Skip navigation

Querida familia, queridas amigas y amigos… estamos cerca de la navidad, y como alguien dijo, la navidad no significa nada si no se valora su contenido, más allá del nacimiento de Jesucristo, el hombre judío que creó una doctrina de paz y amor al prójimo. Es posible que para algunas personas eso no signifique mucho pero para otros es todo su mundo, su forma de vida, su pensamiento, sus sentimientos..Yo pienso que dentro de la cristiandad la madre Teresa de Calcutta es un ejemplo de esa doctrina en el principio teologal de la caridad, la fe y la esperanza.. Ella decía que Es navidad cada vez que sonríes a un hermano y le tiendes la mano; Es navidad cada vez que estás en silencio para escuchar al otro; Es navidad cada vez que no aceptas aquellos principios que destierran a los oprimidos al margen de la sociedad;
Es navidad cada vez que esperas con aquellos que desesperan en la pobreza física y espiritual; Es navidad cada vez que reconoces con humildad tus límites y tu debilidad y Es navidad cada vez que permites al Señor renacer para darlo a los demás. Y yo creo que el renacimiento que habla la madre Teresa de Calcutta, está en el pensamiento vivo de Jesucristo, un hombre que murió crucificado y cuya doctrina permanece y sobrevive hasta el día de hoy tanto para cristianos como no cristianos. Quiero desearles en esta Navidad mis mejores deseos de amor, paz y tranquilidad espiritual. Que la verdad de nuestros actos sea encontrada dentro de nosotros y permanezca allí en nuestra conciencia en un acto de profunda honestidad espiritual, un reconocimiento personal que no necesita salir al exterior, basta con reconocer nuestros errores y no repetirlos.. Feliz Navidad!!

Resultado de imagen para Madre Teresa

Dear family, dear friends … we are close to Christmas, and as someone said, Christmas does not mean anything if its content is not valued, beyond the birth of Jesus Christ, the Jewish man who created a doctrine of peace and love of neighbor. It is possible that for some people that does not mean much but for others it is all their world, their way of life, their thoughts, their feelings … I think that within Christianity Mother Teresa of Calcutta is an example of that doctrine in the theological principle of charity, faith and hope .. She said that it is Christmas every time you smile at a brother and you hold out your hand; It is Christmas whenever you are silent to listen to the other; It is Christmas whenever you do not accept those principles that banish the oppressed on the margins of society;
It is Christmas every time you wait with those who despair in physical and spiritual poverty; It is Christmas every time you humbly recognize your limits and your weakness and it is Christmas whenever you allow the Lord to be reborn to give it to others. And I believe that the rebirth that Mother Teresa of Calcutta speaks of, is in the living thought of Jesus Christ, a man who died crucified and whose doctrine remains and survives to this day for Christians as well as non-Christians. I want to wish you this Christmas my best wishes of love, peace and spiritual tranquility. May the truth of our actions be found within us and remain there in our conscience in an act of profound spiritual honesty, a personal recognition that does not need to go outside, it is enough to recognize our mistakes and not repeat them. Merry Christmas !!

Anuncios

Japy man dice “que a él le gusta preguntar a la gente: ¿Cuál es el fin de tu vida? y que todos le responden: “ser feliz”, y agrega que la pregunta que sigue es: ¿qué te hace feliz? y que de ahí las respuestas empiezan a multiplicarse”.

Resultado de imagen para mariposas

Dice el diccionario que la felicidad es un estado de ánimo que se complace en la satisfacción de un bien. Y entendemos por bien todo aquello que nos complace o nos es útil, material o espiritualmente; o sea el bien es el fin supremo de la felicidad.

Resultado de imagen para mariposas

Yo creo que la felicidad no está sólo en los deseos cumplidos, considerando la idea de Japy man de encontrar una fórmula para alcanzar la felicidad. Es probable que cumplir muchos deseos ayude a ello, pero a veces la felicidad llega sola, sin que la busquemos y sin tener que cumplir ningún deseo para ello, pienso yo. Por ejemplo, de pronto levanto la mirada y puedo ver el cielo absolutamente transparente y azul, tomo conciencia al mismo tiempo que estoy sola experimentando una sensación inefable de tranquilidad y belleza, y eso me hace feliz, me complace. Estoy tranquila en mi casa, y de pronto encuentro un mensaje no esperado en mi correo, y eso me hace feliz.

Resultado de imagen para mariposas

Es cierto que a veces deseamos profundamente algo, y se cumple nuestro deseo, y eso nos hace feliz. Yo no busco la felicidad, ella llega sola a veces. Creo ser feliz con las pequeñas y grandes cosas de mi vida. Me complace vivir: experimentar todas las cosas materiales de la existencia.  ¿Y donde está la felicidad espiritual? Creo que está en las virtudes, el bien lo bueno y la bondad, la fortaleza y la templanza, en la justicia y en el amor. Hay otras cosas que nos causan placer – personalmente –  el conocimiento de la realidad es una de esas cosas. Conocer la naturaleza de los objetos de la realidad me llena de placer.  Admirar cosas bellas me hace feliz. Escuchar música clásica o moderna, también.  Leer acerca del pensamiento vivo de los filósofos me sobrepasa, llena de gozo mi espíritu. Conversar con alguien que me agrada me hace feliz…

Resultado de imagen para mariposas

Universidad de Chile
Facultad de Filosofía y Humanidades
Departamento de Filosofía

La Doctrina Teúrgica en el platonismo de Jámblico
Iniciación y Filosofía
Informe final Seminario de Grado:
“Cuestiones sobre la libertad en el pensamiento de san Agustín”
Juan Manuel Gutiérrez Orellana
Profesora:
Pamela Chávez Aguilar
_______________________________________________________

Santiago, Chile 2014

DEDICATORIA
Para todos aquellos que caminando en la búsqueda de sí mismos y llegando al sitio en que dos caminos se cruzan, han osado a levantar la Rosa que se encontraba tendida.

ÍNDICE
Página
Dedicatoria………………………………………………………………………………………………. 2
Resumen………………………………………………………………………………………………….. 4
Introducción……………………………………………………………………………………………… 6
I. Iniciación y Filosofía….…………………………………………………………………….9
I.1. Escuelas de los Misterios…………………………………………………………….9
I.2. Introducción al pensamiento de Plotino………………………………………..13
II. Doctrina Teúrgica..…………………………………………………………………………. 23
II.1. La naturaleza de lo Divino…………………………………………………………23
II.2. Jerarquía Espiritual………………………………………………………………….27
II.3. Prescripciones, Plegarias y Acto Ritual………………………………………32
II.4. Simbolismo e Iniciación…………………………………………………………….37
II.5. El Hombre, Libertad y Felicidad………………………………………………..42
III. Ética y Orden de Vida.…………………………………………………………………….48
III.1. El Hombre como interioridad…………………………………………………..48
III.2. Amante de la Sabiduría……………………………………………………………50
Conclusión….……………………………………………………………………………………………52
Bibliografía….…………………………………………………………………………………………..54

 

RESUMEN
El llamado “neoplatonismo” fue una escuela filosófica, contemporánea de un mundo que estaba en proceso de transformación, pues el mundo antiguo experimentaba un eclecticismo de ideas y la incorporación de nuevas corrientes culturales como es el cristianismo. En este contexto, la escuela neoplatónica incorpora a su sistema de filosofía elementos provenientes de los llamados cultos mistéricos; como los misterios osiriacos y los misterios celebrados en Eléusis. A la tradición filosófica legada por Platón, el cual era depositario de la sabiduría de los antiguos egipcios, se le unen estas prácticas mistéricas e
iniciáticas (aunque probablemente era algo que ya estaba en Platón). Esta unión de
tradiciones hace que dentro del platonismo se articule una escuela que practicará lo que llamaron Teúrgia, cuyo propósito era la concreción del trabajo de mejoramiento del ser humano en prácticas iniciáticas y rituales celebradas como un culto a la divinidad, con el propósito de permitir una comunicación con seres espirituales a través del perfeccionamiento filosófico del hombre y la participación en estas prácticas rituales.

La Teúrgia se fundamentará en principios filosóficos sistematizados por Plotino,
principalmente en la concepción que tiene del ser humano como ser espiritual, cuya
dedicación a la filosofía requiere del desarrollo de la virtud y de una búsqueda interior de las verdades del mundo. Plotino y Jámblico, comparten una noción común de la naturaleza de la divinidad; esta es simple, providente, creadora (se entrega a sí misma) y
especialmente en Jámblico, está la idea de una naturaleza viva y animada que se manifiesta en las cosas mismas. Todo tiene algo de espiritual, en todas las cosas materiales la divinidad mora y permite la constitución esencial de cada cosa; esto tendrá como consecuencia en Jámblico la idea de multiplicidad de la expresión del Uno plotiniano, Dios, como dioses. La teúrgia tratará a lo divino como muchos dioses que son expresiones de una realidad única y simple de un mismo ser.

Las cosas, como enseña Plotino, son resultado de una emanación desde el Uno. Esta
emanación constituye tres hipóstasis divinas que son El Uno, la Inteligencia y el Alma; Jámblico agregará que en esta escala de emanación existen inteligencias, seres espirituales en una jerarquía de grados de expresión de la plenitud del Uno, así tenemos las almas (seres humanos), los héroes (almas humanas desprovistas de cuerpo que se han perfeccionado), démones (entidades espirituales) y los dioses (expresiones del Uno). El teúrgo por su trabajo de perfeccionamiento espiritual puede contactar, como resultado de ese trabajo interior, con estas entidades que le ayudarán en su propósito de participar unitivamente con                                          Dios.
La teúrgia supone una acción dispuesta a lo sagrado por medio de un ritual teúrgico,
que consiste en la utilización de símbolos que representarán a cualidades, potencias
espirituales. Mediante el símbolo la realidad espiritual del hombre, su interioridad, se logra proyectar en el orden ritual, exterior y de esta manera se hace visible, sensible, lo que mora inmaterialmente en el interior del alma humana. Las prácticas de plegarias, invocaciones, sacrificios, etc. conducirán al iniciado en los misterios de la teúrgia hacia la participación
completa de su realidad tanto material como espiritual, en la divinidad. Las plegarias son el modo de acceso a los dioses y el simbolismo es el fundamento del ritual.
La experiencia ritual y filosófica es iniciática. El iniciado paso a paso va alcanzando
por su trabajo y dedicación, niveles más profundos de verdad y de experiencia espiritual; en este proceso, los seres humanos logran reconocer aquello que son esencialmente, logran conocer su verdad, al hacerlo, pueden ubicar su hacer, su vida, dentro del orden cósmico. Este conocimiento es producto del conocimiento de sí mismo, conocimiento que significará el logro de la libertad, que en su realización unida al conocimiento, permite al hombre una vida feliz. El ser humano busca el conocimiento, en primer lugar conocimiento de sí mismo
y también conocimiento del mundo. La filosofía es una tendencia natural del hombre, el amor a la sabiduría es obsequio de los dioses, la dedicación a la filosofía hace al hombre libre, apto para desarrollar la virtud y por esto, poder contribuir a la educación y guía de otros seres humanos, para que en un camino de búsqueda interior logren ser plenamente aquello que ya potencialmente son.

 

INTRODUCCIÓN
Al comienzo de esta investigación, me había propuesto presentar las enseñanzas de
Plotino tal cual aparecen en las Enéadas y pensé dejar unos de los capítulos de esta tesis
para tratar sobre la doctrina teúrgica en Jámblico. Comencé mi investigación con el estudio de Sobre los Misterios Egipcios de Jámblico, ya que tenía algún conocimiento de las Enéadas, no así de Jámblico; sin embargo, una vez estudiado minuciosamente el libro de Jámblico, me percaté de la enorme profundidad que contenía. La doctrina teúrgica era una verdadera metafísica experimental, en ella todas las conclusiones de la filosofía Plotiniana estaban contenidas y ampliadas a horizontes filosóficos y culturales que tocaban doctrinas más antiguas que las griegas como son las egipcias.
Comprendí entonces que no podía presentar ni siquiera una mención legítima de la
doctrina teúrgica en sólo un capítulo y decidí invertir el orden de toda la investigación para dedicar esta tesis a la doctrina teúrgica en Jámblico, sirviéndome las Enéadas de Plotino como el soporte filosófico para entender cabalmente esto de la teúrgia. Por este motivo, uno de los puntos del primer capítulo lo dedico a la presentación introductoria de la concepción que tiene Plotino del ser humano, la que una vez estudiada trae necesariamente añadida la conclusión que la concepción que tiene Plotino del ser humano, va más allá de una sola descripción del estado habitual humano; pues, en Plotino, estamos ante una visión espiritual del hombre, sostenida en la reflexión filosófica y por sobre todo en la experiencia espiritual
que tiene el filósofo. Esta concepción del ser humano respalda el avance operativo de
Jámblico, pues sólo un hombre cuya personalidad es de por sí espiritual, puede aprender y saber una ciencia de los misterios para construir un orden tal, que permita a través de
símbolos rituales hacer práctica la metafísica que entiende al hombre, al mundo y a la
divinidad.
Debido a esto, la tesis se convierte en una exposición neta de la doctrina teúrgica, tal
cual la presenta Jámblico y la hace remontar a la arcana sabiduría de los egipcios; pero, si mi propósito es presentar un estudio de tema tan desconocido y poco estudiado con seriedad ¿cómo comenzar? ¿qué hacer para poder comprender realmente aquello que Jámblico trata de dar luz a un tema asociado a lo oculto e incomprensible?. Estas preguntas que animaron mi investigación tuvieron respuesta cuando no tuve duda alguna, que la mejor manera de entender algo y entender a quien presenta tales ideas, es estudiándolas en sí mismas, la doctrina teúrgica debe ser entendida según su propios principios y Jámblico debe ser entendido según su modo de entender el mundo, tanto aquel que es eterno e inmutable como el mundo de su cultura, de su tiempo. No se puede tener certeza que algo se comprende cuando no se estudian los textos mismos, cuando no se conoce el contexto en que se desarrolla y lo más importante, cuando no se tiene empatía experiencial con las enseñanzas del filósofo que es objeto de mi investigación.
Tuve claridad en que si iniciaba la presentación de estas doctrinas, no podía hacerlo
sólo porque era algo curioso o exótico, ni porque pocos estudios hay sobre ellas, sino que
fundamentalmente lo debía hacer porque hay una experiencia tal que permite una
correspondencia entre las concepciones filosóficas del objeto de la investigación y de quien investiga. Tal correspondencia puede estar en aprobar o en reprobar algunos postulados, pero ya sea el caso de uno o de otro, hay un compromiso existencial con los temas tratados.
Sólo de esa manera la doctrina de Jámblico se muestra con mayor facilidad, ya que
no sólo porque he estudiado a Jámblico o a Plotino es que ahora sé de sus conclusiones,
este tipo de estudios que busca manejar más información, en lo personal no me interesa; si siento afinidad por el pensamiento antiguo es porque encuentro en ellos ideas asentadas en mi experiencia y en principio recojo la concepción de filosofía que ellos enseñaron, no sólo especulación ni juegos de palabras más o menos interesantes, sino que una filosofía que muestra, que transforma y recoge la vida misma del filósofo, todo cuanto el es como ser humano. Esta noción de filosofía, comprometida con aquello que es, con la verdad, la siento cercana de manera que con ella puedo dialogar.
La teúrgia requiere de la acción, una acción ordenada y que compromete al mismo
ser humano y más allá de que pueda parecernos extraña o propio de resabios arcaicos de creencias antiguas, de ella podemos desprender profundas ideas y sin entrar en la
trascendencia histórica que pudieron tener estas enseñanzas, es posible por la teúrgia pensar a un hombre dado a la acción, dispuesto desde el orden de su ser a vivir sus ideas, a entender, asignando a cada cosa su lugar y su valor. De esta manera, lo que iba a hacer una tesis de solamente reflexión filosófica es ahora una acción que se mueve entre lo humano y lo divino, que busca y encuentra, que mira al mundo, pero que por sobre todo mira el interior del ser humano.

 

I. INICIACIÓN Y FILOSOFÍA
I.1. Escuelas de los Misterios
En el periodo llamado “antigüedad tardía”, ya en los primeros siglos del calendario
cristiano, después del periodo clásico de la filosofía caracterizada por el pensamiento tanto de Platón como de Aristóteles, podemos reconocer en el llamado “neoplatonismo” a la escuela filosófica predominante entre el mundo antiguo y el aún incipiente mundo cristiano.
Neoplatónicos se les denomina a un grupo de pensadores como Plotino, Porfirio, Jámblico, Proclo, Apuleyo, etc. los cuales tienen en común las enseñanzas de Platón, de manera que estos mismos pensadores sólo se reconocían como platónicos, pues ven en la figura de Platón a un maestro de filosofía cuyo pensamiento y tradición heredan y estructuran dentro de un sistema aparentemente diferente al sistema de su maestro, pues van a incorporar elementos de los cultos mistéricos y principalmente símbolos y enseñanzas egipcias; sin  embargo, podemos observar en estos pensadores la actitud de saberse ellos mismos filósofos eminentemente platónicos.
Este aparente “nuevo platonismo” se debe a que en estos pensadores hay una
tendencia a la unión de las doctrinas tanto filosóficas como religiosas de su época, en ellos podemos efectivamente reconocer influencias orientales en sus pensamientos a través de los cultos mistéricos, pero la influencia mayor proviene de la sabiduría de Egipto a través de la  vía griega de Pitágoras y Platón. La “novedad” en el platonismo que ellos heredan y promueven resulta de mirar superficialmente las enseñanzas de Platón, pues estos
platónicos lo que harán será precisar y enfatizar aspectos no siempre bien estudiados de los textos de Platón, pues si bien temas como el mundo de las ideas, la virtud, la ley, el orden en la ciudad, etc. son enseñanzas de Platón conocidas, todas ellas sólo pueden ser bien comprendidas si en su base se consideran temas como la naturaleza del Bien, la inmortalidad del alma, la reencarnación, la necesidad de “huir” del mundo de la materia para acceder a la verdadera realidad, lo cual permitiría la contemplación directa de las formas inteligibles y un acercamiento a la divinidad por medio de la práctica de la virtud, lo que nos hace semejantes a lo divino, entre otras muchas ideas que pudiendo ser asociadas con un misticismo espiritualista dejan de ser profundizadas; no obstante, los pensadores
platónicos no sólo recogen estas doctrinas sino que también profundizan en ellas hasta
llevarlas con la reflexión a sus límites, en el que por ejemplo, les será posible estructurar un orden universal en tres hipóstasis de naturaleza espiritual las que constituirán todo cuanto es, a través de una procesión u emanación desde El Uno; además, podrán estructurar ritos iniciáticos los cuales, al igual que ocurren en los ritos mistéricos, conducirán al iniciado al logro de un despertar espiritual, facilitando un contacto directo con la divinidad.
Este “nuevo” platonismo puede, a la luz de nuestra experiencia histórica, ser visto
como una mística de tipo religiosa, ya que podemos entender, por ejemplo, a Plotino como un místico, pues sus doctrinas hoy las atribuiríamos a un misticismo, aunque la diferenciación entre filosofía y mística o espiritualidad, Plotino en particular y en general
los platónicos no la hacen; la filosofía es entendida como una actividad de vida, un ser de vida que permite al hombre un encuentro con la verdad en su interior; el recorrido hacia sí mismo lo muestra la filosofía, como actividad intelectual pero también como experiencia. La vida reflexiva precisa de una comprensión espiritual del ser humano y del mundo y es en el propio ser humano en que se integran todas sus potencialidades, la filosofía permite esa integración.
Antes de iniciar una introducción al pensamiento de Plotino, considero fundamental tener una clara noción de los cultos mistéricos griegos y egipcios, pues los platónicos y en específico Jámblico, de cuya doctrina trata este trabajo, unirán en sus enseñanzas tanto el pensamiento filosófico como la práctica de ritos iniciáticos y de culto a la divinidad a la que Jámblico denominó Teúrgia.
Los ritos mistéricos consideraban que era posible hacer que el relato mítico que
contaba la historia o las hazañas de un dios, pudiese ser reproducido en un orden
ceremonial de modo que los participantes en ese orden ceremonial correspondiesen en su propia vida con la experiencia del dios regente del culto. La celebración del misterio tenía un efecto en el iniciado por simpatía, pues el rito permite que aquello que ocurre en el relato mistérico se concrete en la vida de quien por el ritual experimenta ese relato
mistérico, sobre esto nos dice el historiador Antonio Piñero:

[U]n ‘misterio’  era un rito religioso, casi siempre secreto, por cuyo medio individuos selectos eran conducidos a una especial relación con la divinidad, gracias a la cual lograban hacerse uno con ella y participar de su destino finalmente glorioso, la resurrección. Estos ritos se llamaban de  ‘misterios’  porque este vocablo significa algo oculto que se abre: viene del griego mýo, que significa ‘abrir’. El sustantivo misterio es el  ‘camino que abre’  la posibilidad de conocer algo secreto. El iniciado se denomina en griego mýstes, ‘el abridor’ (de caminos) y luego ‘iniciado en el camino abierto’ (A. Piñero, 2008, p.153)”

La creencia en la inmortalidad del alma está en la base de la iniciación en los misterios y también la idea de poder trascender la vida actual en una integración plena de la naturaleza humana con la divinidad; en este sentido, el rito mistérico es un rito de “salvación” de la vida material para unir al iniciado con el dios regente del rito. Esta “salvación” que bien puede ser entendida como una liberación del iniciado, en los ritos se realizaba por medio de la práctica de rituales, las cuales haciendo uso de objetos materiales representaban en el rito la experiencia de la divinidad. La similitud de la experiencia de la divinidad con la experiencia iniciática permite que entre el iniciado y el dios se produzca una relación de semejanza, pues el iniciado ha incorporado en sí mismo la naturaleza del dios por medio del acto sagrado, el cual puede ser entendido como la reproducción simbólica de la realidad metafísica representada por el símbolo.

