de hacer de mi país una Nación que no sea súbdita y esclava de otras”

Ahmadinejad se presentaba así como un revolucionario cuya filosofía política remitía directamente a la corriente isargan, “los devotos de la causa”, “los que se sacrifican en nombre de la revolución”. No por casualidad, el futuro presidente destacaba por ser uno de los fundadores del Isargan y uno de los principales exponentes del Abadgaran e Iran-e Islami, dos organizaciones compuestas de veteranos, mutilados y ex prisioneros de guerra, familiares de mártires de la guerra Irán-Irak, ex comandantes de los pasdaran. Tales organizaciones, dentro de la lógica política iraní, terminaban asumiendo un carácter cada vez más activista, hasta el punto de manifestar críticas radicales primero contra  Jatamí y los reformistas en general, y después finalmente, rompiendo de forma definitiva con la vieja guardia del régimen y aliándose estratégicamente con el frente basiji, hasta afirmarse como propia y verdadera corriente política, en febrero de 2003.

¿Cuál era el proyecto gestado por este frente militar y ultranacionalista?

En nuestra opinión, un Estado ético como síntesis –metafísica e inmanente, sacralizante y política- realizada mediante la unificación total de distintos momentos sociales de la “totalidad orgánica”. Precisamente en el curso de uno de sus viajes a provincias se emitía el mensaje de la Tercera Revolución, lanzado por Ahmadinejad seis meses después del inicio del nuevo mandato de 2005.

En el vocabulario revolucionario iraní, la primera revolución era la de 1979; la segunda tenía como ejemplo concreto la ocupación de la embajada americana  en Teherán.

La Tercera Revolución, en la visión del mundo del Presidente Ahmadinejad, significaba la afirmación interna  de un nacionalismo persa ultra-moderno, “nuclearista”, pero absolutamente impermeable a las variantes filosófico-políticas occidentalistas, basadas en el culto dogmático a una democracia fundada en una estéril praxis de derechos humanos, de evidente ascendenciaiusnaturalista(1) la cual, como demostrara repetidamente Hegel, niega la verdadera libertad del individuo: en cuanto la verdadera libertad consiste en la obediencia a las leyes de un Estado que sea una realidad espiritual completa, como “totalidad ética”. Y precisamente en el plano del dominio interno de lo estatal como praxis política ética, además de como recta administración, y de la afirmación de lo Político, sea incluso en nombre de Dios, donde se está caracterizando la estrategia interna del Presidente Ahmadinejad.

“El presidente (Ahmadinejad) mantiene una cierta autonomía frente al clero, incluido el revolucionario. Aun estando estrechamente vinculado al ayatollah Mesbah Yazdi, Ahmanidejad mantiene que es el “partido”, y no el clero, quien debe conducir la revolución. Un “partido” compuesto y dirigido, más que por los clérigos, por militantes sin turbante, por los pasdaran y los basiji, por la generación con la cual ha compartido la experiencia de la guerra. Es la “comunidad del frente”, a la que está ligado por un “pacto generacional” marcado por el sacrificio, el punto de referencia ideal de Ahmadinejad”. (2)

El actual Presidente iraní, por otra parte, ha negado siempre que la revolución islámica tuviera una finalidad política democrática:

“Ciertos individuos mantienen que nuestra revolución tuvo como objetivo el de fundar una democracia. No hay tal. Ni en las afirmaciones del Imam Jomeini, ni en los mensajes de los mártires, ni en las palabras de aquellos que han sido los verdaderos pilares del gobierno islámico, puede hallarse semejante idea” (Presidente Ahmadinejad, 11 de mayo de 2005).