Un claro ejemplo del orden espiritual que el iniciado debe asimilar en la experiencia del rito lo podemos encontrar en el relato mítico de Osiris, dios egipcio, que en el relato atraviesa por un proceso de muerte y resurrección. El iniciado en los misterios de Osiris lograba incorporar el estado de resurrección de Osiris de manera que una vez muerto y su cuerpo embalsamado, podría gozar de vida eterna pues se uniría a Osiris. Es curioso que para los egipcios este proceso de resurrección era efectivo si el cuerpo del muerto era conservado, podemos reconocer en esto con claridad, la necesidad del cuerpo para la constitución plena del ser humano integrado a la divinidad, no hay por consiguiente en los misterios egipcios una negación del cuerpo o se propende a una superación de el, sino que la semejanza necesaria para la integración del iniciado con el dios, se da también en lo material, podemos en estos reconocer una proximidad con ideas posteriores de resurrección del cuerpo.

El culto mistérico como bien nos dice el profesor Piñero tenía una connotación
elitista, eran algunos los que podían tener acceso a éstos; sin embargo, las celebraciones  rituales convocaban en una verdadera festividad, a toda la ciudad en la que los ritos se practicaban, este es el caso en Eléusis, ciudad griega en la que se practicaban ritos mistéricos en honor a la diosa Deméter y su hija Perséfone. Los ritos de Eléusis son uno de los cultos más conocidos, de modo que me aventuro a decir que en ellos encontramos el prototipo de prácticas mistéricas propias de esa época y en general el prototipo de ritos iniciáticos de toda época.
La estructura simbólica de los ritos es siempre en general la misma. En Eléusis, los
iniciados llamados “müstoi”, los velados, los cuales literalmente iban durante las
iniciaciones vendados y llegado el momento culminante del drama ceremonial eran
desprovistos de sus vendas y pasaban a ser epoptai, videntes, los que en un estado de
éxtasis “veían” la revelación en la luz de la diosa Deméter y Perséfone saliendo del
inframundo y retornando al mundo de los vivos. En síntesis el drama ritual con fin
iniciático tenía como objetivo conducir al iniciado desde la oscuridad, que correspondería con su estado actual de ignorancia y de lejanía de lo divino, hacia la luz. Estar en la luz permitía “ver” la forma espiritual de la divinidad, la realidad eterna, la cual hacía que, al iluminar al iniciado éste adquiriese las virtudes divinas, específicamente la vida eterna.
Tras esto, no nos resulta difícil relacionar la estructura iniciática de los ritos con la
alegoría que en la República enseña Platón, en el cual, aquellos que viviendo en la caverna no ven en la luz la verdad hasta el momento de salir de ella y poder contemplarla directamente. Sabemos de la relación, sobre todo en cuanto a doctrinas, que tenía Platón con los Órficos pues ambos enseñaban ideas tan importantes para sus cosmovisiones como la inmortalidad del alma y la reencarnación; sin embargo, para Platón la virtud propia de quien ha visto la verdad, es decir, del filósofo, es la vida ética, por este motivo, la virtud para Platón no se adquiere con la mera participación en un rito de iniciación, pues es preciso que el iniciado se perfeccione por la práctica de la virtud.
Para entender algunas ideas platónicas, sobre todo del filósofo Jámblico, esta breve
descripción del método iniciático que había en los cultos de los misterios, es necesaria pues, quizás la denominación de “neoplatónicos” se debe a que estos pensadores forman escuelas  de filosofía considerando los cultos mistéricos, los que podríamos denominar (sólo para hacerlo más comprensible) el aspecto religioso de los platónicos; aunque, estudiando el pensamiento de éstos, específicamente de Plotino y Jámblico, considero que ambos pensadores no adoptan posiciones religiosas de la época, sino que ellos mismos a Platón lo entienden así, no por un mero eclecticismo de ideas, sino que por heredar enseñanzas de Platón no escritas.
En la época, los cultos de los misterios estaban muchas veces sostenidos por
tradiciones y alegorías egipcias y en los platónicos tal influencia es decisiva, ya que, por ejemplo en el caso de Jámblico, que es más explícito en esto, la influencia filosófica provendrá de Platón, pero también de Pitágoras del cual Jámblico dice:

“Veintidós años permaneció en Egipto en centros sagrados, estudiando astronomía y geometría e iniciándose -no por un repentino impulso ni por casualidad- en todos los rituales de los dioses, hasta que, apresado por las tropas de Cambises, fue llevado a Babilonia. Allí se relacionó gustoso con los magos que lo recibieron con el mismo agrado y fue instruido en lo que ellos veneraban y
aprendió perfectamente el culto de los dioses, legando junto a ellos a la cumbre de la aritmética, de la música y de las demás disciplinas y, habiendo transcurrido otros doce años, regresó a Samos a la edad, aproximadamente, de cincuenta y seis años” (Jámblico, Vida Pitagórica, 4, 19).

I.2. Introducción al Pensamiento de Plotino
Para poder presentar satisfactoriamente la doctrina teúrgica en Jámblico, hay que
considerar en primer lugar el soporte filosófico que tiene Jámblico y sobre el cual entiende la realidad de la teúrgia. Este soporte es en general la doctrina Platónica unida a la Pitagórica y además incluida en ambas las doctrinas egipcias, las cuales para Jámblico, son parte de un mismo sistema de pensamiento; no obstante, en particular la influencia en la concepción filosófica que tiene Jámblico se la da Plotino. Plotino suele ser considerado como el sistematizador del pensamiento neoplatónico y comparto esa consideración, pues muchos de los postulados platónicos de Apuleyo, Numenio, Proclo y del mismo Jámblico entre varios otros, están incluso presentados hasta en narraciones literarias o míticas, frente a esto Plotino hace una presentación rigurosa de las doctrinas analizándolas cada una de ellas y enseñándolas en un orden tal de presentación que concepciones cosmológicas  abstractas y complejas se hacen asimilables si se sigue el orden de la reflexión; por ejemplo, la doctrina de la unidad esencial de lo múltiple, se puede entender mejor si siempre consideramos la doctrina Plotiniana de la emanación y de la presencia del Uno, en cada una de las hipóstasis emanadas de el.
La idea que Plotino tiene de Dios, es la de la subsistencia simple, aquello que
caracteriza al Uno (Dios) es la simplicidad en cuanto a su esencia. Esta simplicidad en la esencia del Uno, hace que éste sea por naturaleza autosuficiente, pues El, se mantiene en El y no precisa de cosa alguna en la que apoyar su ser. Este ser El, del Uno, no debe ser considerado como una “persona” cuya personalidad es distinta de otra cosa, ya que haciendo esto se podría pensar que el Uno es diferente a toda emanación y a la realidad material y podría ser contrapuesta la naturaleza del Uno en cuanto este es simple y autosuficiente en esencia con la realidad material que no es ni simple ni autosuficiente. Esta concepción no es propiamente Plotiniana, pues el Uno como “personalidad” es la totalidad, la plenitud, su ser es la plenitud, por ello, el Uno como autosuficiencia es todo aquello que es, no hay algo fuera del Uno. Este concepto de totalidad como propio de Dios es uno de los más gravitantes para comprender la doctrina teúrgica, pues la práctica ritual y la   invocación a entidades espirituales intermedias entre los hombres y los dioses, es posible a través del uso de elementos materiales, sean estos cosas, como animales, plantas, y también de movimientos y signos gestuales, porque cada una de las cosas que existen, existen dentro de la totalidad de Dios y comparten algo de su substancia (estamos aquí ante un Dios que
en su esencia se mantiene en su absoluta superioridad en relación a cada cosa
independiente, pero que en tanto es Dios, se hace presente en todo, pues su ser mora de
distinta forma en cada una de las cosas).
Al existir “dentro” de Dios (Hay que comprender que esta noción supone que Dios siendo, es todo. Estar dentro de Dios significaría que estamos dentro del conjunto de todo aquello que Dios mantiene siendo El, el todo.) todos los elementos simbolizan a Dios; así la ofrenda de frutas a los dioses (quienes en una multiplicidad presentan la unicidad de lo divino) pueden ser ofrecidas porque comparten algo de lo divino y en el ritual teúrgico, es el significado simbólico del objeto el que tiene importancia y no el objeto. En el caso de ofrendar alimento, no se hace pensando en los alimentos propiamente tales los cuales serán consumidos por los dioses (esto supone desconocer la importancia del símbolo), más bien lo que es relevante es ofrendar vitalidad, fecundidad, para representar la vitalidad de los dioses, el acto es siempre simbólico y también lo son los elementos usados en el ritual.

Esta totalidad del Uno permite además concluir que entre todas las cosas existentes hay una relación de correspondencia. Este es el caso entre el hombre y Dios. Para Plotino el mundo material es el último estado de la emanación desde el Uno, el cual, como un sol emite calor, ese calor es su emanación, hasta que por su lejanía los grados de calor serán más bajos, el mundo material es precisamente eso, el último estado posible de la emanación pues lo emanado a medida que “se aleja” de su fuente emanadora pierde grados de perfección y de completitud, por ello el mundo material es carente, no es completo, no es perfecto, pero esto no significa que sea un estado de mal (aunque en general los traductores traduzcan así) pues, y en esto no hay que olvidar lo primero, si bien puede ser lo más alejado nunca pierde algo de la substancia del Uno; si existe, existe porque recibe la substancia del Uno que le permite ser. Así podemos concluir que la relación del hombre y el Uno es en la medida que el hombre se asemeja al Uno;

“Puesto que los males residen acá y<por necesidad andan rondando la región de aquí>  y puesto que el alma desea huir de los males, ‘hay que huir de aquí’ .. ¿Y en qué consiste esta huida? En asemejarse a Dios dice (Platón). Y esto se logra, si . Se logra en suma por la virtud”.(Plotino, Enéada I, I, 2).”

El hombre se realiza como tal al momento de acercar su naturaleza humana a Dios por semejanza con el. Esta semejanza se produce por la virtud y la virtud es cosa de la sabiduría; por consiguiente, la dedicación a la filosofía es el medio por el cual el hombre asemeja su ser con el de Dios, y logra entonces, superar la carencia de la realidad material, se hace pleno en y por Dios, ya que toma consciencia de esta unidad esencial entre el y Dios. Es interesante detenerse en este punto, pues la idea que tiene Platón y por cierto Plotino y todos los pensadores platónicos de la filosofía, es distinta a aquella que entiende a la filosofía como una disciplina meramente académica o universitaria, como una disposición al estudiar muchas cosas, manejar conceptos, etc. En estos filósofos la filosofía se puede presentar cercana a la concepción de religión o espiritualidad que en general hoy se tiene. ¿Estamos aquí ante una idea de filosofía equivalente a una religión? Frente a esta  pregunta podemos observar las similitudes entre filosofía y religión, pero un punto relevante es que, esta relación de semejanza con Dios, se produce por la adopción de una actitud de ser en relación a la sabiduría que resulta del conocimiento de la verdad, por lo mismo estamos ante un camino de saberes sujetos a la dialéctica, al estudio y al encuentro con la verdad descubierta por el filósofo, no es la adopción de una verdad que se revela, más bien es ir a la búsqueda de la verdad que debe ser develada. Considero que este punto define una diferencia importante, pues en el fenómeno religioso hay un momento en que algo, ya sea la ley, un profeta, un maestro, etc. se revela y presenta una autoridad justificada en su propia naturaleza divina; por ejemplo, en el judaísmo la importancia de la ley se justifica en que ella ha sido dada por Dios, entonces, la naturaleza de la ley justifica la ley.

La teúrgia tiene en su base la necesidad de asemejarse a los dioses, esa semejanza la permite el desarrollo de la virtud, pero también y esto es necesario, la acción teúrgica. En el rito teúrgico, a través del símbolo se asemeja la condición del teúrgo con la potencia creadora de los dioses; esta semejanza, hace que los hombres puedan entrar en contacto con entidades espirituales intermedias e intermediarias.

Para Plotino el ser humano es un compuesto de cuerpo y alma, aunque en el habitan aspectos de cada una de las hipóstasis, el Uno, la Inteligencia y el Alma, que es universal y además está de forma particular en cada uno de los cuerpos formando la personalidad de todos los seres humanos. El cuerpo es un aspecto de mayor inferioridad en el hombre, pero conserva en el una parte de divino, nos dice Plotino: “el alma está más cerca y es más afín que el cuerpo; por eso, también participa más, hasta el punto de que, apareciéndonos como Dios, puede engañarnos con la idea de si no será esto la totalidad de Dios”(Plotino, Enéada I, I, 2). Plotino, considerando que cada cosa, hasta el cuerpo material, tiene esencialmente una parte de divina, reconoce que la participación substancial de cada cosa en la substancia de Dios no es igual, algunas son más cercanas y otras más lejanas, el cuerpo es más lejano que el alma.

Cuando Plotino señala que es posible el engaño de considerar al alma como el todo de Dios, hace una aclaración interesante, la que en primer lugar responde a la doctrina estoica, la cual consideraba a Dios como el alma universal; pero también desde esta concepción de Plotino, podemos pensar en lo que para nuestra cultura moderna significa la idea del sujeto o el individuo; ya que, si pensamos que el alma del hombre es cercana a
Dios y se asemeja en su substancia a El, no se debe de esto desprender que Dios es el alma, si así fuese podríamos caer en un subjetivismo o un antropocentrismo radical.  Más bien Plotino enseña que aceptando la naturaleza espiritual del alma y la posibilidad de su plenitud al asemejarse a Dios, siempre hay algo más, que en cuanto a su definición es más perfecto, por lo cual el humanismo de Plotino de considerar al hombre semejante a Dios,necesariamente en estos términos significaría hacer que el hombre ocupe su lugar
correspondiente con su ser en relación a Dios, por esto un “antropocentrismo” y un
“teocentrismo” quedan superados por la relación intrínseca que hay entre el hombre y Dios. La concepción de un individuo cerrado sobre sí mismo no tiene lugar en este pensamiento, que precisa siempre de una relación esencial entre el hombre y Dios. Esta relación entre el hombre y Dios es una realidad metafísica, ya que ambos en su definición son distintos, pero inevitablemente están unidos sin perder su distinción; cuando el hombre por medio de la iniciación logra captar esta verdad, entiende que siempre ha estado unido metafísicamente con Dios, y relacionado con el en su vida.

El motivo por el cual Jámblico considera posible el contacto con seres espirituales
para la rectificación y perfección del alma y el trato unitivo con los dioses, es debido a esto, ya que el hombre es semejante a los seres espirituales, el fundamento de su relación está en la semejanza y el ritual permite hacer uso del símbolo para estimular y concretar esta semejanza. La teúrgia no es una actividad sobrenatural ni algo apartado de la condición humana, es más bien todo lo contrario, la ejecución del acto teúrgico pertenece a la naturaleza humana a la cual plenifica.

En el aspecto operativo podemos encontrar algunas diferencias entre Jámbico y
Plotino. Plotino tiende a lo que podemos llamar la mística, a la experiencia contemplativa, al volver sobre sí mismo; Jámblico pregona más bien la operatividad ritual, a lo que pienso llamar un “orden exterior”, mientras que en Plotino hay un “orden interior”. Ese orden interior permite desligar el alma del cuerpo, es decir, de aquello que es más alejado de Dios, este volverse sobre sí mismo para contemplar directamente a Dios supone de una transformación moral, ya que la mística plotiniana es a la vez el fundamento de la ética plotiniana, es por este motivo que en Plotino no hay, para decirlo en términos simples, una reflexión ética como disciplina y sí, una profunda reflexión metafísica, en las cuales están las bases de su ética. Respecto a este orden interior nos dice Plotino:

“Pues bien, el alma puede separarse del cuerpo concentrándose en sí misma, tal vez incluso junto con lo que llamaríamos sus “compartimientos”, y manteniéndose además totalmente impasibles y
procurándose sólo aquellas sensaciones placenteras, medicaciones y liberaciones de trabajos que sean necesarias para evitar molestias; eliminando, en cambio, los dolores, y, si esto no es posible, sobrellevándolos con mansedumbre y amortiguándolos por el hecho de no
compartirlos”(Plotino, Enéada I, I, 2).

La vida contemplativa en Plotino precisa de un modo de conducta que ciertamente
comparte con los estoicos, pues piensa que el hombre virtuoso debe convertirse en una luz protegida de tal modo que en medio de una ráfaga de viento siga manteniéndose intacta  (.Imagen de una frase de Plotino refiriéndose al Sabio: “Y no será digno de lástima en medio del dolor, sino que su propio fulgor, el fulgor interior será como la luz dentro de una linterna mientras fuera sopla fuerte el viento huracanado en plena tempestad” (Plotino, Enéada I, 1, 4)   Las molestias del diario vivir deben ser evitadas y si no, deben ser llevadas de forma controlada, lo importante es evaluar las cosas y discriminar sus grados de importancia y al hacerlo, hacer que todo tienda a esa relación contemplativa que debe ser en el hombre su actitud natural.

En los próximos capítulos presentando la doctrina teúrgica en Jámblico abordaré
con más detalle el sentido que tiene en Jámblico el orden interior, pues considero que no difiere del de Plotino.

Plotino es un filósofo místico ( Reitero la idea que tiene Plotino de filosofía como una forma de vida cuyo objetivo es permitir la relación
del hombre con Dios) y el propósito general de sus enseñanzas son las
mismas que Jámblico, uno por una vía “interna” y otro por una vía “externa” comparten las ideas de Platón, quien tanto en el Banquete 212 a, en la República 427 d y en el Teeteto 176 b, mantiene la idea que cita Plotino:

“No cabe, pues, vivir felizmente en el compuesto. Porque con toda razón estima Platón que, quien aspire a ser Sabio y feliz, ha de tomar el bien de allá arriba, ha de poner su mirada en el, ha de asemejarse a el, y ha de vivir en conformidad con el” (Plotino, Enéada I, I, 4).

En Plotino el acercamiento a lo divino se da por una relación del hombre con la
belleza, la cual es una imagen de Dios en las cosas, está en las cosas pero nunca puede ser captada por alguien que no ha reconocido su belleza interior, ni tampoco haberse
perfeccionado a sí misma para alcanzar la belleza;

“el vidente debe aplicarse a la contemplación no sin antes haberse hecho afín y parecido al objeto de la visión. Porque jamás todavía ojo alguno habría visto el sol, si no hubiera nacido parecido al sol. Pues tampoco puede un alma ver la Belleza sin haberse hecho bella” (Plotino, Enéada I, I, 6).

La realidad en Plotino es producto de una emanación desde el Uno, luego la
Inteligencia y finalmente el Alma. Todo tiende hacia el Uno, pero el alma primero ve la
imagen del Uno en la Inteligencia y por mediación de la Inteligencia entra en contacto con el Uno. El proceso de evolución espiritual del alma está en ir desde ésta al Alma universal, luego a la Inteligencia y luego a la visión directa del Uno, desde el cual provienen todos los bienes y la belleza;

“Una vez, pues, que el alma se ha purificado, se hace forma y razón, se vuelve totalmente incorpórea e intelectiva y se integra toda ella en lo divino, de donde nacen la fuente de lo bello y todas las cosas de la misma estirpe parecidas a lo bello. Un alma subida a la Inteligencia realza, por tanto, su belleza.
Ahora bien, la inteligencia y las cosas derivadas de la inteligencia son la belleza propia, que no ajena, del alma, ya que entonces es realmente sólo alma. Y por eso se dice con razón que, para el alma, el hacerse buena y bella consiste en asemejarse a Dios” (Plotino, Enéada I, I, 6).

Para Plotino todo este trabajo de búsqueda de sí mismo, lugar en el cual encuentra la
verdad, que es Dios, requiere que sea algo efectivo, el filósofo no habla desde la sola
especulación, ni tampoco puede alcanzar la verdad mediante la sola dialéctica, ya que la
dialéctica supone de una experiencia que la hace posible; Plotino mismo considera a la
dialéctica como la más alta forma de elevarse hacia Dios, es una ciencia cierta, segura, pero supone de una experiencia interior que contacte con lo divino. Porfirio al que le debemos la recopilación y ordenamiento de las Enéadas, cuenta en la vida de Plotino, las veces en que su Maestro alcanzó el estado de unión con lo divino y a la vez afirma su propia experiencia, nos dice:

“Yo, Porfirio, que estoy en el año sexagesimoctavo de mi vida, declaro haberme allegado a ese Dios y haberme aunado con el una sola vez. Pues bien, Plotino “vio asomar la meta ya cercana”; porque para el, el fin y la meta consistían en aunarse con el Dios omnitrascendente y en allegarse a el.Cuatro veces mientras estuve con el, alcanzó esa meta merced a una actividad inefable”(Porfirio,
Vida de Plotino, 23, 15).

Plotino mismo en algunas ocasiones habla desde su propia experiencia, pues
respecto a la belleza que hay en el bien nos dice “Hay que volver, pues, a subir hasta el
Bien, que es el objeto de los deseos de todo alma. Si alguno lo ha visto, sabe lo que digo;
sabe cuán bello es” (Plotino, Enéada I, I, 6). Esta experiencia se debe traducir en la
transformación del hombre movido y tocado por su propia experiencia, en ella es segura su verdad, la certeza de la creencia está en el saber que da la experiencia. Al Uno, Dios, se le experimenta también afectivamente, de esta sola experiencia nace el amor a El, el deseo de estar siempre en su presencia.

“Si, pues, uno lograra verlo, ¡qué amores sentiría!, ¡qué anhelos, deseando fundirse con el, ¡qué sacudida tan deleitosa! Porque lo propio de quien no lo ha visto todavía, es el desearlo como Bien; pero lo propio de quien lo ha visto, es el maravillarse por su belleza, el llenarse de un asombro placentero, el sentir una sacudida inofensiva, el amarlo con amor verdadero y con
punzantes anhelos, el reírse de los demás amores y el menospreciar las cosas que anteriormente reputara por bellas” (Plotino, Enéada I, I, 6).

Como en los cultos mistéricos, Jámblico promueve esta experiencia y la logra con
la práctica ritual y con la asistencia de seres espirituales cuyas virtudes hacen visible la
virtud de los dioses. Tanto Jámblico como Plotino enseñan el mismo fin, que es lograr el
estado unitivo con el Uno, Dios, pero Jámblico enseña además que, para lograr esa
experiencia interior se puede, recurriendo al método simbólico, despertar esa interioridad.
La experiencia mística requiere de la asistencia de Dios, pero ese Dios en Jámblico se
expresa en diferentes modos que son los dioses y además sabiendo de la existencia de seres espirituales, en el ritual teúrgico, estos son contactados para ayudar a conducir al teúrgo hacia su interior, lugar de encuentro con Dios. El método teúrgico es el simbólico y Plotino permanentemente hace uso de símbolos para explicar cosas que en una mera descripción con conceptos no se podrían hacer. Si la experiencia del iniciado es ir hacia la luz, podemos expresarlo en “elevarse” hacia la luz, así lo describe Plotino:

“[M]as la consecución del Bien es para los que suben hacia lo alto, para los que se han convertido y se despojan de las vestiduras que nos hemos puesto al bajar (como a los que suben hasta el sanctasanctórum de los templos les aguardan las purificaciones, los despojamientos de lasvestiduras de antes y el subir desnudos, hasta que, pasando de largo en la subida todo cuanto sea
ajeno a Dios, vea uno por sí sólo a El solo, incontaminado, simple y puro, de quien todas las cosas están suspendidas, a quien todas miran, por quién existen y viven y piensan, pues es causa de vida, de inteligencia y de ser” (Plotino, Enéada I, I, 6).

Es interesante eso que Plotino llama “el despojo de las vestiduras que nos hemos
puesto al bajar”, aquí encontramos una gran similitud entre Plotino y las doctrinas
Herméticas, que enseñaban la naturaleza del Hombre como un ser primordial, glorioso,
cuyo origen es espiritual y desciende de nivel y al hacerlo adopta un cuerpo material (Recomiendo leer el Tratado Poimandres del Corpus Hermeticum, en que al tratar sobre el origen del hombre se piensa en este hombre original que viendo en la creación material algo divino, se une a ella por amor y adopta así un cuerpo, una vestidura material.)

El camino de la filosofía es de naturaleza iniciática, por ello su formulación es
esotérica, esto es, una enseñanza por grados y sólo dada a algunos capacitados para
comprenderla. Los iniciados deben trabajar sobre sí mismos, porque lo que se quiere lograr por la iniciación, en ellos ya está. Tanto la experiencia mística como el previo trabajo teúrgico es sólo un trabajo interior, en la mística esto se realiza con pensamientos, emociones, deseos de adoración y unión con lo divino, en la teúrgia esto se realiza adhiriendo a los pensamientos, emociones y deseos, actos simbólicos, plegarias, gestos, etc.

 

La mística de Plotino no es pasiva, sino que eminentemente activa, supone un ir
hacia Dios, pero a la vez un ir permanentemente trabajando sobre sí mismo, en la medida en que trabajando sobre sí mismo se acerque a Dios, Dios se acerca a el:

“Retírate a ti mismo y mira. Y si no te ves aún bello, entonces, como el escultor de una estatua que debe salir bella, quita aquí, raspa allá, pule esto y limpia lo otro hasta que saca un rostro bello coronando la estatua, así tú también quita todo lo superfluo, alinea todo lo torcido, limpia y abrillanta todo lo oscuro y no ceses de labrar tu propia estatua hasta que se encienda en ti el divinal
esplendor de la virtud, hasta que veas a la amorigeración asentada en un santo pedestal” (Plotino, Enéada I, I, 6).

Por la experiencia de ser, en la verdad, en Dios, los hombres descubren que su
anhelo original es el amor por Dios, la filosofía conduce hacia esto, a través del estudio de las cosas, pero por sobre todo del estudio de sí mismo, viendo y conociendo esa interioridad que hay en el hombre. Para Jámblico un modo de ayuda en ese proceso es la teúrgia, cuyo fin es el mismo que enseña Plotino, fin por el cual todo se hace un medio para llegar a ello, todo adquiere importancia si conduce a esa interioridad, ya que todo está supeditada a ella.

 

“Porque no es desdichado el que no consiguió colores o cuerpos bellos ni el que no consiguió poderío, ni mandos ni un reino, sino el que no consiguió eso y sólo eso por cuya consecución es menester desechar reinos y mandos sobre la tierra entera, el mar y el cielo, por si, tras abandonar y desdeñar estas cosas y volverse a aquello, lograra uno verlo” (Plotino, Enéada I, I, 6).

Y más adelante Plotino, siguiendo en la misma idea y mostrando su vehemencia por esta
unión contemplativa con el Uno, de lo cual tiene el plena certeza, citando un pasaje de la
Ilíada dice: “Huyamos, pues, a la patria querida”, lugar que es el hogar espiritual del
hombre en el que existe sin la experiencia de separación con Dios, encuentra así al bien, su verdad y su felicidad.

 

II. DOCTRINA TEÚRGICA
II.1. La naturaleza de lo Divino
Considerando tanto la estructura simbólica e iniciática de los cultos mistéricos como
el pensamiento de Plotino respecto a su comprensión del ser humano, podemos de mejor
modo avanzar en la comprensión de la doctrina teúrgica. El filósofo Jámblico en Sobre los Misterios Egipcios, expone la doctrina filosófica de la práctica teúrgica, tomando las
enseñanzas de Plotino, la cual podríamos calificar como doctrina metafísica, siendo
Jámblico eminentemente un pensador “práctico”. Esta calificación de pragmatismo en
Jámblico, no tiene la connotación de servir a la utilidad, ni a la vida cotidiana por cuanto
una actitud práctica podría ser entendida como aquella actitud que suponga un vivir en
relación a los hechos que suceden en el mundo tal cual suceden en la vida de alguien
cualquiera; la actitud práctica de Jámblico tiene en cambio una connotación metafísica,
podría hablar de una metafísica experimental o una metafísica de la experiencia. Ahora
bien, ¿en qué consiste esa experiencia? Esta experiencia no es un vivir conforme a los
sentidos requeridos y utilizados en la cotidianeidad, tampoco experiencia es un conjunto de recuerdos de hechos vividos, en este caso, experiencia es la concreción vital del ser
humano, la actualización de todas las potencias de este, unidas en un propósito común, en el cual no puede haber una división entre cada uno de los aspectos humanos como su
naturaleza vegetativa, animal y racional, pues en Jámblico en específico es claro que la
experiencia requerida en la práctica de la teúrgia precisa de cada uno de los elementos que constituyen al ser humano, no es una acción sólo contemplativa del mundo espiritual, tampoco es sólo una exteriorización del hombre por su rol en el orden de la ciudad, ni muchos menos es una disposición religiosa o un conjunto de creencias, de modo que la teúrgia no es un culto religioso; pues teúrgia sería más bien, todos estos aspectos incluidos, pues la acción teúrgica requiere de todos estos, pero en unidad.
La palabra teúrgia proviene del griego Theurgia, que significa, “acción u obra
divina”, sagrada. Supone que el teúrgo es quien ejecuta el rito teúrgico el cual por medio de  la acción de los símbolos, adquiere un grado de eficacia propio. La teúrgia no es una actividad del pensar únicamente, sino del actuar, de la ejecución: “tampoco el acto de pensar une a los teúrgos con los dioses, porque, ¿qué impediría a los filósofos teoréticos obtener la unión teúrgica con los dioses?”(Jámblico, Sobre los Misterios Egipcios, II 11).
Jámblico nos enseña que la teúrgia si bien precisa de la especulación filosófica no se
restringe a ella, por este motivo podemos pensar que dentro de las diferentes escuelas
platónicas, un fragmento de estos pensadores eran practicantes de la teúrgia, pues ha de
quedar claro que en ella, es la acción la que tiene el mayor valor metafísico: “las acciones
inefables y realizadas de manera digna para los dioses por encima de toda intelección, así como el poder de los símbolos silenciosos, comprensibles por los dioses sólo, infunden la unión teúrgica”(Jámblico, Sobre los Misterios Egipcios, II 11). La unión teúrgica es distinta de la unión mística, en cuanto al método, pero no en cuanto al hecho unitivo. La unión mística, si consideramos como tal a la experiencia de San Juan de la Cruz, supone un “estar” en disposición para la recepción de la presencia de Dios,  (…)algo más cercano a la contemplación plotiniana la cual supone un “ver” directo del alma a la inteligencia en la que se puede ver la imagen del Uno. En el caso de la teúrgia, el acto ritual, a través del símbolo logra la realización del propósito, pues el símbolo puede referir a una idea, una intención y la acción simbólica por un principio de semejanza y correspondencia de las cosas entre sí, logra que el hecho simbólico haga efectivo su significado, ya que: “los símbolos mismos realizan su propia obra por sí mismos”(Jámblico, Sobre los Misterios Egipcios, II 11).
Esta propiedad performativa que tiene el símbolo, no es una actividad mágica, si
consideramos por mágica una acción que impone la voluntad particular del practicante
frente a un evento específico de su vida o como una coacción a la divinidad para forzar su voluntad en el cumplimiento del deseo del mago. En el caso de la teúrgia es distinto, ya que los actos rituales no son intrínsecamente distintos a la voluntad divina, pues precisan de la respuesta favorable de los dioses, respecto a esto nos dice tajantemente Jámblico: “no creas que toda la fuerza de la acción teúrgica proceda de nosotros”(Jámblico, Sobre los Misterios Egipcios, II 11). Nos dice Jámblico que en los símbolos sagrados de la teúrgia el poder de  los dioses se reconoce en las imágenes simbólicas, por este motivo es posible que la voluntad de los dioses corresponda con la intención del ritual.
Hay que considerar que la existencia de los dioses tal cual lo entiende Jámblico, no
es un objeto de fe, el teúrgo no es un creyente en los dioses, entendiendo que de creer en los dioses, lo cree porque lo sabe, pues la disposición inicial del teúrgo está en que el sabe que los dioses existen por su reflexión y por la práctica teúrgica. Este saber no es en principio objeto de la reflexión, ya que el conocimiento de lo divino no es algo que se logre a partir de la reflexión sobre la experiencia cotidiana, más bien, es todo lo contrario, “Pues con nuestra misma esencia coexiste el conocimiento innato de los dioses, superior a toda crítica y opción, y es anterior al razonamiento y demostración”(Jámblico, Sobre los Misterios Egipcios, I 3), este conocimiento innato que tiene el hombre de la existencia de los dioses supone que este conocimiento, “coexiste con la tendencia esencial de nuestra alma hacia el bien”(Jámblico, Sobre los Misterios Egipcios, I 3). Tenemos dos elementos fundamentales para entender la doctrina teúrgica; uno de ellos es la tendencia natural del alma hacia el Bien y eso es debido al conocimiento que hay sobre la existencia de ese Bien que corresponde con la naturaleza divina; en este punto Jámblico con mucha perspicacia precisa que respecto a este conocimiento, en realidad no es conocimiento, “pues el conocimiento
está separado de su objeto por una cierta alteridad”(Jámblico, Sobre Los Misterios
Egipcios, I 3) y en el caso del conocimiento que hay de los dioses esa separación no es tal,
ya que “es inseparable (indistinguible) la unión uniforme que nos liga a los
dioses”(Jámblico, Sobre los Misterios Egipcios, I 3). Para comprender cabalmente esta idea de Jámblico, debemos recordar uno de los puntos más relevantes de la doctrina platónica, que es el de emanación. La realidad es un orden de emanación desde el Uno hasta el mundo material, las Almas corresponden con la tercera hipóstasis de la emanación, siendo la primera el Uno y la segunda la Inteligencia, la diferencia entre estas tres hipóstasis, es una diferencia en grados de ser; todo lo emanado es emanado desde la misma substancia del Uno y cada una de las emanaciones es lo inmediatamente perfecto después de su emanador, pero no es en sí misma la perfección del emanador, pues lo emanado tiene un grado metafísico distinto; pero, en el cosmos (orden) cada uno de los puntos de la emanación existe “dentro” de la totalidad y en esta totalidad el Uno es principio pero también es resultado, es El mismo la absoluta totalidad. En este sentido podemos pensar que la diferencia entre los hombres, esto es, las almas y los dioses (naturaleza divina) no es una radical diferenciación metafísica porque comparten una misma substancia pero en distintos grados.
La tendencia del alma hacia el Bien, es la tendencia hacia la Unidad, pues el alma
interiormente reconoce que su ser es dependiente de una realidad “mayor” que hace posible su ser, porque el Uno sostiene en su propia existencia toda su emanación. El saber de la existencia de lo divino es una certeza inmediata del alma, porque la propia conciencia de ser del alma supone que conociéndose a sí misma, conoce un aspecto de los dioses o más bien, conoce un nivel de emanación que en cuanto a su substancia es de la misma naturaleza. Aquí Jámblico considera el antiguo “¡Hombre, conócete a ti mismo!”, ya que conociéndose a sí mismo conocerá el universo y a los dioses, este conocimiento coexiste esencialmente con el hombre y la teúrgia supone un despliegue de esta interioridad y una proyección del orden interior hacia el orden ritual.
En cuanto a la naturaleza de los dioses, que son ellos mismos una expresión
múltiple de la Unidad y en conjunto forman lo divino, Jámblico atribuye ciertas cualidades a los dioses:

“la unidad absoluta, en toda su extensión y forma, la estabilidad permanente en sí misma, la causalidad de las esencias indivisibles, la inmovilidad concebida en tanto causa de todo movimiento,
la superioridad sobre todos los seres, sin tener nada en común con ello, la no mezcla y separación en la esencia, en la potencia y en el acto como concepto común, todas estas cualidades es digno atribuirlas a los dioses”(Jámblico, Sobre los Misterios Egipcios, I).

A diferencia de estas cualidades, las Almas que indistinguiblemente son con los
dioses (siempre recordando la relación entre éstos por emanación) tienen las siguientes
cualidades:

“la división en la multiplicidad, la posibilidad de darse a otros, la recepción a partir de otros, en sí, de la limitación, la capacidad en el reparto de las cosas particulares como para complementarlas
también, la participación en un movimiento primordial y vivificante, la comunidad con todo lo que existe y deviene, el recibir de todos una mezcla y el ofrecer a todos una mixtura de sí misma, la extensión de estas propiedades a todas sus potencias, esencias y actividades”(Jámblico, Sobre los
Misterios Egipcios, I)

 

Para Jámblico todo está lleno de lo divino, los dioses son multiplicidad de la unidad.
Esta idea en apariencia conflictiva, es uno de los posibles problemas de los platónicos pues enfatizando siempre al Uno como origen de todo y como el único que es en esencia, hablan de los dioses y en esto mucho más Jámblico que Plotino. Podemos observar una dificultad en la doctrina; no obstante a ello, hay que considerar que la emanación procedente del Uno es siempre “viva” tiene siempre algún vestigio de las cualidades del Uno, de lo divino, en este sentido podemos pensar que la manifestación del Uno es toda su emanación que adquiere diferentes formas según el grado de emanación, en la multiplicidad de dioses se expresa la vitalidad del Uno, Jámblico utiliza el símbolo de la Luz para expresar esto: “la luz que vemos es una única continuidad, por todas partes la misma toda, de forma que no es posible separar cortando una parte de ella ni abarcarla con un círculo ni separarla nunca de su fuente luminosa”(Jámblico, Sobre los Misterios Egipcios, I), más adelante nos sigue diciendo:

“Esta luz es única e idéntica por todas partes por completo, está presente indivisiblemente en todos los seres que son capaces de participar de ella, con su poder perfecto llena todo, por su ilimitada excelencia causal lleva a término en sí misma a todos los seres, permanece unidad a sí
misma en todas partes y une los principios con los extremos”(Jámblico, Sobre los Misterios Egipcios, I). 

Siguiendo con el ejemplo de la luz como la emanación misma de la divinidad, esto
es la luz de los dioses, podemos ampliar este ejemplo, pensando en los colores; la luz
misma según su vibración adopta diferentes colores, la luz se expresa a través de diferentes colores, pero siempre se mantiene única, los diferentes colores son sólo expresiones de una única luz, así todo lo emanado son expresiones de una única fuente, el Uno.

II.2. Jerarquía Espiritual

En el libro de Jámblico Sobre los Misterios Egipcios es claro que lo divino no es
sólo una suposición reflexiva ni mucho menos una abstracción, una suerte de posibilidad de la que las cosas sensibles dependen en su ser y además en sus potencias. En Jámblico la naturaleza de lo divino es viva, la divinidad mora en todo y en todos, está siempre presentándose, se “oculta” en las cosas para hacerse ver, algo que no está solamente sostenido en la voluntad de los dioses que quieren darse a conocer, si no que los dioses son de esta manera, no pueden evitar estar en las cosas, ya que todo ser está y es en el ser de ellos. A diferencia de Plotino, Jámblico para referirse a lo divino hablará de dioses, los que son de todo tipo y tienen según su propia cualidad, distintas propiedades, correspondientes con distintos animales, plantas, elementos y fuerzas de la naturaleza. En este punto cabe preguntarse ¿estamos ante un politeísmo?, y en el caso de Plotino ¿estamos ante un monoteísmo?

No tengo dudas en pensar a Jámblico como un buen Plotiniano, aunque en el punto
de Dios y dioses podemos ver en lo aparente una diferencia; no obstante, la distinción entre  ambos no es tal, pues sucede lo siguiente: Plotino presenta al Uno como aquello que es esencialmente simple, en el no hay composición ni multiplicidad. Esta definición
corresponde con la hipóstasis del Uno en sí mismo, pero la acción u expresión del Uno no
es distinta de el, si bien al Uno lo podemos definir en sí mismo, para acercarnos a una idea, a una mera noción, en la realidad misma de su ser providente no se puede predicar de el la no acción o el ensimismamiento desprovisto de realización. El Uno es mucho, se sobrepasa a sí mismo, es siempre creador, no crea por motivos meramente volitivos, crea porque El es creador, por lo mismo su creación (Entiéndase siempre la idea de creación como emanación.)  es parte de él mismo y su creación es múltiple en su
existencia, pero siempre una en su esencia; por lo cual, podemos ver la naturaleza del
creador en el alma, en toda la realidad material. Así, ¿hay aquí un monoteísmo o un
politeísmo?