La austeridad personal del Presidente iraní, la pobreza esencial en la que vive su familia, su perfil enjuto, decisionista, absolutamente transparente, el sodalicio espiritual instaurado mediante su “orden pretoriano”, la proclamación de una segunda “revolución cultural” cimentada sobre la afirmación total de un arte y de una cultura de Estado –libre de cualquier influencia materialista, sicoanalítica, relativista occidental- que propagar también al ámbito académico, el hecho de que él mismo –inmediatamente después de la elecciones presidenciales de 2005- se haya definido directamente solo como “un humilde servidor del estado”, nada mas que como “un barrendero de la Gran nación iraní”, todos estos elementos traen a la mente prácticas políticas como la doctrina del Estado de Federico el Grande, deudora –como nos dice Schmitt(3)-más de Hobbes que de Locke. Y la hobbesiana soberanía del Estado no es aquí mecanismo brutal, más bien hay que releerla y revisitarla a la luz de un principio ético y espiritual, un principio del Todo y de la totalidad, el cual –como siempre Schmitt nos dice (4)– es el punto culminante  de una filosofía política que es “política en el sentido más amplio del término”: la del Maestro Hegel, evidentemente.  Hegel –no se oculta- definió a los Persas como “un pueblo libre…  cuyo dominio no fue en modo alguno opresivo, ni en lo secular, ni en lo religioso” (5)

Por consiguiente, si se ahonda en profundidad sin prejuicios de procedencia extraña el pensamiento basiji del Presidente Ahmadinejad es, espiritualmente, mucho más Europeo que la decadente Europa de nuestros días. Profundamente Europeo. Prusiano.

La justicia social ante todo

El Presidente Ahmadinejad, en el curso de los años, mantendrá la palabra con  “su pueblo”. De hecho, son millones y millones los iraníes que, gracias al impulso social del Presidente que ha situado el “pensamiento basiji” como praxis política cotidiana, han comenzado a extraer beneficios de un sistema de subsidios muy arraigado, que recompensa a los humildes y desheredados por la confianza depositada en Ahmadinejad.

El gobierno concede ayudas muy generosas para casarse, créditos a intereses absolutamente irrisorios para las parejas jóvenes y para los sectores mas desfavorecidos, a los cuales se han destinado además a muy bajo coste terrenos en las áreas urbanas. Sobre una población de más de setenta millones de habitantes, el 70 % del pueblo iraní tiene menos de treinta y cinco años y para esta amplísima franja “construir una casa” es una exigencia primaria: en este caso, el Estado interviene otorgando préstamos de 30 millones de riales al cero interés con reintegros dilatados en el transcurso de varios años. Así, el Fondo para el Amor del Imam Reza, por voluntad explícita de Mahmoud Ahmadinejad, legitima como base social concreta de su Estado ético la espiritualidad de las jóvenes familias como virtud patriótica y cívica.

Tales prestamos son muy demandados en Irán entre las jóvenes generaciones y si bien, como es evidente, no todos consiguen acceder a ellos, no se pierde la esperanza de que todos antes o después podrán disfrutarlos.  Hay que tener en cuenta también que las participaciones en las sociedades estatales y paraestatales garantizan una renta mensual suplementario que va desde los 500 mil al millón de riales (más o menos entre los 40 a los 76 euros), que resulta una cifra relevante para las familias, cuya renta mínima está cerca de los 170 euros. El punto central de la política de justicia social es la distribución de los “Cupones de Justicia”, Sahame-e-Edalat, sistema según el cual el 40% de los beneficios de las empresas estatales se distribuye ahora entre los sectores sociales de renta más baja. Si es cierto que el gobierno debe enfrentarse continuamente al viejo problema de la inflación, por lo demás heredado por el Presidente Ahmadinejad a causa de  las malas políticas económicas precedentes, es también verdad, por otra parte, que se ha impuesto ya en Irán, en los últimos años, un determinado dirigismo económico que podríamos definir incluso como “socialista de Estado”, que impone la voluntad política desde arriba para la reglamentación del mercado.

A despecho de una interesada propaganda deslegitimadora, recordemos la absoluta implicación de la mujer iraní la economía del país, teniendo en cuenta la tasa de natalidad, que aproxima a las iraníes (tasa 1,71) por ejemplo a las italianas (1,30) más que a las pakistaníes (3,58), a las afganas (6,58), a las irakíes (3,97). Tenemos también el deber de recordar la cobertura sanitaria universal extendida por el gobierno Ahmadinejad al conjunto de la población, incluyendo a los cuatro millones de pastores y nómadas.