En el caso de Jámblico, los dioses son distintos unos de otros, pero comparten el
mismo género que sería en ellos lo divino, mientras que cada uno de ellos forman distintas especies, pero unidos por una esencia común. A este respecto Jámblico refiriéndose a una jerarquía de dioses primeros y secundarios nos dice:

“lo que en ellos es el ser, eso constituye su unidad; y los dioses secundarios permanecen del mismo modo en la unidad de los primeros, y los primeros otorgan a los segundos la unidad procedente de ellos, y todos tienen entre sí la comunión de una ligazón indisoluble”(Jámblico, Sobre los Misterios Egipcios, I, 19).
 

Esta cita nos clarifica la idea de multiplicidad de dioses que tiene Jámblico, estos no
son diferentes entidades subsistentes, si no que más bien son cada uno de los modos, por
cierto que con personalidad, en que lo divino se expresa y con los cuales podemos
contactar, ya que, la relación del hombre con la Unidad es más dificultosa, pues esa Unidad absoluta en la experiencia cotidiana no se percibe, pero sí, la idea de lo múltiple se hace más cercana a la comprensión humana. La teúrgia contacta con esta multiplicidad no para convertirse en un culto politeísta, muy criticado por el mismo Platón, sino que para permitir que toda la condición humana pueda participar del orden teúrgico; en este punto son de vital importancia los sentidos, ya que lo ritual si tiene algo que le define y de lo cual requiere, es de la utilización de los sentidos físicos, en el ritual hay movimientos, olores, sensaciones, imágenes, diferentes gustos y los sentidos mismos por su disposición a la captación externa son afectos a la percepción de lo múltiple. La mística que relacionamos con la experiencia de Plotino, tiende a la suspensión de los sentidos y la incorporación del entendimiento a lo divino, la teúrgia enfatiza el aspecto sensitivo. Este punto, central para la comprensión de la teúrgia, me motiva a pensar que para ello es que se mantiene el lenguaje de dioses, que son expresiones de la esencia simple del Uno.

Jámblico no le quita importancia a la idea de Unidad, todo lo contrario, la entiende
como la experiencia que se produce como resultado del trabajo operativo del ritual teúrgico, es decir, la experiencia de la Unidad es resultado de un proceso de perfeccionamiento que significa la semejanza con lo divino, así nos lo dice:

 

“cuanto más nos elevemos a la cúspide y a la identidad de los seres primeros según la forma y la esencia y cuanto más ascendamos de lo particular a lo universal, tanto más descubrimos la unidad existente eterna y la contemplamos preeminente, soberana, teniendo en torno a sí y en sí la alteridad y la multiplicidad”(Jámblico, Sobre los Misterios Egipcios, I, 19).

 

La teúrgia sirve precisamente, para alcanzar ese estado, pues los dioses como
formas de lo divino están dispuestos a asistir al teúrgo, para conducirlo a través del orden exterior del ritual a la captación experiencial de su orden interior; en el momento en que eso se produce, se supera la distinción entre lo exterior e interior y se trascienden todos los límites perceptibles en la experiencia unitiva con la divinidad.
Hay una jerarquía espiritual sostenida en la doctrina de la emanación de Plotino. En
el lugar más alejado de ese punto emanador están las Almas, luego los Héroes, los
Démones, los Dioses y el Uno. Esta jerarquía podemos visualizarla como realidades
circulares concéntricas de su punto emanador, cada una de ellas tiene una realidad distinta según el nivel de expresión del Uno y en cada una de estas realidades hay inteligencias. En la realidad material los seres humanos, las almas, ocupan el lugar de las inteligencias y luego de forma ascendente cada una de estas inteligencias forman la jerarquía espiritual.
La relación entre esa jerarquía es de dependencia en cuanto a la substancia que la
forma y además de obediencia:

“lo divino es hegemónico y preside la jerarquía de los seres, mientras que lo demónico está a su
servicio, acoge con celo las órdenes de los dioses, asumiendo como trabajo personal lo que los dioses
piensan, quieren y ordenan”, (Jámblico, Sobre los Misterios Egipcios, I, 20).

Cada uno de estos seres espirituales son invocados en el ritual teúrgico, teniendo el
ritual efecto real sólo si el teúrgo se ha purificado y asemejado con la naturaleza más
elevada de la entidad que invoca. Este es el motivo más relevante para establecer la
diferencia entre la teúrgia y la magia que busca resultados mediante la acción de cierto rito u operación que tendrá efecto por sí misma; esto no es así en la teúrgia pues aquí se precisa del mejoramiento espiritual y moral del practicante, el ritual es sólo un medio de
aproximación a lo divino para la realización espiritual, pero sólo un medio, lo importante está en el teúrgo, si el no se asemeja a los Héroes, Démones o Dioses a los que invoca, toda operatividad ritual no tendrá efecto. Estas entidades tras ser invocadas y al momento de realizarse todos los preparativos rituales y también los preparativos propios del teúrgo, pueden aparecerse ante el teúrgo. Lo que aparece es la expresión de las cualidades y potencias de la entidad, en otras palabras, se aparece la expresión de esa entidad, nos dice Jámblico:

“Pues bien pasaré a sus apariciones. ¿En qué se diferencian? Pues tú inquieres “cuál es el signo de reconocimiento de la presencia de un dios, de un ángel, de un arcángel, de un demon, de un arconte o de un alma”. En una palabra, defino que sus apariciones están en concordancia con sus
esencias, poderes y actividades: cuales son, tales también aparecen a quienes les invocan, hacen patentes sus actividades y muestran formas concordantes con ellos y signos de reconocimientos
propios”. (Jámblico, Sobre los Misterios Egipcios, II, 3).

Estas apariciones concordantes con sus esencias, poderes y actividades, son
experiencias perceptibles, los seres espirituales se hacen presentes manifestando su
naturaleza. Al describir este aspecto de la práctica teúrgica, Jámblico está tratando el contenido mismo de la teúrgia, lo más exótico de ella, el momento en que el ritual alcanza efectividad, se hace presente el influjo espiritual a través de la aparición, momento en que hay una “prueba” de la realidad de lo espiritual. Es conveniente para la comprensión de esta doctrina, hacer énfasis en este aspecto, pues se podría pensar que la teúrgia tal cual la enseña Jámblico es una religión como cualquier otra o un culto, basado en una serie de creencias que exigen la práctica de un rito, y puede ser considerado así, pero, la diferencia está en que la teúrgia de partida, supone de un conocimiento filosófico del universo y una comprensión de los misterios simbólicos que relacionan lo divino y lo humano, esto aplicado en el ritual produce efectos de manifestación de las entidades espirituales; por ello, la teúrgia por el iniciado en ella, puede ser “comprobada”, el ser espiritual se muestra, y al
hacerlo demuestra la operatividad que ha sido realizada para la manifestación sensible de lo espiritual. El teúrgo no es un creyente, en el sentido en que cree algo que no puede comprobar o del cual no tiene un conocimiento claro, es un creyente porque sabe, conoce la ciencia oculta y espiritual, maneja un conocimiento preciso de leyes espirituales y de relaciones de correspondencia entre lo material y lo espiritual, estas relaciones las logra por medio del manejo de símbolos, conoce las propiedades de los elementos naturales, la ciencia de los astros, etc. Esto es importante porque en definitiva los efectos de la teúrgia, así como su operatividad, es para los iniciados, demostrable y reproducible incluso, a tal punto que Jámblico comenta como se aparecen estas entidades:

“[L]as de los dioses tienen un brillo hermoso para la vista, las de los arcángeles son a la vez más solemnes y tranquilas, más dulces son las de los ángeles, las de los démones son terribles; en cuanto a la de los héroes, aunque han sido omitidas en tu pregunta, démosle una respuesta movidos por la verdad, esto es, que son más tranquilas que las de los démones; las de los arcontes, si
ejercen su actividad en el mundo, causan espanto, y, si son materiales, son perjudiciales y tristes para quienes las ven; las de las almas se asemejan un poco a las de los héroes, salvo que son inferiores a ellas” (Jámblico, Sobre los Misterios Egipcios, II, 3).

De esta manera en Jámblico ¿encontramos un politeísmo o un monoteísmo?
Considero conforme a lo señalado que tanto en Plotino como en Jámblico, no es posible aplicar estos conceptos, ya que en ellos no hay una distinción entre lo que es divino y humano, más bien hay una relación inevitable y esencial entre cada una de estas naturalezas. Lo humano con lo divino se tocan en la existencia de ambos, Dios es manifiesto en la relación con su creación y toda la creación es en la relación con Dios. Esta relación es propia de la constitución de la realidad en su conjunto, (realidad como
totalidad). La necesidad de Dios está en ser siempre Dios, y Dios es creador y providente;
la necesidad del hombre está en ser siempre hombre, esto significa ser en su unión con
aquello desde lo cual procede y en la participación en aquello que lo sostiene.
II.3. Plegarias, Prescripciones y Acto Ritual
En la mistagogía sagrada de la ritualidad teúrgica, el teúrgo junto con los
practicantes de estas ceremonias organizan en un espacio sagrado (el espacio del ritual), un orden simbólico que representa al cosmos (orden) dentro del cual dirigirán la adoración a lo divino para iniciar un proceso de perfeccionamiento, sostenido en la comprensión de sí mismo, esto es un autoconocimiento y por ello, de la comprensión de toda la realidad sensible e inteligible. En la teúrgia la naturaleza humana entra en contacto directo con la naturaleza de lo divino y es por esta relación que el hombre puede lograr el saber que le capacitará ser, el mismo.
Durante el ritual, los participantes elevan plegarias a los dioses, a la vez realizan
todo tipo de actos rituales, movimientos, entre otros, a través de los cuales crean el orden de la totalidad en un espacio definido y limitado; pero, todos estos elementos, por su carácter simbólico, permiten a los iniciados captar las leyes del cosmos, los atributos de la naturaleza física y espiritual.
Los actos realizados, los sacrificios, tienen la finalidad de ser ofrecidos a los dioses
para elevar la voluntad humana y centrarla en actos sagrados6
Toda la doctrina teúrgica de Jámblico, entiende que la vida espiritual precisa de actos concretos que permiten una transformación real del iniciado; se entiende por esto, que la realidad interior humana no es algo apartado de la vida común, más bien lo interior está siempre mostrándose en las cosas 6 La palabra sacrificio, etimológicamente significa hacer algo sagrado, pues deriva de Sacro y de Facere hechas cotidianamente. Podemos suponer a partir de esta idea de Jámblico que no hay una
distinción objetiva entre lo que es material y lo que es espiritual, ambas, teniendo cada una sus cualidades específicas, están entrelazadas, no podemos diseccionar estos dos estados para definir que es espiritual y que no, ya que si bien la realidad en sí, que es la realidad de los dioses, es espiritual, lo material es una parte de esa realidad espiritual, no es una antípoda de ella. En lo material y lo espiritual no se realiza igual la substancia emanada del Uno, por lo mismo, mantienen esa igualdad substancial pero de diferentes modos o más bien, de diferentes grados.
Considerando lo anterior, todos los actos humanos son esencialmente actos de
naturaleza espiritual, pero pueden estar más alejados de aquella naturaleza debido a la ignorancia de algunos que alejan sus actos cotidianos del mayor bien, bien que es característica de lo espiritual, así como la simpleza, tal cual la definía Plotino. El grado de alejamiento de los actos humanos está en relación con la disposición tanto intelectual como emocional de la persona que realiza esos actos. Al momento de tener estos actos comunes una profundidad mayor, lo cual permite el simbolismo, los actos se tornan hacia lo espiritual por una unidad significativa, análoga o correspondiente; por ejemplo, elevar una plegaria con los brazos extendidos como si se recibiera a alguien o algo de lo alto; ese acto no es importante en cuanto se piense que los dioses precisan de eso o que aquellos que los realizan piensan que algo vendrá y ellos así lo van a recibir literalmente, más bien ese acto simboliza una disposición interior, una disposición del ser mismo para recibir lo que es bello y espiritual, hay en ese acto ritual una entrega a lo divino, como puede verse en un niño que al ser tomado en brazos por sus padres, extiende los brazos hacia el. El acto ritual tiene esta connotación y sirve al iniciado, no propiamente a los dioses, todos estos son herramientas que permiten a la captación humana aproximarse a lo espiritual, y en la medida en que esto se logra, lo espiritual se “aproxima” (por relación de correspondencia) a lo material y en el encuentro de ambos, en esa unidad original la teúrgia es efectiva.
El hacer sagrado supone de una relación primaria de la existencia, todas las cosas
son en relación; dice Jámblico:

“Es mejor, pues, atribuir la causa de los sacrificios al amor y al parentesco, una relación que vincula los obreros con sus obras, los generadores con lo generado. Por lo tanto, cuando, bajo la égida de este principio común, vemos a un animal o planta terrestre conservar de manera intacta y pura, la voluntad de su creador, entonces, por su intermediación, ponemos en movimiento de forma apropiada la causa demiúrgica, que de forma pura gobierna este ser”(Jámblico, Sobre los Misterios Egipcios, V, 9).

Hay en las cosas sensibles una imagen de la acción espiritual; el creador deja en las
cosas algo de sí mismo, espiritual y es debido a esto, que las cosas pueden ser utilizadas
como símbolos y a la vez pueden ser utilizadas en el ritual para permitir la relación entre los hombres y los dioses. La causa del sacrificio es esta relación de amor o parentesco y el sacrificio observa una sucesión de causas, desde causas segundas de las cosas, hasta la causa primera, cuya asistencia y participación es lo que la teúrgia persigue; nos sigue diciendo el filósofo:

“[S]iendo estas causas numerosas, unas inmediatamente unidas como la de los démones, otras situadas por encima de éstas como las causas divinas, y estando a su cabeza una única causa aún más venerable que éstas, todas estas causas son puestas en movimiento por el sacrificio perfecto, pero cada una según el orden que ha recibido en suerte y unida íntimamente con ella. Pero si el sacrificio es imperfecto, progresa hasta un cierto punto, pero no puede avanzar más”(Jámblico,
Sobre los Misterios Egipcios, V, 9).

En el próximo capítulo expondré la doctrina del simbolismo y su importancia en la
Iniciación, pero desde ya destaco que, el principio metafísico de relación, debido a una
naturaleza simple y una, es lo que permite que cosas distintas por aproximación de sus
virtudes puedan ser relacionadas análogamente. Esta relación por analogía o prefiero decir por correspondencia es el simbolismo.
El ritual busca la perfección en un orden exterior, para corresponder con el orden
interior, por una relación simbólica entre ambos. La precisión del sacrificio, sacrificio que remite a una simpleza esencial de las cosas, permite la experiencia espiritual por la unión con lo divino.
El culto divino se sostiene en esta particular idea metafísica de la unidad simple de
todas las cosas. El teúrgo se mueve en el ritual, según esta idea, de manera que los
sacrificios nunca son un culto exterior ni una actividad que sólo se preocupe de lo externo y de las acciones materiales, ya que todo el orden exterior es la herramienta simbólica con la cual se puede acceder al orden interior. Es debido a este aspecto de la teúrgia en que no podemos pensar en ella a un culto repetitivo o meramente idólatra, pues el teúrgo debe saber que las acciones rituales tienen este trasfondo, como así mismo debe saber que el culto a dioses, es sólo en el orden exterior pues, su finalidad es la Unidad. En el orden interior lo que es percibido es la Unidad, Dios, pero a esto se llega por la transformación de todas las cosas que deben apuntar a esa Unidad. En la teúrgia de Jámblico podemos reconocer la necesidad de “volver” al lugar en el que el hombre encuentra su ser y con este retorno vuelve toda la naturaleza creada.
Respecto al fundamento del culto, a su ley, Jámblico dice: “la ley del culto atribuye
evidentemente lo semejante a lo semejante y se extiende así a través de todo desde arriba hasta los extremos” (Jámblico, Sobre los Misterios Egipcios, V, 20). Aquí nuevamente tenemos expresada por el filósofo la idea de Unidad, lo que permite la relación metafísica de todas las cosas con todas las cosas. El arte de la teúrgia, el arte hierático, resultado del conjunto de elementos sacros dispuestos a la acción por el teúrgo, son elementos mediadores para el contacto con lo divino. Nunca el ritualismo es suficiente ni está sujeto a sí mismo, ya que el siempre debe tener claridad respecto a la necesidad de la experiencia unitiva con Dios, esta experiencia de Unidad es el objetivo y precisa del orden exterior, porque dentro de la unidad de todas las cosas, no puede darse que un elemento esté dispuesto hacia lo divino y los demás no. Por correspondencia tanto lo material como lo espiritual deben activarse de manera que lo material busca su plenitud en lo espiritual y lo espiritual se torna a lo material para ser completo, ya que para los pensadores platónicos lo perfecto, que es atributo de Dios, está en la totalidad; “Ciertamente cuando convergen en el mismo fin las causas divinas y los preparativos humanos que se les asemeja, la ejecución del sacrificio cumple todo y procura grandes bienes”(Jámblico, Sobre los Misterios Egipcios, V, 22). En esta necesidad de relación entre lo humano y lo divino, en cuanto está
unida, se encuentra la perfección; podemos aplicar el principio que toda parte es menor que el conjunto diciendo que toda parte es menos perfecta que el conjunto; si Dios es lo más perfecto, esto está en la totalidad, que reúne lo divino y lo humano.
El objetivo de la teúrgia lo expresa Jámblico cuando nos dice:

“¿Y qué? ¿La cima del arte hierática no se encamina hacia el Uno que es el soberano por excelencia de toda la muchedumbre de divinidades, no venera a la vez con él y en él las numerosas esencias y principios? Sin duda, diría yo. Pero ello acaece muy tarde y a poquísimos hombres, hay que contentarse con que se dé una vez en el caso de la vida”(Jámblico, Sobre los Misterios Egipcios,
V, 22).

La teúrgia busca en las cosas aquella semejanza simbólica con lo divino y se sirve
de esta semejanza para el ritual.

el arte teúrgica, descubriendo así en general según afinidad los receptáculos adecuados para cada uno de los dioses, enlaza con frecuencia piedras, hierbas, animales, aromas, otros objetos similares sagrados, perfectos y deiformes, y luego, a partir de todos ellos, hace un receptáculo perfecto y puro”(Jámblico, Sobre los Misterios Egipcios, V, 22).

Los sacrificios se deben complementar con las plegarias, por las cuales la obra
sagrada se fortalece y cumple, ya que la plegaria tiene el atributo de ser una acción que
propende al estado unitivo con los dioses. A la plegaria Jámblico la entiende como un
conocimiento de la relación con lo divino, las plegarias son una verdadera ciencia
espiritual. Jámblico señala dos características de las plegarias:

“Afirmo, pues, que la primera característica de la plegaria es la conectiva, conduce al contacto con lo divino y a su conocimiento; la segunda es la copulativa, en tato vincula una unión unánime, convocando con antelación los dones que son enviados desde arriba por los dioses, antes incluso que los pronunciemos, y llevando a término todas las obras, antes incluso de que las pensemos; la unión inefable es el sello último de la plegaria, fundamentando en los dioses todo su poder y haciendo que nuestra alma repose perfectamente en ellos”(Jámblico, Sobre los Misterios
Egipcios, V, 26).

La plegaria es el medio con la cual el hombre se eleva a los dioses y a la vez el
medio por el que los dioses hacen llegar al teúrgo sus bienes:

“[L]a plegaria, armonizando nuestra amistad con los dioses, nos confiere la triple ventaja teúrgica procedente de los dioses: la primera concerniente a la iluminación, la segunda a una acción común, la tercera a una satisfacción completa de nuestra alma por el fuego divino… ningún rito tiene lugar sin las súplicas que acompañan a las plegarias. El tiempo que se consume en ellas nutre nuestro intelecto, hace nuestra alma mucho más amplia para acoger a los dioses, abre a los hombres las cosas de los dioses, acostumbra a los centelleos de la luz, perfecciona poco a poco lo que hay en nosotros para el contacto con los dioses, hasta elevarnos a lo más alto; arrastra hacia arriba suavemente nuestros hábitos espirituales, nos trasmite los de los dioses, suscita persuasión,
comunión y amistad indisoluble, acrecienta el amor divino, inflama lo divino del alma, purifica el alma de todo lo opuesto… en una palabra, familiares de los dioses, por decirlo así, hace a los que se sirven de ellas”(Jámblico, Sobre los Misterios Egipcios, V, 26).