Sin ignorar por otra parte la auténtica transformación modernizadora que se está realizando en el agro persa, un fenómeno de novedad revolucionaria en toda la historia iraní. Los continuos viajes del Presidente a provincias se han convertido ya en una constante de la política interna,  como las decisiones tomadas para ayudar a los pobres que le reportan siempre nuevos apoyos en zonas habitualmente ignoradas por el mundo político de Teherán. No podrían explicarse de otra manera los millones y millones de apoyos otorgados a Ahmadinejad en junio de 2009, incuestionablemente auténticos y verídicos, tal como ha corroborado, entre otros, un serio hombre de Estado como el Presidente Lula.  No podían explicarse de otra manera las auténticas mareas humanas iraníes de enero de 2008 y enero de 2009, con ocasión de la sagrada conmemoración de Ashura, que querían expresar el apoyo total otorgado al gobierno de Ahmadinejad y al Guía supremo Jamenei.

Así pues, los escasos miles de alborotadores urbanos entrenados en  muchos casos por servicios secretos extranjeros no pueden ser tomados en consideración, escasos millares de agitadores que no se sabe bien que quieren, a los que naturalmente una propaganda internacional nihilista y fanáticamente anti-iraní suministra continuamente una publicidad gratuita cuando menos inmerecida (valga lo mismo para los separatistas tibetanos). No resulta asombroso a este respecto que, según una noticia difundida en Teherán el 7-2-2010, más de un millón de iraníes habrían firmado ya una petición para exigir el arresto y el procesamiento de los lideres reformistas (en particular Mousavi, Karrubi y Muhammad Jatamí).

El fracaso estratégico del acoso anti-iraní dirigido por los USA, Gran Bretaña e Israel y el ascenso definitivo de Irán a la categoría de superpotencia regional

A esta transformación progresiva de la vida social iraní, se le ha ido añadiendo la confirmación fundamental de Irán como gran potencia regional de Oriente Próximo – quebrando el tradicional predominio unipolar sionista, consolidando aun más todavía sus posiciones en Líbano y Palestina, reforzando ágilmente las de Irak y Afganistán, sin olvidar, como extensión geoestratégica, las de Yemen- y como fuerza de inmediata ruptura estratégica frente al unipolarismo americanista, no sólo mediante acuerdos de amplia base “ideológica” con fuerzas estatales antiamericanas presentes en América del Sur, sino también firmando acuerdos diplomáticos de notable brillantez táctica con China, Rusia, India.

Todo ello se ha desarrollado y se sigue haciendo so capa de una afirmación nacionalista y militarista “gran iránica”, siendo éste un rasgo sin duda característico del pensamiento político del Presidente Ahmadinejad, que ha dotado al país  y lo sigue haciendo de un prestigio internacional de  primerísimo plano.

Resultó significativo lo sucedido entre marzo y mayo de 2007 cuando fueron apresados a manos de los pasdaran, en el Golfo Pérsico, quince miembros de la Marina de guerra británica. Liberados con posterioridad, ridiculizando durante más de un mes al gobierno anglosajón y a su primer ministro Tony Blair. Aquella fue una notable victoria política del pueblo persa y de su líder, en el permanente combate estratégico entre Irán y Occidente. Los guardacostas iraníes que apresaron a los anglosajones fueron seguidamente condecorados por su notable gesta patriótica.

“Soy un nacionalista” fue el mensaje concreto del Presidente Ahmedinejad a su pueblo, ante aquel evento. (6)

Volvía así a la mente de los iraníes el legado político del primer ministro Mossadeq, víctima de un golpe anti-nacional orquestado desde Londres y puesto en práctica por los americanos. Así pues fue ésta una legítima revancha histórica de Teherán. Pero esta vez no se reivindicaba la nacionalización del petróleo, conseguida  tras años de lucha. Al contrario, se apuntaba  al derecho nuclear.

Teherán otorgaba un significado absolutamente político al acontecimiento, al margen de todo supremacismo militarista.

Tras haber hecho un elenco de todas las violaciones de la soberanía nacional iraní cometidas por Inglaterra durante el siglo XX, el Presidente iraní puntualizaba –en el transcurso de las negociaciones para la liberación de los miembros de la Royal Navy- que estaba absolutamente predispuesto a retomar las relaciones diplomáticas con Bush, a condición de que el líder americano hubiera cambiado su comportamiento respecto a Irán.

En definitiva, el asedio estratégico anti-iraní, planificado por la CIA, el MI5 y el Mossad, desde 2005, desarrollado efectivamente con metodologías tácticas y contextuales de tipo complejo, pero activado concordemente con el único fin de eliminar a Mahmud Ahmadinejad de la escena política internacional, se ha desarrollado hasta hoy del modo siguiente:

a)       mediante asesinatos directos, que se prolongan desde hace años, de científicos e intelectuales iraníes, de personalidades políticas próximas a Teherán, como los exponentes destacados de Hamas y de Hezbollah, amén de la guerra de desgaste entre fuerzas militares iraníes y otras de obediencia angloamericana, saudita, o israelí en el escenario Irakí;

b)       mediante la asignación de miles de millones en fondos, por parte de los USA, a la disidencia subversiva interior y el adiestramiento de comandos terroristas anti-régimen para desplegarlos en las calles iraníes en los momentos de mayor tensión;

c)       mediante varios intentos de asesinar al Presidente Ahmadinejad, entre los cuales el más conocido se cometería, ¡qué casualidad!, en Roma en el verano del 2008 (tentativa de someter al Presidente a radiaciones masivas de rayos X mediante detector de metales), denunciado rápidamente por la Embajada iraní en Italia;

d)       mediante el instrumento de las sanciones y con la continua amenaza de una guerra total contra Irán

Si bien, este asedio –una formidable síntesis estratégica de guerra no ortodoxa, guerra económica y guerra psicológica- que ha empleado a fondo a los mandos político-militares de USA, Inglaterra e Israel, no ha surtido realmente efectos relevantes, sí es cierto, como sostienen ahora los más perspicaces estrategas militares americanos, que la perspectiva de una escalada militar contra Teherán hay que valorarla con mucha atención, puesto que terminará reforzando todavía más la unidad política entre el pueblo, el gobierno y el Guía Supremo.

Escatología del Mahdi: ¿misticismo versus realismo político?

“Permite que ilumine a todo cristiano que sufre, violencia y guerra pronto acabarán. Haz que no existan más dudas que en un futuro no lejano el profeta Jesús regrese al lado del Mahdi para poner fin a la injusticia en el mundo”.

“Debemos transformar Irán en un moderno país inspirado, que sea ejemplo para las demás naciones y sirva de plataforma para el retorno del Mahdi”.

Presidente Ahmedinejad (noviembre de 2005, primera reunión de gobierno)

 

En el plano de la “política exterior”, el régimen Ahmadinejad ha dado pruebas de un pragmatismo táctico muy amplio, pero orientado en nuestra opinión  a la reafirmación y a la primacía estratégica del interés nacional iraní por encima de cualquier otra consideración ideológica. La estrategia realista de Ahmadinejad quiere convertir a Irán en una gran potencia nacional moderna, no solamente islámica, sino sobre todo iraní, antiamericana y antisionista. En este sentido, se ha producido un profundo cambio de perspectiva estratégica con relación al “jomeinismo” y a su exigencia de exportación revolucionaria musulmana por encima de lo demás, y respecto al periodo de Rafsanjani y al de Jatamí, que en el plano de las relaciones internacionales se movían bajo el mismo prisma, definible como “conflictual cooperativa”, con relación a Occidente. En lo concerniente al unipolarismo americanista, la [política exterior] de Ahmadinejad ha sido y sigue siendo un abierto y directo desafío estratégico, pero moviéndose sobre el terreno del realismo político absoluto y de la gran política, o política de potencia, si se prefiere, no sobre el simple plano ideológico-doctrinario. A despecho de los análisis que nos ofrecen bastantes órganos occidentales, el Presidente Ahmadinejad, ha diseñado su partida regional e internacional en el terreno de la estricta “efectividad” política y estratégica, no en el del purismo ideológico.

Realismo político es la revisión del holocausto: más allá de la polémica historiográfica, ofensiva antisionista, a nivel político y diplomático, concuerda con las masas árabes más radicales en sentido ideológico, con una específica apertura hacia el pueblo alemán, pueblo históricamente hermanado con el pueblo iraní (“Una carta a la canciller Merkel”, Presidente Ahmadinejad, mayo 2006). Su realismo en la acción política lo ha demostrado mediante la estrecha cooperación con potencias mundiales indudablemente  no musulmanas como China, Rusia, y en parte también India, o con Estados como Venezuela, Brasil, Bolivia. Pero el rechazo de utopías dentro de la pura teoría de la política es palpable en la continua conexión tecnológica, económica, política, militar, con China y Corea del Norte. Conexión que parece asumir caracteres propios y verdaderamente estratégicos.