El teúrgo no es el agente primero o el más importante del ritual, ya que estos son los
dioses, por su acción divina es que la teúrgia es efectiva; el teúrgo, conoce la ciencia
espiritual; “conviene tener fe en uno mismo (pues ejercemos el ministerio sagrado bajo la autoridad de los dioses)”(Jámblico, Sobre los Misterios Egipcios, V, 25).
Son los dioses los que prescriben el ritual, pero este no debe ser sólo repetido por
los iniciados sino que deben entender el sentido y el motivo de cada una de las acciones
sagradas que realizan. Los dioses no enseñan un culto material para que los “fieles”
celebren sus ceremonias, sino que los dioses enseñan una ciencia divina, enseñan el
conocimiento de ciertas claves y relaciones simbólicas que permiten activar una fuerza
espiritual en el momento en que son con perfección realizadas. El teúrgo se convierte así en un colaborador de la acción creadora de los dioses “el teúrgo da órdenes a los poderes
cósmicos merced a la fuerza de los símbolos inefables” (Jámblico, Sobre los Misterios
Egipcios, VI, 6).
Lo importante del ritual es que imita el orden cósmico para transmitir a los iniciados
algo que de otro modo no sería posible hacerlo. Respecto al ritual dice Jámblico:

“Imita el orden de los dioses, tanto el inteligible como el del cielo. Posee medidas eternas de lo que existe y signos admirables, en tanto que fueron enviados aquí por el demiurgo y padre de todo, por los cuales incluso lo inexpresable se expresa a través de símbolos misteriosos” (Jámblico, Sobre los Misterios Egipcios, I, 21).

II.4. Simbolismo e Iniciación
Hasta este momento en varias oportunidades han aparecido referencias al
simbolismo en la teúrgia. Así como la plegaria es uno de los elementos más importantes de la operatividad teúrgica, el simbolismo es el más importante en la doctrina teúrgica, pues todo el ritual está fundamentado y elaborado por símbolos. Toda la mistagogía sagrada es simbólica; en todo momento del ritual, los participantes realizan acciones sagradas de naturaleza simbólica. No hay en el ritual elementos que supongan una literalidad, ni que sean relevantes porque producen efectos sobrenaturales, sino que el efecto que tiene el símbolo en el teúrgo es “despertar” su mundo interior para proyectarlo hacia el orden exterior, de forma que ese orden interior puede ser visto por el teúrgo a través del símbolo.
Las imágenes o palabras simbólicas representan realidades difícilmente expresables
a través de conceptos. Toda la vivencia espiritual en la teúrgia se juega en el interior
humano, el fenómeno de lo espiritual se da en la interioridad; pero, para lograr ese
“formalismo” metafísico de esa vivencia interior, es que se hace uso del símbolo para
producir dos posibles efectos: Puede ocurrir que se enfatice el orden interior y eso repercute en una mejor comprensión de la ritualidad, del símbolo y puede ocurrir que desde el manejo de símbolos, el orden exterior, repercuta en un avivamiento del orden interior. Lo que permite esa “salida” de la interioridad a una experiencia más colectiva es el símbolo.
En el símbolo se enfatiza la descripción o definición del objeto simbólico para hacer
corresponder sus características a algo, que siendo distinto, se le pueden atribuir esas
características y que su descripción o definición resulta algo complejo o incluso imposible.
Por ejemplo, en una metáfora encontramos un símbolo; el significado de un referente convencional se utiliza para designar un referente figurado. Quien dice “el lucero de la mañana” hace uso de la definición de lucero, para designar simbólicamente al sol. Quien orando a un dios, diga “protégeme con tus manos”, no está efectivamente pensando en la literalidad de lo expresado sino en algo simbólico. Esta relación simbólica entre cosas ha sido llamada también como analogía entis, es decir, se le atribuyen analogías de algo a otro algo, para poder explicar ese algo. Lo importante es considerar que esta analogía o correspondencia se da por la unidad de los entes, es un atributo especial del ser, que tanto en Jámblico como en Plotino se da por la naturaleza simple de Dios, por el cual todas las cosas son.
Esta Unidad, Jámblico la expresa en términos de una relación de amor entre las
cosas; “un único amor, que mantiene unido todo, lleva a cabo este vínculo mediante una
comunión inefable” (Jámblico, Sobre los Misterios Egipcios, V, 10). Para representar la
potencia divina Jámblico utiliza el fuego como símbolo de la fuerza de los dioses y esto se
consigue observando las características del fuego y observando en el las características
posiblemente atribuidas a los dioses, así nos dice:

 

“como los dioses hienden la materia con el fuego fulmíneo y separan los elementos inmateriales según esencia, todavía dominados y encadenados por la materia, y hacen impasible lo pasible, así también el fuego que imita entre nosotros la acción del fuego divino destruye toda la actividad material sacrificial, purifica las ofrendas con fuego y las libera de las ataduras de la materia, las hace aptas mediante la purificación de su naturaleza” (Jámblico, Sobre los Misterios Egipcios, V,
12).

Jámblico enseña que el uso del símbolo para trabajos espirituales fue conocido y
utilizado por los egipcios, quienes articularon una teología centrada en el uso de los
símbolos para poder expresar la vastedad de la naturaleza divina. Dios, el principio de todo, era llamado por los egipcios RA y era simbolizado por el Sol, cada una de las expresiones de este Dios único era simbolizada por una potencia personal a las cuales llamaron con diferentes nombres y que luego derivaron, en aquellos que desconocían esto, en la creencia que los egipcios tenían muchos dioses, cuando sólo adoraban a un Dios único al que representaban de múltiples maneras.
Jámblico presenta la doctrina Egipcia diciendo de El (Dios): “él es, en efecto, el ser
que precede al ser, principio de los inteligibles, por eso llamado Primer Inteligible”
(Jámblico, Sobre los Misterios Egipcios, VIII, 2). Este Primer Inteligible sólo puede ser
venerado en el silencio (al igual que el Uno de Plotino y el Dios del Hermetismo). A este
Dios Uno y único, se le asignan diferentes nombres según su actividad, como anteriormente señalé:

“El intelecto demiurgico, señor de la verdad y la sabiduría, cuando viene al devenir y conduce a la luz el poder invisible de las palabras ocultas, es llamado Amoún (Amón) en la lengua de los egipcios, pero cuando ejecuta en verdad, infalible y artísticamente, cada cosa, se le llama Fthá (Los griegos traducen Fthá por Hefesto, ateniéndose sólo a su habilidad artística); cuando es creador de bienes, es llamado Osiris y tiene otros nombres según sus diversos poderes y actividades” (Jámblico, Sobre los Misterios Egipcios, VIII, 3).

Cabe señalar que para Jámblico la doctrina teúrgica junto con su aplicación
proviene particularmente de los egipcios. Esta doctrina constituyó el centro de la vida
sacerdotal en los templos egipcios y por ella se daba a los iniciados el aspecto operativo de la religiosidad que promovía la cultura egipcia. Además, la teúrgia era un aspecto mistérico de su religión, por lo mismo, para ser iniciado en ella había que tener una formación rigurosa para impedir que la práctica y los principios de la religión fuesen distorsionados por personas aún no preparadas para comprender, por ejemplo, la unidad de todas las fuerzas del universo, la unidad de toda la creación tanto material como espiritual.
La religión egipcia era principalmente mistérica o esotérica, conocía de los símbolos
inefables y las correspondencias de cada uno de sus “dioses” para practicar la religión de
modo teúrgico, pues los egipcios son los maestros de la teúrgia. Para los egipcios todas las
especulaciones teóricas debían tener su correspondiente práctico en materias rituales;

“[É]stas cosas no son para los egipcios consideraciones puramente teóricas, sino que incluso recomiendan elevarse mediante la teúrgia hierática a las regiones más elevadas, más universales, por encima de la fatalidad, hasta la divinidad y el demiurgo” (Jámblico, Sobre los Misterios Egipcios, VIII, 4).

Uno de los maestros que cita Jámblico y al cual se refiere como a un profeta es
Hermes. Ya he mencionado algunas similitudes entre la doctrina de Jámblico y en general la de los platónicos con el Hermetismo; movimiento y escuela de los misterios establecida principalmente en Alejandría, la que promueve las enseñanzas de Hermes Trismegisto, Hermes el tres veces grande, quien habría sido iniciado en los misterios egipcios, griegos y judíos y habría estructurado un sistema de filosofía esotérica cuyos textos se han agrupado en el Corpus Hermeticum. Estas doctrinas, tanto la relacionada con la teúrgia, la naturaleza de la divinidad, el hombre, el cosmos y una serie de temas tratados por los platónicos podemos encontrarlas en los Herméticos; siendo, de hecho, Hermes, a quien Jámblico atribuye toda la teología egipcia simbólica y muchas de las doctrinas repensadas por los filósofos griegos y los platónicos en especial.
Una síntesis del pensamiento de Plotino lo podemos encontrar en una cita de
Jámblico en que presenta la doctrina egipcia: 

 

El simbolismo es ampliamente utilizado por los filósofos platónicos y por las
escuelas de los misterios para hacer accesible y acercar a ellos, experiencias directas a
personas que aún no las han experimentado. Toda la doctrina teúrgica debe ser entendida bajo el carácter que imprime el símbolo, que por ser, un atributo mismo del ser, no es irreal o menos real. El símbolo hace accesible una experiencia más radical que cualquiera que no tenga un orden bien definido y digo así, porque esencialmente todo lo que existe es simbólico, porque todo lo que existe está en una relación unitiva con todo, cada cosa es siempre un correspondiente de otra, todo está en una relación intrínseca, metafísica, no hay una distinción original, primaria entre lo material y lo espiritual, el Uno como primera subsistencia y toda su emanación, entre lo que ocurre en los mundos sub o infra lunar, todo está en relación esencial, no habiendo algo que pueda estar fuera de esta relación.

Si el uso del símbolo permite la proyección o exteriorización de lo que vengo
llamando el “orden interior” y si a la vez, por medio del “orden exterior” se puede acceder a la experiencia interior, entonces el proceso formativo espiritual, requiere que sea simbólico.
La formación gradual, iniciática tiene que ser, para lograr estos fines, simbólica. El orden
interior puede ser parangonado bien con la mística, entonces, ¿cómo un místico puede
explicar a alguien que no ha tenido su experiencia lo que ha experimentado? difícilmente lo puede explicar en un tratado sólo por un conjunto de textos, por muy buenos que sean sus razonamientos, el místico hace el intento de transmitir su experiencia por un lenguaje simbólico, por imágenes simbólicas y otras personas a través de ellas pueden lograr aproximarse a la experiencia y haciendo un trabajo espiritual, una ascesis, pueden ellas mismas acceder al saber directo que da la experiencia espiritual. Para esto, es por lo que, el método es simbólico e iniciático. El iniciado en los misterios debe trabajar sobre sí mismo, estudiar, reflexionar y por sobre todo hacer actos concretos y dentro de estos actos concretos, actos que han sido ordenados y diseñados de modo que tengan mayor efectividad simbólica.

II.5. El Hombre, Libertad y Felicidad
En Sobre los Misterios Egipcios, Jámblico enseña una concepción del hombre, al
cual entiende dentro de un vasto escenario universal, pero que tal escenario se realiza
plenamente en el devenir del hombre. El hombre es parte del cosmos, pero en el está la potencia de conocer cada una de los grados de la emanación de la realidad, hasta llegar al conocimiento directo, la unión con lo divino, la visión del propio Uno. El hombre es participante del cosmos, al igual que lo son todas las cosas que habitan en el, pero por estar en semejanza mayor con los seres espirituales, el puede, ordenando su mundo y disponiéndolo a la adoración de lo divino, hacer que la luz de los dioses sea cada vez más cercana que permite la verdadera transformación espiritual, con la cual el hombre encuentra su ser y es pleno en relación a ser lo que el es.
Estamos ante una antropología espiritual. Las almas son parte de un alma universal
y el alma universal vuelve su vista a la inteligencia y por ella al Uno. Los seres humanos
son en relación a este Uno, no pueden ser entendidos separados de el, nunca han estado
separados, pues de estarlo sencillamente dejarían de ser. El Uno los sostiene, no como
quien sostiene algo distinto de si, si no como quien sostiene parte de su ser, pues el Uno
está en todas las cosas, su personalidad no es separada de las cosas, en este caso hay que
pensar en una personalidad absoluta, personalidad que reúne todo lo que existe y es. En este sentido, a la teúrgia y al sistema de filosofía enseñado por estos pensadores no les podemos atribuir el vocablo religión, pues si atendemos a su etimología religare, “volver a unir”, el hombre nunca ha estado separado de Dios, aunque existe la posibilidad de alejarse voluntariamente de El, pero nunca una separación.
En esta concepción del hombre, Jámblico reconocerá en el, la posibilidad de la
libertad, esta libertad está relacionada con su ser; por ello, es posible decir que el hombre es libre y su libertad es plena y realizada en la medida en que viva en conformidad con su propio ser. El error está en que el hombre ignore su naturaleza y debido a esto, no actúe según lo que prescribe su naturaleza, desentienda la necesidad de relación con lo divino y caiga tanto en un materialismo, pero también en un espiritualismo, ya que la teúrgia si muestra algo, muestra que lo material y lo espiritual deben ambos estar unidos para el ejercicio pleno en el hombre, de su ser.

En el hombre habita tanto lo material como lo espiritual, siendo lo material algo
sujeto a la corrupción del devenir y lo espiritual el lugar permanente en donde está la auténtica personalidad del hombre. En el hombre este aspecto es eterno y permanece y es en el, en donde encuentra el sitio que le es más cercano a su ser auténtico.
En relación a la influencia de los astros en la vida humana y en su intervención
sobre la libertad nos dice el filósofo:

“El hombre, según afirman estos escritos (escritos de los Herméticos), tiene dos almas: una derivada del primer inteligible, que participa también del poder del demiurgo, la otra, en cambio, engendrada a partir del movimiento de los cuerpos celestes, en la cual penetra el alma que contempla a la divinidad. Siendo las cosas así, la que desciende de los mundos a los otros acompaña
los movimientos de estos mundos, mientras que el alma derivada de lo inteligible, inteligiblemente presente en nosotros, es superior al ciclo del devenir, y por ella tiene lugar la liberación de la fatalidad y el ascenso hacia los dioses inteligibles: la teúrgia que se eleva a lo no engendrado se
realiza según tal vida” (Jámblico, Sobre los Misterios Egipcios, VIII, 6).

Aquí encontramos que el hombre a su ser auténtico, lo mantiene como una parte
inteligible en el, y a la vez, en el también hay un aspecto generado por el devenir y que
responde a los límites del mismo devenir. Este segundo aspecto del alma (aunque citando a los Herméticos se refiera a dos almas, Jámblico, señalará que estos dos aspectos son partes de la misma alma que en el hombre se manifiestan con sus diferentes características, pero se manifiestan en unidad), ha sido generado por los movimientos de los cuerpos celestes y esto es muy importante, porque cuando Jámblico, al momento de tratar sobre astrología, dirá que es este segundo aspecto, el que está bajo la influencia astral y además, está sujeto a las leyes y limitaciones que impone el devenir, por lo cual, la libertad ahí no se expresa con la plenitud que se expresa en el ámbito del aspecto superior del alma procedente del Uno.
El hombre puede ser libre de decidir y de construir su propia vida conforme al
conocimiento que tenga de ella y de lo que el es, pero hay ciertos aspectos de su vida que
no son producto de su deliberación, como son la muerte, el desgaste físico, la necesidad del alimento, incluso, los atributos del propio cuerpo, y muchos otros; todos ellos, son
determinaciones del mundo material, del último grado de la emanación, regidos por leyes que le ordenan; a todo esto, se une ese aspecto superior del alma y mientras vive el hombre, ambos están unidos y constituyen su vida, pero la esencia humana, su persona está radicada con mayor propiedad en este aspecto superior del alma; en ella, se realiza con plenitud la libertad y es por este aspecto superior, que habita junto al devenir, es por lo que la teúrgia tiene valor y es efectiva, ya que dispone de lo material para que la parte inteligible del alma se exprese, vivir en conformidad con este aspecto superior permite la teúrgia.

“Pero todo en la naturaleza no está ligado a la fatalidad: hay otro principio del alma, superior a toda naturaleza y a todo conocimiento, por el cual podemos unirnos a los dioses, estar por encima del orden cósmico y participar de la vida eterna y del actividad de los dioses hipercósmicos. Según este principio somos capaces de liberarnos nosotros mismos. En efecto, cuando actúan las mejores partes de nosotros y el alma se eleva a los seres superiores a ella, entonces se separa por completo de lo que la retiene en el devenir, se aleja de lo peor, muta a otra vida a cambio de la suya, se entrega a otro orden, abandonando completamente al anterior” (Jámblico, Sobre los Misterios Egipcios, VIII, 7).

En Jámblico también podemos encontrar la idea de liberación del alma del mundo
material, vuelve así, la idea platónica del soma-sema, el cuerpo como cárcel del alma, pero más bien como muerte del alma o sepulcro, lápida del alma, cuyas connotaciones son también órficas. Este símbolo de la muerte o de la cárcel del alma viene de la noción de que todas las potencias del alma, no pueden expresarse libremente, porque para vivir en el mundo material deben estar sujetas a sus límites. Esta impotencia del alma para vivir en el mundo material se expresa como su prisión.

En esto Jámblico siguiendo a Platón no está despreciando el mundo material, pues solamente está observando sus límites en comparación al aspecto superior del alma, imagen misma de la divinidad.
Jámblico haciendo muchas precisiones acepta la posibilidad de la mántica, critica a
la vez una falsa mántica; este tema, tan importante para la concepción sobre la libertad
sigue la base reflexiva de la distinción entre alma superior y alma inferior, pero agrega
algunas nociones sobre lo que es propiamente tal, la mántica. Así nos dice “toda su autoridad soberana remonta a los dioses y es un don de los dioses, se lleva a cabo con obras y signos divinos, contiene visiones divinas y principios científicos” (Jámblico, Sobre los 
Misterios Egipcios, III, 1).

 

La mántica es un don de los dioses, pero puede ser “recibida” por los hombres porque en ellos existe como potencia la mántica, siendo la visión del futuro una acción proveniente de las causas divinas hacia los hombres, el fundamento de esto nos lo dice Jámblico:

“Ya que el intelecto contempla lo que es y el alma contiene en si las razones de todo lo que deviene, es natural que ella conozca antes en sus razones predominantes las cosas futuras ordenadas según la causa que las contiene. Una adivinación aún más perfecta que esta lleva a cabo el alma cuando une a los principios universales, de los que fue separada, las partes de la vida y la actividad intelectual, pues está llena entonces por los principios universales de toda ciencia, como para alcanzar con sus pensamientos la mayor parte de lo que se cumplen en el mundo. Es, no obstante, cuando se une a los dioses según tal actividad separada del cuerpo , cuando recibe la plenitud más verdadera de las intelecciones, de lo que procede la verdadera adivinación” (Jámblico, Sobre los Misterios Egipcios, III, 3).

En la medida en que el alma se eleve a lo divino une su naturaleza con las causas
divinas y por ello logra conocer el futuro. “[S]i el alma enlaza su parte intelectual y divina con las especies superiores, entonces sus visiones serán más puras, sea respecto los dioses o las esencias incorpóreas en sí o, en general, respecto a lo
que contribuye a la verdad a propósito de los inteligibles” (Jámblico, Sobre los Misterios Egipcios, III, 3).
Dentro de la adivinación reconoce los sueños proféticos, dados como mensajes de
los dioses en un estado particular intermedio entre el sueño y la vigilia, recibidos por el
hombre, siendo un verdadero conocimiento divino. Jámblico reconociendo que es posible poder adivinar el futuro, esto no sería algo que merme la libertad, sino que la mántica es producto de que los hombres haciendo un trabajo de rectificación y acercamiento a los dioses, pueden adquirir una sabiduría divina que les da un conocimiento cabal de las cosas y por este conocimiento pueden saber el futuro. La posibilidad de la adivinación en el hombre es paralela a la plenitud de su libertad, ya que la libertad está en la adecuación con su ser y siendo su ser parte de lo divino posee además de forma innata una teosofía que plenifica lo que el es y por ella puede saber el futuro.