La no-utopía de la acción política se manifiesta también a través del poder nuclear.

Un alegato de orgullo revolucionario y ultra nacionalista de parte del plurimilenario pueblo persa. Cuando Israel, que apenas tiene medio siglo de vida, posee modernas cabezas nucleares; cuando dos ex colonias como Pakistán y la India las tienen: ¿por qué razón una Nación jamás colonizada durante milenios no  habría de poseerlas?

Pero, prescindiendo ahora de la previsión sobre cuáles serán los ulteriores movimientos de la política internacional, lo que nos urge manifestar  es de suyo el lúcido realismo político del Presidente iraní. Así pues, la ideología se proyecta hacia abajo y la pura decisión política se ejercita desde arriba. El momento intermedio, central a despecho de lo que pudiera parecer, consiste en la elección de los medios. Los medios devienen instrumentos tácticos de profundización ideológica, organización de las fuerzas disponibles sobre el terreno. A veces pueden incluso –schmittianamente- convertirse en el brazo mismo de la decisión política. Pero en momentos excepcionales y de absoluto riesgo. Instrumento y objetivo estratégico se identifican de este modo. Pero, en general, la elección del instrumento debe prevalecer absolutamente sobre el perfil definitivo del objeto estratégico. La elección del instrumento, para el genuino hombre de Estado, debe forzosamente prevalecer sobre el momento de la decisión política y del uso –tan radical como se quiera- de la ideología hacia abajo (la gramsciana “hegemonía”). La auténtica genialidad estratégica se resuelve justamente  por la elección del instrumento. El verdadero decisionismo, se realiza en la elección del medio. Es el medio pues quien justifica el fin. El hegeliano pensamiento que se transforma en razón de Estado. En este sentido, la enseñanza del siempre grande Napoleón nos vale de advertencia. La ideología no basta. Es demasiado poco. La táctica no puede abandonarse. O peor aún, ser ignorada. Todo lo más se la puede aniquilar y descomponer dentro de la pura estrategia. Pero es un arte raro, rarísimo, apto sólo para pocos individuos. Esos que Hegel denomina individualidades “cósmico-históricas”, héroes de la Razón de Estado. Individualidades auténtica, eminentemente Políticas.

Richelieu, Cromwell, Federico el Grande. También Maquiavelo –como añade no por casualidad Hegel, que se consideraba él mismo el “Maquiavelo alemán”, tal como dice Rosenkranz.

No sabemos, no lo podemos prever, como acabará la partida estratégica legítimamente planteada por el Presidente iraní. Pero él ha sabido, en nuestra opinión, solapar perfectamente la táctica en la estrategia. No era algo difícil para un político o mejor aún, para un soldado-político de solvente cultura diplomática persa.  Tal vez se inicie ahora la fase más difícil.

En esta dirección, Ahmadinejad podría incluso alcanzar un punto de síntesis suprema, capaz de movilizar ideológicamente desde lo alto, a través de una decisión política de Estado, a millones y millones de hombres políticamente comprometidos, no sólo iraníes. Una acción de alta política asentada precisamente sobre el concepto metafísico escatológico del Mahdi. (7)

En efecto, millones de peregrinos, visitan cada año la mezquita de Jamkaran, localidad en la que, según la historia oficial,

Un jueves del año 984 d. C. el Mahdi se manifestó bajo el semblante de un  treintañero sentado en un diván, ordenando a un sabio, Sheik Hassan Jamkarani, que construyera una mezquita sobre un trozo de terreno situado a las afueras de la población.

El impulso metafísico basado en la certidumbre espiritual del retorno del Mahdi, evocado a menudo por el Presidente iraní, se convierte hoy en un mitema esencial cósmico e histórico, de gran política. Tal impulso metafísico y universal se proyecta en la de la visión realista y escatológica epocalmente, no mesiánicamente, como sostiene de forma errónea Guolo en cuanto la visión sirve, todo lo más, para el sectarismo exclusivista judaico, no para el Cristianismo o para el Islam.

Visión completamente política, la del Mahdi, radicada en un particular destino del Estado nacional-revolucionario iraní actual; destino justamente “cósmico-histórico”. El destino de acelerar el fin absoluto de la “usurpación planetaria” americanista y sionista vinculada a dicha visión escatológica tiene, en el Irán de Ahmadinejad, un significado absolutamente político e inmanente.

El acceso a lo sagrado –hasta tal punto- es una vía privilegiada  para basiji ypasdaran, respecto al clero. Los militares y los humildes soldados de la Revolución tienen el cometido más elevado y sacralizante, según esta visión escatológico-política, de salvaguardar y expandir las conquistas sociales y políticas nacional-revolucionarias iraníes, amenazadas por doquier por el principio de la guerra total y permanente contra las fuerzas de la Luz que el unilateralismo americanista y sionista lleva dentro de sí. Precisamente, Guolo explica así esta visión:

“De esta actitud a-clerical, cuando no anti-clerical, se nutre el proyecto de “jomeinismo sin clero”, que preserva la sacralidad revolucionaria emanante de la figura de Jomeini redimensionando el poder de los turbantes, carentes ya de una legitimación carismática análoga”. (8)

Teoría política y praxis política no son ciencias exactas. Todo lo contrario.

El desafío estratégico del plurimilenario pueblo iraní para retomar su lugar en la historia ha comenzado hace apenas 5 años. O, mas concretamente, desde junio de 2005. Desde que apareció en escena el Presidente Ahmadinejad.

El tiempo, sólo el tiempo dirá si es un fanático extremista o realista político puro.

 

“Anuncio la muerte definitiva del materialismo, capitalismo, democracia y liberalismo.

Anuncio también la universalidad de la gran revolución del pueblo iraní, de una nueva era que terminará con la derrota de los arrogantes del mundo”.

Presidente Ahmadinejad, 1 febrero de 2010, al pie de la tumba del Ayatollah Jomeini.

Nápoles 11 de febrero de 2010

 

Notas

* Wikipedia: “Basiji (también escrito Bassij o Baseej; (en persa بسيج , literalmente “Movilización”), oficialmente, Nirouye Moqavemate Basij (“Fuerza de Resistencia Basij”),[]es una fuerza paramilitar formada por voluntarios, fundada por órdenes del ayatolá Jomeini en noviembre de 1979. El Basij está subordinado a la Guardia Revolucionaria IslámicaPasdaran”

(1) Fundamental a este respecto el punto 2 del esquema sobre el modelo iusnaturalista y la sociedad burguesa, recopilado por Norberto Bobbio (Bobbio, “Thomas Hobbes”, Turín, pp.11-13), dónde se puede ver claramente perfilada –en el aspecto burgués y posburgués actual- la perspectiva de una “casta económica”, que, mediante la pantalla  de los derechos humanos, termina por convertirse también en ideológicamente dominante, subordinando a sí misma al Estado político.

 (2) R. Guolo, “Generazioni del fronte”, Milano 2008, pag. 125.

(3) C. Schmitt, “Scritti su Thomas Hobbes”, Milano 1986, pag. 54.

(4) Id., “Le categorie del politico”, Bologna 1972, pp. 146-148.

(5) Hegel, “Lezioni sulla Filosofia della Storia”, Bari 2003, pp. 160-162.

(6) F. Sabati, “Storia dell’Iran 1890-2008″, Milano 2009, pag. 215.

(7) El filosófo iraní ’Allamah Tabataba’i, “La Shi’ah nell’Islam”, Roma 2002, pag. 128, retrata al Mahdi de este modo: “El Noble Mahdi Esperado (A), muy a menudo mencionado con los calificativos de Imam al-‘Asr (Imam del Tiempo) y Sahiba’z-e Zaman (Señor del Tiempo), hijo del undécimo Imam (A), nació en Samarra en 255 o 256 desde la Hégira (…) Vivió bajo la tutela y la guía del padre hasta el año del martirio de éste (260 d.H). Fue ocultado a la mayoría de los hombres y solamente una parte de la élite chiíta tuvo el privilegio de verlo. Cuando accedió al Imamato tras el martirio de su padre, por mandato divino entró en fase de Ocultamiento.

Sólo en casos excepcionales aparece ante sus Vicarios electos”.

(8) R. Guolo, Ibid., pag. 126.

Fuente: Antagonistas.

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