“[D]e esta clase de adivinación provienen a la vez de los oráculos la verdad infalible y en las almas la virtud perfecta. Con ellas dos se concede a los teúrgos el ascenso al fuego inteligible, que es preciso proponer como fin a toda presciencia y a toda actividad teúrgica” (Jámblico, Sobre los Misterios Egipcios, III, 31). 

Para este pensamiento no podemos separar Conocimiento, Libertad y Felicidad, los
tres son propiedades del hombre en cuanto este es un ser espiritual. El conocimiento lo
adquiere por volverse sobre sí mismo en una búsqueda, lo que repercute en lo exterior, en la necesidad de un orden exterior simbólico para esa búsqueda interior. El conocimiento es divino, así nos lo dice Jámblico al referirse a la astrología y las ciencias:

“[R]especto a la astrología responderemos que ella es verdadera, pero que quienes vacilan sobre ella, puesto que no saben nada verdadero, se le oponen. Esto no le acaece a ella sola, sino incluso a todas las ciencias transmitidas por los dioses a los hombres; con el paso del tiempo, al mezclarse con frecuencia con muchos elementos humanos, se desvanece el carácter divino del conocimiento” (Jámblico, Sobre los Misterios Egipcios, IX, 4).

La ciencia es de origen espiritual ya que es propia del inteligible constituyente del
ser humano; es el conocimiento del propio hombre, lo que le permite ser libre y ser feliz;
“el conocimiento de los dioses se acompaña de la conversión hacia nosotros mismos y del
conocimiento de nosotros mismos” (Jámblico, Sobre los Misterios Egipcios, X, 1).

Conocimiento es siempre conocimiento de los dioses y ello es conocimiento del Bien “no hay otro medio sino el conocimiento de los dioses: la esencia de la felicidad, en efecto, es la ciencia del Bien así como la esencia del mal consiste en el olvido del bien” (Jámblico, Sobre los Misterios Egipcios, X, 5).

El estado de felicidad está en la unión del alma con los dioses; al referirse Jámblico
a la felicidad, lo hace pensando en la absoluta felicidad, mientras esta no es alcanzada hay momentos de felicidad, destellos de la luz de los dioses; pero, todo lo que es felicidad en el hombre precisa de su relación con lo divino, no se piensa así en una felicidad en la
satisfacción de los sentidos o todo lo demás de espalda a los dioses, porque hacerlo sería
desconocer al ser humano, impedir que sea libre y por esto, impedir también su felicidad.
Finalmente Jámblico resume toda la importancia de la teúrgia al decir:

“Y cuando ha unido el alma con cada una de las partes del Todo y con los poderes divinos que las penetran, entonces la teúrgia conduce el alma al demiurgo universal, la pone a su lado, la une, fuera de toda materia, a la razón eterna y única; es decir, lo repito, ella une el alma al poder autoengendrado, movido por sí mismo, que mantiene todo, intelectual, ordenador del universo, que eleva a la verdad inteligible, que tiene en si su fin, creador, así como la une a otros podres demiurgicos de la divinidad, particularmente, de forma que el alma teúrgica encuentra su perfección en sus actividades, en sus intelecciones y en sus creaciones” (Jámblico, Sobre los Misterios Egipcios, X, 6). 

Y como deseo final para una vida feliz en unión con la divinidad que es la verdad:

“[A]l final de mi exposición, ruego a los dioses que nos concedan a mí y a ti guardar firmemente los verdaderos pensamientos, infundir en nosotros eternamente la verdad de las cosas eternas, hacernos partícipes de unas intelecciones más perfectas sobre los dioses, en lo que recibe para nosotros el fin beatísimo de los bienes y el fundamento de la amistad que nos une en la unanimidad de pensamiento” (Jámblico, Sobre los Misterios Egipcios, X, 8).

 

III. ÉTICA Y ORDEN DE VIDA
III.1. El Hombre como Interioridad
En su obra Vida Pitagórica, Jámblico presenta como ejemplo de la vida dedicada a
la filosofía a Pitágoras. En esta obra no tiene Jámblico la intención de escribir una biografía de Pitágoras, aunque también lo hace, sino que en Vida Pitagórica, Jámblico tratará de acercar con un ejemplo, a las ideas que tiene de la filosofía, la cual entiende como una búsqueda interior del conocimiento, una búsqueda de la verdad, siempre entendiendo que esta búsqueda no es únicamente intelectual, sino que eminentemente una búsqueda espiritual. La vida dedicada a la filosofía es una vida dedicada a la espiritualidad, a tratar de acercar al ser humano a lo divino, la filosofía es un regalo a los hombres de los dioses, el conocimiento es divino, por lo mismo, todo conocimiento permite acercarnos a lo divino.
Por Pitágoras el hombre es entendido como interioridad, la vida que le es propia es
la dedicada a la filosofía cuyo atributo principal es el de ser una vida intelectual y
contemplativa. Pitágoras parte, tal cual nos lo dice el Protréptico de Jámblico,
caracterizando la vida humana como la vida del alma; “Hay que decir que vivimos por el
alma y que merced a su virtud vivimos bien, al igual que, cuando miramos con nuestros
ojos, vemos perfectamente gracias al servicio que éstos nos prestan” (Jámblico,
Protréptico, 2) y luego tras declarar lo que es propio de la vida comienza a relacionar por
semejanza los atributos de las cosas, enseñando así que siendo la vida humana, la vida del alma, el alma es semejante a la virtud;
“Hay que considerar que la herrumbre no casa con el oro, ni la desvergüenza con la virtud. Hay que encaminarse a la virtud como si lo hiciéramos a un santuario inviolable, a fin de que no caigamos en soberbia alguna, impropia del alma” (Jámblico, Protréptico, 2).
La virtud es el modo en que se reconoce en la vida cotidiana esta interioridad del
hombre; pues, debido a su ser espiritual, es propio del ser humano, de su naturaleza, ser
virtuoso. En la virtud el alma reconoce al más grande valor, la dedicación a la filosofía
conduce así, al ser virtuoso, lo cual se consigue mediante un proceso de perfeccionamiento que lo otorga una vida dedicada a la filosofía.
La dedicación a la filosofía, no tiene la misma connotación de quien se dedica a
cualquier otra cosa, como quien se dedica a los negocios o a una profesión o creencia
determinada, ya que dedicarse a la filosofía significa dedicarse a una actividad que es
propia del hombre en cuanto a su propio ser. La filosofía es la actividad natural del alma y esta, el alma, tiende naturalmente a la filosofía; ya que, lo que enseña la filosofía es el lugar del hombre en el universo y el lugar que ocupa en su relación con todas las cosas y con Dios. Así como lo propio del carpintero es dedicarse a la carpintería y lo propio de un
médico es dedicarse a la medicina, hay que pensar que lo propio del hombre que reconoce al “hombre interior” es dedicarse a la filosofía.
Sabiduría, la Sofia divina, es la naturaleza misma de Dios, El es la Sabiduría. Esta
Sabiduría coloca a todo, también a los hombres en un orden (cosmos) dentro de todo lo
creado, por ello la búsqueda de esta Sabiduría deriva en la búsqueda primariamente del
propio ser, una búsqueda interior, y a la vez una búsqueda de esta Sabiduría en todo lo
creado, por ello la invitación al estudio, a la ciencia, pero todo esto supeditado a la
disposición contemplativa del encuentro del conocimiento.
La virtud es el carácter más auténtico del hombre como interioridad y esta, la virtud,
es siempre el objeto del trabajo del filósofo,

“Hay que preferir la virtud con pobreza a la riqueza acompañada de maldad, y la escasez de recursos con salud a la abundancia con enfermedad. El exceso de alimento es particularmente dañino para el que se encuentra mal físicamente, y la abundancia de bienes para el que se halla mal anímicamente” (Jámblico, Protréptico).

La virtud práctica está en la moderación de bienes exteriores, pues sólo se debe
propender al desarrollo de una comprensión de lo divino cada vez más perfecta.

III.2. Amante de la Sabiduría
La interioridad del hombre apunta a la dedicación por la filosofía y a la vez la
filosofía apunta hacia la interioridad del hombre. Siguiendo los postulados de Vida
Pitagórica – Protréptico diré que el hombre es esencialmente un amante de la sabiduría.
Está en la condición humana el ser filósofo y esta filosofía no mira al hombre como el
centro de todo, sino que, y esto es importante destacar, mira al hombre en el lugar que
ocupa en su relación con lo divino y todo lo creado. Ya en el principio de Vida Pitagórica
Jámblico hace una de las afirmaciones más relevantes para la exhortación a la filosofía:

“Al comienzo de toda filosofía, al menos para toda la gente sensata, es costumbre sin duda invocar a la divinidad, pero con mayor razón, por supuesto, con la filosofía que lleva el nombre del divino Pitágoras. En efecto, al haber sido transmitida aquella en un principio por los dioses, no se puede comprender más que con la ayuda de éstos, porque, además de ello, su belleza y grandeza sobrepasa la capacidad humana para captarla de repente; solamente, al menos, bajo la dirección de un dios benévolo, se podría asir algo de ella, acercándosele poco a poco, con suavidad” (Jámblico, Vida Pitagórica, I, 1).

La filosofía fue transmitida por los dioses, en ellos radica la sabiduría y como parte
de su propia sabiduría entregan a los hombres el amor por la sabiduría, el amor por lo
divino, por ellos mismos. La filosofía es cosa del amor y el hombre ama la sabiduría porque la aprecia, sabe que de ella procede y sólo en ella encontrará su lugar, correspondiente al ser espiritual que es.
Tanto las ciencias como la espiritualidad (cosas que hoy tienden a ser consideradas
distintas) son propias de la filosofía, por lo mismo son propias del ser humano. Si bien hay que pensar que los hombres son intrínsecamente filósofos, hay que considerar que esto se encuentra en ellos como una potencia de su ser, pero, evidentemente que no todos han hecho de esta potencia algo efectivo. Jámblico siguiendo a Pitágoras piensa que la actualización de la potencia que es la filosofía, se logra por la educación. A través de la educación y la guía a los jóvenes pueden ellos mismos reconocer su gusto por esta
actividad, nos dice Jámblico:

“Hay que adornar el templo con ofrendas y el alma con las ciencias. Del mismo modo que antes de los Grandes Misterios hay que enseñar los Pequeños, también antes que la Filosofía hay que proporcionar la cultura. El fruto de la tierra es anual pero el de la filosofía se otorga a cada momento. Así como debe cuidar de su terreno la persona que le cupo en suerte el mejor, del mismo modo hay que cuidar del alma, a fin de que produzca el fruto digno de su naturaleza” (Jámblico, Protréptico, 3).

Al momento de hacer esta diferencia entre Grandes y Pequeños misterios, Jámblico
explica con ello mucho de lo que he venido tratando respecto a la teúrgia. Cabe recordar el análisis que hace Jámblico de la sabiduría de los egipcios y que éstos, quienes son los
maestros de la teúrgia hicieron la diferencia entre conocimientos dirigidos para todos,
fundamentado en relatos legendarios y mitológicos y un culto simple de adoración y otros conocimientos aptos para personas que habiendo sido formadas por los relatos y mitos, han dado un paso reflexivo para comprender en mayor profundidad lo que está velado en estas narraciones y alegorías.
Sin comentar todas las sentencias que esgrime Jámblico para exhortar a la filosofía,
lo importante es tener claro que la vocación a la filosofía de los seres humanos está
justificada en su interioridad, en su constitución esencial, que es innata en el, pero que debe ser conducida y educada para que pueda ser plena sin interferir en las labores diarias, ya que no hay en este pensador el ánimo de sacar del mundo cotidiano para permitir una vida espiritual, sino que como requisito de toda actividad humana realizada satisfactoriamente se debe tener una disposición filosófica y la constante certeza de la relación del hombre con lo divino. En síntesis nos exhorta Jámblico al conocimiento diciendo:

“Porque el conocimiento de los dioses es virtud, sabiduría y felicidad perfecta, y nos hace semejantes a los dioses; en cambio, la ciencia de los hechos humanos nos otorga la virtudes humanas y nos hace expertos en nuestros asuntos, distingue lo útil de lo perjudicial que de ellos se deriva, protege lo uno, asegura lo otro y, en general, percibe de palabra y de obra la estructura propia de la vida humana” (Jámblico, Protréptico, 3).

 

CONCLUSIÓN
Al finalizar esta investigación y al haber indagado en el concepto de teúrgia, así
como en la filosofía platónica de Plotino y Jámblico, lo exótico que ésta en un primer
comienzo pudiese haber parecido ya no lo es, debido a que, como quizás siempre ocurre, al comprender su fundamento desaparecen los enigmas y lo fantasioso que algo pueda
parecer. En filosofía la impresión es inicial y el verdadero motor de la búsqueda de la
verdad, pero esta impresión madura con el trabajo filosófico de manera que no se termina con la misma impresión con la que se empieza, pues las preguntas del final, son siempre más que las del comienzo.
Respecto a la doctrina teúrgica y a la práctica de esta, no estamos ante algo que no
sea la celebración simbólica de realidades provenientes desde lo más profundo del ser
humano, anhelos de plenitud, de vida interior, de experiencias, se configuran
simbólicamente para ampliar el marco de la reflexión a la vivencia. Tengo la convicción
que en Jámblico estamos ante un auténtico filósofo, amante de la sabiduría, que dentro de sus enseñanzas, podemos extraer conclusiones tan importantes para entender la vida misma de un hombre que vive comúnmente, como por ejemplo, la importancia de su vida material.
Ante doctrinas que excluyen al cuerpo, lo material del hombre para alcanzar una cierta
“espiritualidad”, tenemos en Jámblico a alguien que rescata lo corporal, pero no para
convertirse en alguien que admire sólo a la materia, sino que para dar a lo corporal la
importancia que tiene y recoger sus virtudes para la vida espiritual que es el propósito del vivir humano.
Es interesante pensar que en todo lo material mora lo espiritual, el hombre es parte
de un orden animado desde el interior y exhortado desde el exterior por todo, para que mire hacia el único lugar que según su naturaleza debe siempre mirar, hacia dentro de sí mismo. Me resulta evidente que la riqueza del pensamiento platónico precisa de muchos
estudios y me anima a seguir profundizando en ello, pero por sobre todo me resulta
evidente que lo que gravita en el ser, es su experiencia y que la mayor certeza está aquí.

Por ello, siento haber podido dialogar con estos filósofos y que esta tesis puede ser motivo de inicio de futuras indagaciones y de ayuda para aquellos que inicien el estudio de la filosofía platónica, que como síntesis del pensamiento antiguo, nos permite una amplitud filosófica de estudio y reflexión mayor.

BIBLIOGRAFÍA
OBRAS DE JÁMBLICO
Jámblico (1997) Sobre los Misterios Egipcios. Trad.de Enrique Ángel Ramos Jurado,
1°edición. Madrid: Gredos.
Jámblico (2003) Vida Pitagórica – Protréptico. Trad. Miguel Periago Lorente, 1°edición.
Madrid: Gredos.
OBRAS DE PLOTINO
Plotino (1982) Las Enéadas I y II. Trad. Jesús Igal, 1°edición. Madrid: Gredos.
Plotino (1985) Las Enéadas III y IV. Trad. Jesús Igal, 1°edición. Madrid: Gredos.
Plotino (1998) Las Enéadas V y VI. Trad. Jesús Igal, 1°edición. Madrid: Gredos.
OTRAS OBRAS CONSULTADAS
Textos Herméticos (2008) Trad. Xavier Renau Nebot. 1°reimpresión. Madrid: Gredos.
A. Piñero (2008) Año I. 1°edición. España: Laberinto.
A. Bentué (2004) Dios y Dioses Historia religiosa del Hombre. 2°edición. Santiago: UC.

 

Resultado de imagen para Pitágoras  Pitágoras

La filosofía, es literalmente el amor a la sabiduría. ¿Pero que es realmente la sabiduría? Y, por qué es importante dedicarse a ella, buscarla, amarla.

Tanto Aristóteles como Platón escribieron que la filosofía se origina en el asombro (thaumazein), en la sensación de lo misterioso y en el deseo de iniciarse en ese misterio. La filosofías es, como sugiere este artículo en el sitio Phalanx, fundamentalmente, una iniciación. Una iniciación a los misterios del alma. Al menos esto era lo que ocurría en Grecia, con los misterios de Eleusis -parte de la cosmovisión órfica- que fueron centrales en la filosofía griega y que tuvieron a su gran “iniciado” en Pitágoras. Históricamente la filosofía es tanto esta admiración ante la vida como este enigma, este deseo de iniciarse en los misterios para “conocerse a sí mismo”, como decía el oráculo Delfos. En los misterios de Eleusis, podemos hoy en día conjeturar con cierta confianza, lo que se mostraba a los iniciados era una dramatización extática de un mito que representaba la muerte -específicamente, la muerte del cuerpo y la separación del alma del cuerpo. O, en otras palabras, la inmortalidad del alma. Así entonces la filosofía sería también la forma de separar o liberar el alma del cuerpo, algo que se acerca a la famosa definición de la filosofía de Sócrates: un entrenamiento para la muerte.

Fue Pitágoras, el músico, místico y matemático de Samos, quien acuñó el término “filosofía” En su biografía de Pitágoras, el filósofo neoplatónico Jámblico escribe: “el más puro e impoluto carácter es el de un hombre que se dedica completamente a la contemplación de las cosas bellas, y a quien es apropiado llamar un filósofo”. Las cosas bellas para la tradición pitagórica-platónica no son meramente cosas que generan impresiones placenteras en los sentidos, sino son imágenes o reflejos de la eternidad, de las esencias divinas, de la inteligencia que ordena el universo. Jámblico explica:

..el sondeo del cielo y las estrellas que en él revuelven, es en verdad bello, cuando se considera su orden. Puesto que derivan esta belleza y orden de su participación en la esencia inteligible. Y esta primera esencia es de la naturaleza del número y la razón, que se difunde en todas las cosas, y de acuerdo a la cual todos estos [cuerpos celestiales] están ordenados elegantemente y aptamente ornamentados. Y lo que verdaderamente se llama sabiduría, es una cierta ciencia que conversa con estos primeros objetos bellos, que poseen una unidad sustancial divina e inmutable; y es por participar en ella que las otras cosas pueden llamarse bellas.

Queda claro que la belleza refleja la inteligencia primordial del cosmos, que es divino en su origen. Así conversar con la belleza es conversar y hacerse partícipe de este orden divino, cuya contemplación a la vez purifica la mente y -en términos platónicos- permite que crezcan las alas del alma para que ésta alce por encima del mundo corruptible material, hacia lo eterno, lo bello, lo verdadero.  El filósofo es entonces quien realiza esta contemplación, esta meditación de las esencias y los principios, desatendiendo lo mundano y corruptible. Fijando su atención en la divina armonía cósmica. Por ello Pitágoras consideraba que la música, las matemáticas y la astronomía eran las ciencias divinas, porque revelaban un mismo orden.

Lo anterior deber ser contrastado con la versión moderna de un filósofo, la cual se parece más en realidad a la de un sofista, de una persona que crea argumentos convincentes, pero que poco se ocupa de la verdad y menos de la experiencia de la verdad y la transformación que produce en la conciencia dicha verdad.

(Fuente:  http://pijamasurf.com/2017/11/quien_es_verdaderamente_un_filosofo_pitagoras_quien_acuno_el_termino_quotfilosofoquot_nos_lo_dice/  y selección de Alcaino Cortez)

Comentarios acerca de este texto:

Rosana Sipitria · 

Sí, buen texto!!! pero el último párrafo?..
Elias M. Oropeza G.

Rosana Sipitria nuevas filosofías que buscan respuestas en el misterio basado, quizás, en la investigación científica. Ese párrafo invita pues, a contrastar a través del discernimiento, donde se encuentra la belleza y/o la verdad de las cosas. Experiencia que cada quien vive, siente, interpreta de una manera particularmente única, inexplicable.

La ‘función reductora de la realidad’ que realiza el yo humano puede compararse con el colapso reductor de la función de onda cuántica

 

La ‘función reductora de la realidad’ que realiza el yo humano al interpretar el mundo en el que vive es comparable con el colapso reductor de la función de onda cuántica, en partículas concretas. La primera ‘reducción’ se realizaría en la mente; y la segunda en la materia. Por similitudes, podríamos llamar a la función cuántica “yo cuántico”. De esta semejanza se pueden extraer interesantes conclusiones.       Por Sinesio Madrona.

Imagen: geralt. Fuente: Pixabay.

Imaginemos el  “yo” como una función reductora de la realidad, ya sea ésta la realidad material o la realidad representada. Relacionemos esto con la física cuántica: Imaginemos un “yo psíquico” que reduce la realidad a una sola interpretación de la misma; y un “yo cuántico” que realiza el colapso de la función de onda, reduciendo la realidad a una sola posición de las partículas que la componen. 
  
En este sentido, ambos ‘yoes’ serían homólogos, la función es la misma, y su resultado estructuralmente equivalente (BertalanffyTeoría de sistemas). Como ha dicho el físico David Bohm, según nos cuenta Manuel Béjar, hablaríamos, pues, “de una misma realidad ontológica de materia-energía y conciencia. Todo es el resultado de la acción dinámica de un solo todo de energía-mente.”

El lenguaje simbólico, como el lenguaje matemático, asimismo simbólico, es la clave de todo esto. Está por encima de las corporizaciones [1] de la misma información en diferentes sistemas: físicos, químicos, biológicos, psicológicos, sociales… (Keeney, 1983). Puede ver, por lo tanto, en las distintas concepciones de la realidad un mensaje transdisciplinario que es muy de tener en cuenta a ciertos niveles de percepción de la realidad.

La psicología profunda se ocupa ante todo del lenguaje simbólico. Para este enfoque de la realidad tanto el lenguaje religioso, filosófico y psicológico como el lenguaje científico son simbólicos, están al mismo nivel, hablan de la misma realidad. Ello nos permite ir más allá de sus marcos conceptuales y encontrar otro que los abarque a ambos. 

Qué es el ‘yo cuántico’ 

Intentaré explicar por qué identifico el colapso de la función onda de la mecánica cuántica con lo que llamo el “yo cuántico” [2]. Básicamente, la idea es que el yo (humano) ‘colapsa’ la realidad en una interpretación parcial de la misma, ‘escoge’ una ‘posición’ entre las múltiples o infinitas concepciones que son posibles acerca de la realidad.

De la misma manera,  el colapso de la función de onda produce una ‘interpretación’ de una realidad más amplia que abarca todas las posibles posiciones de la partícula. Es decir, el colapso de la función onda sería un fenómeno de estructuración de la realidad homólogo, en el terreno físico, (teoría de sistemas) al que hace el yo humano al interpretarla, en el terreno psíquico. 

Concibo la realidad formada por la dualidad materia-energía/información-forma; un estado que contiene materia y consciencia. Actualmente se empieza a considerar la información como un componente básico de la materia. Vlatko Vedral llega aún más lejos, al afirmar que la información es la única realidad del Universo.

Ambas posturas son reductoras. La primera reduce todo el universo a la materia. Así, la información (y con ella Dios, la consciencia, el pensamiento…) sería también ‘materia’ o producto de la materia. La segunda se alinea, aunque no sé si su autor se da cuenta de ello, con los que afirman que la consciencia (o Dios, o el espíritu…) es la única realidad que existe. O, lo que es lo mismo, la materia sería, según esta postura, una ‘creación’ de la no-materia (Dios, la consciencia, la información…). 

Desde la perspectiva que se defiende en este artículo, podemos afirmar que el ser humano estructura (interpreta) una determinada información sobre sí mismo y su entorno. Esta información la fija en una forma (ideología, carácter, actitud, propósitos, esperanzas…), en un yo. Es un fenómeno de información-forma. El yo humano, su naturaleza funcional y circunstancial en el proceso de crecimiento, define una realidad entre todas las posibles maneras de concebirla. Esta realidad única y personal es, entre otras cosas, operativa y necesaria para ‘estar en el mundo’. 

Por otra parte, la materia-energía del Universo estructura (‘interpreta’) asimismo la realidad infinita en determinadas configuraciones materiales concretas (partículas, átomos, moléculas…, estrellas, planetas, asteroides, galaxias…,). Es un fenómeno de la materia-energía. Lo que denomino aquí, pues, el ‘yo cuántico’ define (crea, produce, manifiesta…) una realidad concreta entre todas las posibilidades que nos brinda la materia del universo. 

Así pues, lo que trato en este artículo es que el postulado de la unidad mente-materia (Peat, 1987; Zohar,  1990; Bohm, 1975; Capra,  1987) no se quede en una mera idea, sino de llevarlo a sus últimas consecuencias lógicas y coherentes con el mismo.

Si podemos hablar del origen material del mundo representativo (ubicado en el cerebro) podemos, en coherencia con lo aquí postulado, hablar también del origen y significado representativo del mundo material. En última instancia, es una cuestión estética, la realidad está llena de simetría, proporción y ritmo, ya sea la materia, ya la consciencia, ya la relación o unidad entre ambas (véase La consciencia como espiral matemática).

La experiencia de campo 

Tras esta idea unitaria está el concepto y naturaleza de campo. La idea de campo implica, entre otras cosas, una concepción de la realidad que está más allá de las afirmaciones polares sobre la misma.

Siguiendo el postulado unitario que se describe, la idea básica de la fenomenología de campo implica la aparición de un fenómeno inexistente antes de la apreciación directa. No existen unas líneas de fuerza directamente ‘visibles’ del imán, sólo son reveladas por sus efectos. Sólo son reveladas por la circunstancia del papel interpuesto entre el imán y las limaduras de hierro. 

Así podríamos decir lo mismo del campo organismo-entorno de la teoría de la terapia gestalt (PerlsHefferline y Goodman, 1951):  Este campo no se da de manera directa, –lineal–, sino que aparece sólo cuando alguna circunstancia, experiencia o mirada alternativa revela la existencia de un fenómeno inapreciable desde una postura parcial; es decir, desde una postura polar, yoica, reductora, que ‘colapsa’ la realidad total en una sola ‘posición’, en un “yo” (relativismo filosófico).

Por tanto, la idea de campo se lleva más allá de una concepción material y/o psíquica del mismo. La idea de campo representa la aparición de un fenómeno que implica dimensiones o manifestaciones de la realidad ocultas anteriormente. Manifestaciones que implican una visión global (binocular, tridimensional) imposible de ver desde la percepción parcial (monocular) de la realidad: “Es simplemente imposible describir con clari­dad una epistemología alternativa en los términos convencionales…” dice Keeney, (1983), pág. 29.

Ésta podría ser una buena comparación: “Una realidad nueva parece descubrirse cuando León Battista Alberti publica en Florencia su teoría de la perspectiva el año 1435 (…) La transición de la forma bidimensional gótico-bizantina a la representación del espacio y la profundi­dad fue para Occidente un modo nuevo de ver el mundo” (Bertalanffy, 1968, pág. 33, el subrayado es mío). 

La experiencia común de la realidad es lineal y polar, plana. La experiencia de campo implica una percepción ‘binocular’ de la realidad, con volumen y perspectiva. Difícilmente se puede entender la naturaleza del campo sin una experiencia directa del mismo y sin una teoría que explique lo que esa experiencia significa. Esta concepción de la naturaleza global de la realidad como un fenómeno de campo psíquico y físico, puede ser descrita en un lenguaje objetivo [3] en ambas manifestaciones, tal como se expone aquí.

La experiencia de campo implica, como en el caso de la perspectiva pictórica, una revelación conceptual de tipo tridimensional (bi-hemiesferoidal por semejanza a binocular). No es necesario acudir a un lenguaje específicamente psicológico o religioso o místico (experiencia cumbre, mística, nirvana…) para describir esa experiencia (Tendencias21).

Sólo hay que reflexionar sobre la naturaleza esencial del fenómeno de campo, es decir, sobre el hecho de que el campo es el resultado de la interacción-unidad de los opuestos. En este caso utilizamos, así, un lenguaje simbólico que trasciende las categorías materia y mente (o ciencia y religión) y que es único para ambas. 

Esta falta de visión tridimensional hace que el enfrentamiento entre dos paradigmas vaya más allá de lo que nos cuenta  Kuhn (1962). Se trata del enfrentamiento entre dos visiones que requieren sistemas de percepción diferentes, lo lineal-polar (monocular) frente a lo tridimensional-unitario (binocular). Ésta es, a mi entender, la razón de que los físicos se encuentren tan divididos. El enfrentamiento ocurre no sólo entre dos sistemas de datos o teorías, sino que es con dos sistemas de percepción-comprensión de la realidad que no forman polaridad, pues lo lineal está incorporado en lo tridimensional.

Es como si el plano quisiera discutir con el volumen en igualdad de condiciones. Así creo que muchos enfrentamientos entre los físicos se deben a que intentan interpretar los hechos de la mecánica cuántica con la visión plana y compartimentada de la física clásica.

¿Convergen los campos humano y cuántico? 
  
Así pues, la configuración material del Universo (polaridad materia-energía) y la configuración conceptual de la realidad humana (polaridad información-forma) son homólogas. Son dos polos que forman un campo

Son homólogos en tanto consideremos que la realidad es única y que la unidad que conforma toda polaridad (un ejemplo claro: los polos eléctricos, positivo y negativo) excluye por completo su separación.

Su acción es conjunta y unitaria, y ambos polos no pueden actuar o manifestarse por separado, simplemente porque la realidad no es así. Lo que hemos hecho para concebirla de esa manera es una división epistemológica sobre una realidad unitaria; división de la que nos hemos olvidado luego (Keeney, 1983).

Lo que propongo no es, pues, una simple metáfora. Voy más allá, y afirmo que la misma acción estructural se encuentra en las configuraciones materiales del universo y en las configuraciones e interpretaciones que hace el ser humano de la realidad.

La primera pertenece a la polaridad materia-energía, la segunda a la asimismo polar información-forma. Pero, como queda dicho, ambos polos no se pueden separar. Por lo tanto, el mismo fenómeno reductor a un aspecto parcial de la totalidad tiene lugar en la materia y en la psique (información). Y ambas configuraciones parciales son pasajeras por muchos miles de millones de años que las materiales persistan. Es decir el ‘yo’, tanto cuántico como humano, es pasajero, pues no es toda la realidad.

Aunque parezca innecesario aclararlo, no estará de más hacerlo, dadas las posiciones que hay al respecto: no estoy diciendo que la consciencia influya en la medición cuántica (tampoco negándolo, pues no es ésa la cuestión), sino que ambos fenómenos son paralelos y convergen, y que cada uno tiene su nivel de expresión en la realidad. Esta supuesta influencia de la consciencia en la medición cuántica sería una interpretación lineal (causa-efecto) del paradigma actual de la física clásica.

Otra explicación, más acorde con el paradigma de campo, podría ser, quizá, que ambos campos, el humano y el cuántico, convergen en el fenómeno por paralelismo estructural. Es decir, sería la respuesta o la manifestación de un campo mente-materia (Peat, 1987; Zohar, 1990). Una propiedad del mismo, propiedad de la unidad mente-materia. Aunque esto es sólo una hipótesis plausible.

El ‘colapso del yo’   
El gato de Schrödinger, paradigma del colapso de la función de onda. Imagen: Chubas.

Nuestro yo newtoniano (información-forma) que ‘colapsa’ la realidad en una interpretación personal (individual y parcial) tendría así un paralelo en un papel análogo (‘yoico’, por extensión) de la materia-energía. El colapso de la función de onda en una partícula nos muestra así un aspecto (individual y parcial) de la realidad.

La realidad física se puede comparar de esta forma con la realidad del yo: ambas son parciales y ‘subjetivas’, si por ‘subjetivo’ entendemos entonces, en mecánica cuántica, la realidad parcial de una partícula manifestada, no la totalidad que porta la onda o la totalidad de manifestaciones posibles diferenciadas del universo. 
  
Ésa es precisamente la característica de lo subjetivo: ser particular. Como particular es la posición de la partícula respecto a toda la función de onda cuántica y como particular es el yo (psíquico) respecto a la ‘onda psíquica’ (selforganismo-entorno). 

Es decir, para nuestro self organismo-entorno [4] (función de ‘onda psíquica’) ese ‘colapso yoico’ no implica sino una forma ‘subjetiva’ de ver la realidad, o lo que es lo mismo, una forma parcial de concretarla. Así el colapso de la función de onda no sería, por homología sistémica, sino una forma ‘subjetiva’ de ‘interpretar’ una realidad que contiene todas las formas posibles (todas las partículas, manifestaciones y posiciones) antes de expresarse en ese colapso. Así lo subjetivo queda aquí definido como cualquier posición parcial respecto a la totalidad, sea esta totalidad material (energía-materia) o psíquica (información-forma).

Lenguajes y ‘mundos’ paralelos 

Igual que hablamos de decoherencia cuántica [5] en la física atómica, podríamos hablar de decoherencia psíquica en la psique yoica. El fenómeno es el mismo en la materia y en la psique (información).

En ambos casos podemos decir que el entrelazamiento es un fenómeno tanto cuántico como psíquico. Es decir, en ambos casos “Un conjunto de partículas entrelazadas (…)  no pueden definirse como partículas individuales con estados definidos, sino sólo como un sistema con una función de onda única para todo el sistema.”. Un artículo de la Universidad de Rochester podría apoyar esta hipótesis.

En el mundo psíquico podemos decir que la consciencia transpersonal es una ‘consciencia entrelazada’. Mientras que la consciencia yoica es una partícula del conjunto de ‘partículas entrelazadas’ (diferentes yoes). Es decir: “Un conjunto de yoes entrelazados no pueden definirse como yoes individuales con estados definidos, sino sólo como un sistema con una función de onda psíquica única para todo el sistema” (de yoes individuales de los que habla la psicología clásica). 

De esta manera, por ejemplo, los universos paralelos que describe Hugt Everett no serían sino alternativas del construcción (interpretación) de realidad del ‘yo cuántico’. Esa supuesta existencia paralela no sería físicamente real. Es decir, todos esos supuestos mundos alternativos o paralelos pertenecerían al ‘mismo mundo’. Serían visiones alternativas (relativas, interpretativas) del ‘yo cuántico’. como podemos considerar las visiones alternativas (relativas) de los diferentes yoes humanos sobre la realidad conceptual.

Al igual que el yo humano consiste en la interpretación de un aspecto parcial de la realidad conceptual única, el ‘yo cuántico’ es una ‘interpretación’ parcial de la realidad material única, ya sea como colapso de la función de onda o como materialización en diferentes objetos físicos en el Universo. Esta conclusión es la que permite, repito, el concepto de campo mente-materia, pues hablamos de una realidad única.

Así la realidad sería, como nos dice Gulio Prisco en un artículo de Tendencias21: “…una superposición de estados de complejidad inimaginable”. Es decir, una superposición de todas esas visiones relativas o ‘paralelas’, ya sea en el mundo cuántico o en el psíquico. 

Para la función de onda cuántica esa superposición de la realidad materia-energía sería tan natural como la existencia superpuesta de los diferentes yos en la realidad psicológica de la consciencia trans-local (transpersonal). De esta manera, comprender-sentir-pensar-experimentar esa malla de relaciones [6] que es el self organismo-entorno (la función de onda psíquica) en la realidad macroscópica de la conciencia, quizá nos ayudase a entender mejor esos fenómenos cuánticos hasta ahora incomprensibles.

Superposición de estados macroscópicos  

Así a esta pregunta de Giulio Prisco, antes citado, sobre la energía-materia: “…si nuestra mejor teoría sobre la naturaleza nos obliga a aceptar que incluso objetos microscópicos se encuentran en una superposición de estados, ¿por qué nunca vemos a un objeto macroscópico en una superposición de estados?” 

Se podría contestar que la superposición de estados macroscópicos se da en el ámbito de la consciencia (información-forma). Y estas otras afirmaciones de Prisco vienen a corroborar lo que aquí se dice:

“Se puede presumir que nuestros cerebros no tienen suficiente capacidad para almacenar modelos mentales de una realidad demasiado compleja, así que el colapso se produce a nivel de la consciencia del observador: ninguno de los dos estados tiene consciencia del otro”. 

Esto es así porque nuestros cerebros (mentes) en su forma de comprensión lineal (de solo el hemisferio izquierdo) no pueden almacenar esos modelos mentales porque es inconcebible que una función lineal pueda almacenar una realidad tridimensional. Paralelamente, en la plena reducción yoica un yo no tiene consciencia del otro yo [7].

“Mi propia interpretación es que la realidad es mucho más compleja de lo que nuestros sentidos pueden observar, de lo que nuestra inteligencia puede entender, y de lo que nuestro lenguaje puede describir en esta fase de la evolución de nuestra especie”, escribe Prisco. 

Totalmente de acuerdo, se necesita el estado de consciencia que denomino lógica paradójica (Fase transracional de Dokushô Villalba ; lógica imaginativa de Ken Wilber, 1983), para acceder a esa complejidad. La fase racional-polar en la evolución humana es incapaz de observar, entender y describir la realidad total.

“Nuestros cerebros no tienen suficiente capacidad para almacenar y procesar información tan compleja, y entonces dividen la realidad en mundos paralelos que nuestra inteligencia puede manejar con más facilidad”, sigue diciendo Prisco. 
  
Es decir, los divide en diferentes yoes, ya sean cuánticos o psíquicos. Los yoes funcionan y actúan en ‘paralelo’, no son capaces de abarcar toda la realidad, pues ésa es la función del yo: discernir, diferenciar, acotar, fijar, concretar… En la realidad unitaria por el contrario, como función de onda (psíquica o cuántica), no se discierne, diferencia, acota, fija o concreta. 

Vemos así que en este artículo, Giulio Prisco se acerca a la postura aquí mantenida. Describe los inconvenientes de la concepción lineal de la realidad y apunta a una quizá “fase de la evolución de nuestra especie” en la que eso sí pueda ocurrir. Cosa que es la que afirmo, junto con otros muchos teóricos de la consciencia, en éste y otros de mis escritos.

Como dice Bohm: “No existen dos órdenes distintos de realidad, sino una única totalidad implicado-explicada. El orden explicado es parte constitutiva del orden implicado, que le da razón de ser.” “Este movimiento holístico incluye también una dimensión psíquica de la materia. Es un todo dialéctico de energía y mente que causa el orden explicado físico y psíquico”.

El paralelismo y juego en una polaridad, mente-materia en este caso, es el comportamiento natural de los opuestos. No hay jerarquía lineal entre ellos (qué va antes y qué después) sino simetría. Diferentes miradas sobre un mismo proceso. Es decir, explicar el funcionamiento físico de la conciencia tendría que ir en paralelo al explicar el ‘funcionamiento psíquico’ (mente-espíritu-información) de la materia. Así una teoría de la materia y de la consciencia, tanto por separado como conjuntamente, no competería sólo a cosmólogos, físicos y neurocientíficos, sino también a psicólogos, teólogos, religiosos y profesiones afines. Como cité arriba : “Hablamos, pues, de una misma realidad ontológica de materia-energía y conciencia”.

Es aquí donde lo ‘subjetivo’ (particular) y lo objetivo (general) se tienen que ‘sumar’ paradójicamente para dar una percepción más exacta de la realidad; es decir, más ‘objetiva’ (o más bien transobjetiva; es decir más allá de lo objetivo y lo subjetivo, pues integra ambas categorizaciones). 

Conclusiones 

La realidad se nos muestra paradójica en todos sus niveles. Comprender la cualidad informativa de la paradoja es un paso necesario para comprender la paradoja cuántica. Si no comprendemos la función de la paradoja en un nivel de la realidad (consciencia) difícilmente podremos comprenderlo en otro (materia-energía). Por otra parte, si la realidad es un todo unificado, como postulan muchas voces, lo que podamos avanzar en un camino podremos avanzarlo, al mismo tiempo y sin tener una relación aparentemente directa, en el otro.

El caso es que, como dice Villalba, Occidente ha dado lugar a la tecnología científica mientras que Oriente lo ha dado a la tecnología espiritual. Comprender que ambas tecnologías son complementarias y que la unión de ambas nos ayudará a entender la realidad paradójica, es un camino por andar. Camino que nos lleva desde la función parcial del ‘yo’ (cuántico y psíquico), que ‘colapsa’ la realidad total en una interpretación parcial, a la función más abarcadora del self organismo-entorno y de la función de onda cuántica. Ambas funciones son capaces de ver una realidad más amplia que incluye la visión que el ‘yo’ (cuántico y psíquico) tiene de esa realidad como una parte de la totalidad.

Podemos decir que ocurre algo semejante a los estados superpuestos que, según Javier Montserrat en Tendencias21 , nunca llegaremos a conocer. Según mi criterio el mundo de experiencia es sólo nuestro mundo humano, es el mundo del yo; pero la realidad misma, esos estados superpuestos, la podemos conocer, en el nivel psíquico, si trascendemos el ego y experimentamos entonces en la conciencia esos ‘estados superpuestos’ que, en el otro polo, nos muestra la materia. 

Sólo así podremos ‘entender’ lo que significan y son esos estados, si en la consciencia también los registramos, pues no podremos entenderlos si no  los entendemos también en la consciencia. Hemos llegado a un nivel en el que la realidad es una, y para entenderla tenemos que experimentarla integrada. Es algo que nos permite hacer la teoría sistémica (Bertalanffy, 1968) y la identidad mente-materia (Peat, 1987).

Como dice el Prof. P. Krishna : “La búsqueda científica es para descubrir el orden en el mundo externo del tiempo, espacio, energía y materia. La búsqueda espiritual es para descubrir el orden en nuestra conciencia. En tanto que la totalidad de la realidad se construye por ambas materia y conciencia, ¿por qué la búsqueda de la comprensión del orden en el mundo externo es antagónico a la búsqueda del entendimiento del orden en el mundo interior de nuestra conciencia?”


Bibliografía:  

Bertalanffy, Ludwig von. (1968, ec. 1979): Perspectivas en la teoría general de sistemas. Madrid. Ed. Alianza.
Bohm, David. (1987, ec. 1998). La totalidad y el orden implicado. Ed. Kairós. Barcelona.
Capra, Fritjof. (1975, tr. 1996). El tao de la Física. Ed. Sirio. Barcelona.
Keeney, B. P. (1983, ec. 1994). Estética del cambio. Ed. Paidós. Barcelona.
Kuhn, Thomas S. (1962, ec. 1971). La estructura de las revoluciones científicas. Ed. F. C. E.. Madrid.
Madrona, S. y Hearn, I. F. (2012). La sincronicidad vista desde la teoría de campo. Los tres campos.
Peat, David. (1987, ec. 1988). Sincronicidad: puente entre mente y materia. Ed. Kairós. Barcelona.
Wilber, Ken. (1983-1990, ec. 1991). Los tres ojos del conocimiento. Ed. Kairós. Barcelona.
Zohar, Danah. (1990, ec. 1990). La conciencia cuántica. Ed. Plaza y Janés & Muy Interesante. Barcelona.

Notas: 

[1] Se refiere a todo proceso por el que una información o un símbolo se ‘encarna’ en una realidad objetiva, ya sea física, química, biológica, psicológica o social. Es decir, podemos tener la misma información independientemente de que el sustento (receptor y/o emisor) de esa información sea un objeto físico, químico, psíquico… Keeney, (1983).
[2] Este artículo es una aclaración y ampliación de ciertas ideas vertidas en la segunda parte de: http://www.tendencias21.net/El-Yo-es-un-concepto-con-fecha-de-caducidad_a32818.html a partir de “Una especulación cuántica”.
[3] “La subjetividad es la perspectiva personal –intrapsíquica– de los fenómenos que tienen lugar en el campo, la objetividad es el hecho mismo de que esos fenómenos constituyan un campo unificado, no importa su naturaleza subjetiva […], sino el hecho mismo […] de que existan. El proceso –el hecho en sí de que existe un proceso– es siempre el mismo (en eso es objetivo), sus contenidos particulares (subjetivos) son múltiples. Es decir, lo objetivo es el hecho de que hay un proceso de intercambio o co-construcción de información, lo subjetivo es que esa información sea particularizada en cada momento; pero ambos hechos subjetivo-y-objetivo coinciden en el fenómeno en curso. Ambos son de igual importancia para construir la totalidad.” (Madrona y Hearn, 2012, pág. 7).
[4] Función de ‘onda psíquica’, homologa a la función de onda cuántica, en tanto en cuanto el self es indeterminado pues contiene todas las posibles manifestaciones o concreciones del yo: http://www.tendencias21.net/El-Yo-es-un-concepto-con-fecha-de-caducidad_a32818.html.
http://gestaltnet.net/documentos/el-self.
[5] “La decoherencia cuántica es el término aceptado y utilizado en mecánica cuántica para explicar cómo un estado cuántico entrelazado puede dar lugar a un estado físico clásico (no entrelazado). En otras palabras, cómo un sistema físico, bajo ciertas condiciones específicas, deja de exhibir efectos cuánticos y pasa a exhibir un comportamiento típicamente clásico…”
[6] “…las nuevas teorías de la información […], desde la filosofía (Whitehead), la psicología (Keeney) o la ciencia (Laszlo), basan la descripción de la realidad no en el ‘punto newtoniano’, sino en la malla de interrelaciones que existe entre todos los ‘puntos’ del universo. Es decir, en estas concepciones no existen puntos aislados sometidos a una fuerza y velocidad vectoriales, sino un complejo campo de interrelaciones en las que cada ‘punto’ está conectado por una información que comparte con todos los otros “puntos”, siendo, al mismo tiempo, cada uno de esos otros ‘puntos’. En realidad, hablar de ‘punto’ en estas concepciones carece de sentido, pues en ellas no existe lo que en términos newtonianos entendemos por ‘punto’.”: http://www.redcientifica.org/procesos-de-autoorganizacion-en-la-conciencia.php.
[7] Hay que añadir que en la medida en que el yo es un estado de transición hacia la consciencia traspersonal –entrelazada– se puede dar, se da, un estado intermedio de transición de lo particular a lo general. Es decir el yo que no tiene consciencia del otro yo es un estado ‘puro’ (monolítico) del yo; pero el ser humano es algo más complejo que un yo.


Sinesio Madrona es licenciado en psicología. Formado en terapia psicoanalítica, rogeriana y gestáltica. Es autor de una teoría  no antropocéntrica del desarrollo de la consciencia.  

 

Benjamin Bloom fue un influyente psicólogo y pedagogo estadounidense que hizo contribuciones significativas a la taxonomía de objetivos de la educación. Otras contribuciones suyas estuvieron relacionadas con el campo del aprendizaje y el desarrollo cognitivo.

La taxonomía de objetivos de la educación de Bloom se basa en la idea de que las operaciones mentales pueden clasificarse en seis niveles de complejidad creciente. El desempeño en cada nivel depende del dominio del alumno en el nivel o los niveles precedentes.

Por ejemplo, la capacidad de evaluar —el nivel más alto de la taxonomía cognitiva— se basa en el supuesto de que el estudiante, para ser capaz de evaluar, tiene que disponer de la información necesaria, comprender esa información, ser capaz de aplicarla, de analizarla, de sintetizarla y, finalmente, de evaluarla. La taxonomía de Bloom no es un mero esquema de clasificación, sino un intento de ordenar jerárquicamente los procesos cognitivos.

Bloom orientó un gran número de sus investigaciones al estudio de los objetivos educativos, para proponer la idea de que cualquier tarea favorece en mayor o menor medida uno de los tres dominios psicológicos principales: cognoscitivo, afectivo, o psicomotor. El dominio cognoscitivo se ocupa de nuestra capacidad de procesar y de utilizar la información de una manera significativa. El dominio afectivo se refiere a las actitudes y a las sensaciones que resultan el proceso de aprendizaje. El dominio psicomotor implica habilidades motoras o físicas.

Bloom, junto a su grupo de investigación de la Universidad de Chicago, desarrolló una taxonomía jerárquica de capacidades cognitivas que eran consideradas necesarias para el aprendizajey que resultaban útiles para la medida y evaluación de las capacidades del individuo. Su taxonomía fue diseñada para ayudar a profesores y a diseñadores educacionales a clasificar objetivos y metas educacionales. Su teoría estaba basada en en la idea que no todos los objetivos educativos son igualmente deseables. Por ejemplo, la memorización de hechos, si bien una cualidad importante, no es comparable a la capacidad de analizar o de evaluar contenidos.

La taxonomía de Bloom, la clasificación de los objetivos educativos más usada y conocida en entornos educativos. Bloom definía tres ámbitos en los que deben ubicarse los objetivos de la enseñanza:

  • Ámbito cognitivo: Conocimiento, comprensión, aplicación, análisis, síntesis, evaluación.
  • Ámbito afectivo: Recibir (atender), responder, valorar, organización, caracterización según valores.
  • Ámbito psicomotor, que es el ámbito menos desarrollado en las investigaciones de Bloom.

Los presupuestos teóricos de Bloom partían de las bases teóricas del conductismo y del cognitivismo.

Resultado de imagen para taxonomia de bloom objetivos

TaxonomiaBloom-LengiajeEntenderAprendizaje

 

 

 

TaxonomíaBloomRueda30EnEspañol-Infografía-BlogGesvin

Taxonomía-de-objetivos-de-la-educación-Bloom-con-verbos2

http://www.orientacionandujar.es/wp-content/uploads/2015/07/Taxonomia-Bloom-y-sus-actualizaciones.pdf

(Fuente: http://webdelmaestrocmf.com/portal/taxonomia-benjamin-bloom-esquema-redactar-competencias-verbos/?utm_source=blogsterapp&utm_medium=Facebook  y selección de Alcaíno Cortéz  a través de Teresa Boj en Facebook)

En 2010 fue responsable de la filtración de información clasificada más grande en la historia de Estados Unidos que transformó la relación del poder político y militar con internet. En una entrevista exclusiva al salir de la cárcel, habla del mundo que ayudó a formar y de por qué cree que “hay cosas que deben mantenerse en secreto”.

 

Resultado de imagen para chelsea manning

Esta nueva unidad, que surge como una iniciativa que reúne a académicos adscritos a diferentes departamentos y unidades de la Facultad de Medicina, tiene como uno de sus objetivos generar conocimiento relevante en los ámbitos básico y aplicado en el área, de manera de avanzar hacia posibles respuestas frente al aumento en la prevalencia de enfermedades en salud mental, situación que a nivel mundial consume un tercio del presupuesto sanitario.

Doctor Pedro Maldonado

Doctor Pedro Maldonado

Este naciente enclave, que dará lugar a la docencia, investigación y extensión en la disciplina, es uno de los resultados de la proyección institucional impulsada por el Decanato y responde a la necesidad de  canalizar las capacidades académicas y asistenciales con que cuenta la Facultad de Medicina, en aras de abordar problemas prevalentes de salud de la población nacional. Bajo esta premisa y tal como sucedió con la puesta en marcha del Departamento de Oncología Básico Clínico, esta unidad nace con el mandato de articular la investigación en los ámbitos biomédicos correspondientes, con la actividad de formación profesional en salud.

En ese contexto y al presentar esta iniciativa, el decano de nuestro plantel, doctor Manuel Kukuljan, señaló que este modelo implica “sumar esfuerzos, articular capacidades y no constituir unidades que se segreguen del quehacer principal de la Facultad”. Teniendo a la vista una necesidad país en el área clínica de la salud mental y las enfermedades neurodegenerativas,requerimiento frente al cual ya existen desarrollos en la Facultad, el Decano señaló que la propuesta “es una oportunidad única, pues también implica articular la investigación clínica que ya se efectúa en neurología, siquiatría y otras especialidades afines, generándose así una dinámica que potenciará el desarrollo académico.

El proyecto de creación del Departamento de Neurociencia fue presentado al Consejo de Facultad en julio de 2016, aprobado por esta instancia en septiembre del mismo año y, finalmente, su creación fue decretada por el Rector de la Universidad de Chile a principios de este año.

Un nuevo modelo

La forma de adscripción a este nuevo departamento se basó en que cada uno de sus integrantes fue convocado en base a las contribuciones realizadas e intereses manifestados en sus respectivas especialidades y disciplinas, académicos que en su mayoría no se desvincularán de sus unidades de origen sino que distribuirán sus horas asignadas con el fin de dedicarlas a la generación de conocimiento en el área.

Para el doctor Pedro Maldonado, académico del programa de Fisiología del ICBM y director interino de este departamento, el esquema de reclutamiento ha resultado muy importante para el proyecto, en tanto “el que nuestros miembros pertenezcan a distintas unidades nos permitirá articular y gestionar mejores propuestas, más globales y conjuntas, de proyectos de investigación básica y aplicada. En la mayoría de los casos hemos aumentado el número de horas de estos investigadores”.

En ese sentido, añade, este departamento no va a tener una identidad física ni un solo espacio común. “Tendrá que haber una oficina en la que esté el trabajo administrativo, pero la idea central es priorizar la eficiencia de las tareas en base a que los académicos compartan ciertos insumos o plataformas experimentales. Los espacios y la cercanía tendrán que ver con esta premisa, y  obviamente mantener a los investigadores clínicos y básicos en su actual área de trabajo es lo más eficiente”.

– Cuál será la relación del Departamento con el Instituto Milenio de Neurociencia Biomédica y el Centro Fondap de envejecimiento “Geroscience Center for Brain Health and Metabolism”?

– Esta vinculación es muy interesante, porque BNI y Gero son principalmente proyectos grupales de investigación, con la formalidad necesaria para ejecutarlos pero sin contar con una estructura académica como los departamentos o institutos de Facultad, de manera que no tienen la posibilidad de reclutar integrantes. Esta relación puede ser tremendamente beneficiosa, porque combina la formalidad institucional de los departamentos con la flexibilidad de los proyectos de investigación; es el caso del Centro de Modelamiento Matemático y el Departamento de Matemáticas de la Facultad de Ciencias Físicas y Matemáticas, por ejemplo. Así se aprovechan las ventajas de ambos mundos; este tipo de institutos son los que uno quisiera fomentar más aún, en base a que unidades académicas formales sirvan como centros de apoyo a su generación, incentivando la presentación de diversos proyectos colaborativos en temáticas vinculadas. Esa es una intersección importante, y obviamente sus ventajas son que atraen recursos considerables como puede ser en el área de infraestructura, que hay que aprovechar para la Facultad, en una sinergia que combine los intereses del departamento con los de los institutos para hacer propuestas de espacios financiados externamente. Un departamento institucionaliza todo este tipo de colaboración como un centro articulador.

Respuestas al futuro

Así, los objetivos del Departamento de Neurociencia son desarrollar la docencia en el área de neurociencia en los ámbitos del pre y postgrado y en la formación de académicos e investigadores, al mismo tiempo que constituirse en un referente en investigación con aplicación en salud y, por último, forjarse en un interlocutor válido para el Estado al momento de discutir políticas públicas de salud y bienestar en esta área, que permita dar una mejor respuesta a las necesidades crecientes del país en la materia.

“El que seamos el primer Departamento de Neurociencia del país no es lo más relevante; ojalá que otras universidades sigan este camino, pues ya existen programas de doctorado en la disciplina sin la base académica de un departamento. Normalmente es al revés. Y es que hoy la neurociencia es clave en tres aspectos fundamentales: la salud, pues  prácticamente un tercio de todo el gasto mundial en este ámbito se asociado a enfermedades neurosiquiátricas; por ello es que fortaleceremos la investigación en neurociencia aplicada a salud, mediante la articulación de proyectos, instalaciones e infraestructura. Un segundo aspecto se relaciona con la curiosidad de la Humanidad respecto de qué es lo que nos hace humanos, y eso tiene que ver con el cerebro. Y el tercero es la educación, el aprendizaje que se hace con el cerebro; en esta área tenemos enormes expectativas de impacto que ojalá podamos coordinar con otras facultades. Por ejemplo, estamos pensando crear a futuro un programa de Doctorado en Neurociencias, que implique una visión conjunta con académicos de ciencias, de ingeniería y de educación. Queremos una mirada amplia y no focalizada sólo en la resolución de problemas básicos o clínicos de esta disciplina, sino también para quienes tengan interés en hacer desde propuestas curriculares novedosas hasta interfases entre el cerebro y robots, o posibles curas para el Parkinson”, informa el doctor Maldonado.

Un centro articulador

El grupo de académicos que conforma el Departamento de Neurociencia está constituido por un núcleo de investigadores básicos expertos en el área de la neurociencia con una adscripción jornada completa. Incluye tres profesores titulares, un profesor asociado y dos profesores asistentes, uno de los cuales está en proceso de evaluación.

Las experiencias del grupo núcleo incluyen la neurobiología celular, los procesos de aprendizaje y las ciencias cognitivas, incluyendo interfase cerebro-máquina. A este núcleo se le suman académicos que adscriben parte de su jornada contratada al Departamento de Neurociencia y que cuentan con experticia en neurociencia básica y en otras disciplinas complementarias como genética, farmacología, además de académicos investigadores que dedican parte de su jornada a la práctica clínica en ámbitos como neurología de adultos, neurología infantil, psiquiatría, otorrinolaringología, anestesiología y geriatría.

El grupo de académicos de jornada parcial incluye dos profesores titulares, tres profesores asociados y once profesores asistentes. En total son 20 académicos con grado de Doctor, 2 académicos con grado de Magíster y 14 con especialidad clínica, de los cuales diez tienen el grado de Doctor, varios de ellos con experiencia postdoctoral.

Bajo este modelo de conformación –similar al ya planteado por el Departamento de Oncología-, esta nueva unidad cuenta con un total cercano a las 12 jornadas completas equivalentes, provenientes de los departamentos de Neurología y Psiquiatría de los campus Norte, Sur y Oriente; de Pediatría y Cirugía Infantil Norte, Centro y Oriente; de Anestesiología, Otorrinolaringología, Kinesiología y Fonoaudiología, además de diversos programas del Instituto de Ciencias Biomédicas, tales como Anatomía y Biología del Desarrollo, Biología Celular y Molecular, Farmacología, Fisiología y Biofísica y Fisiopatología.

La neurociencia en el país

De acuerdo a estudios recientes Chile es un país con altas tasas de enfermedades neuropsiquiátricas, con tasas muy superiores a las reportadas para otros países. Según las cifras del MINSAL, más del 25% de los años perdidos por discapacidad (AVISA) tiene su origen en enfermedades neuropsiquiátricas. A pesar de las cifras alarmantes de prevalencia de trastornos psiquiátricos, y sin tomar en cuenta los trastornos neurológicos o aquellos psiquiátricos derivados de enfermedades neurodegenerativas, el presupuesto para salud en general y para salud mental en particular es altamente deficiente (cerca del 3%). La falta de una política de prevención y tratamiento de las enfermedades mentales causa costos muy altos para el país en términos de ausentismo laboral del afectado y de sus cuidadores, calculándose en un 31% del costo total de las enfermedades en Chile, uno de los costos más altos del mundo.

En Chile esta disciplina está especialmente desarrollada en términos relativos al tamaño del país. Actualmente funcionan dos Institutos Milenio y dos centros con financiamiento de fondos basales dedicados a esta temática, además de varios Núcleos Milenio y Anillos de Ciencia y Tecnología, varios de ellos en nuestra Facultad. Desde el punto de vista de formación de estudiantes, como institución contamos con un programa de Magíster en Neurociencias, así como con los doctorados en Ciencias Biomédicas y en Ciencias Médicas, muchos de cuyos estudiantes se desempeñan en el área de la neurociencia.

Comunicaciones Facultad de Medicina

Documentos adjuntos  Claustro del Departamento de Neurociencia

Martes 23 de mayo de 2017

(Fuente:  http://www.medicina.uchile.cl/noticias/133461/nace-el-primer-departamento-de-neurociencia-del-pais   y selección de Alcaíno Cortéz)

Autor:  Arturo Torres –  Psicólogo

Licenciado en Sociología por la Universitat Autónoma de Barcelona. Graduado en Psicología por la Universitat de Barcelona. Posgrado en comunicación política y Máster en Psicología social.

Un psicólogo esencial en la historia de la psicología.

(Fuente:  https://psicologiaymente.net/biografias/carl-gustav-jung#  y selección de Alcaíno Cortéz)

Resultado de imagen para tzvetan todorov

La noticia fue inesperada. El 7 de febrero pasado falleció en París, el escritor búlgaro-francés Tzvetan Todorov, conocido en el mundo por haber iluminado el siglo XX y mirado los problemas del siglo XXI, que se traducen en ‘la confusión contemporánea’.

Filósofo, lingüista, semiólogo y teórico de la literatura, Todorov fue uno de los observadores más lúcidos del desorden de las sociedades posmodernas. En las siguientes líneas una síntesis de su trajinar intelectual.  Nacido en Sofía, Bulgaria, en 1939, Tzvetan Todorov murió en Paris, en 2017, a los 77 años, luego de una larga y genuina vocación por la humanidad.

Recordado como el apóstol del humanismo, sus ideas contribuyeron a entender las principales crisis de Oriente y Occidente, y a replantear la tesis de la denominada ‘otredad’, en su libro ‘La conquista de América: el problema del otro’, editorial siglo XXI.

Resultado de imagen para tzvetan todorov libros

Se consideraba un ‘hombre desplazado’, como le gustaba autocalificarse. Todorov se distinguió por su espíritu inclasificable y su afición a traspasar fronteras entre disciplinas. Se mantuvo a una distancia prudencial de los apóstoles del posestructuralismo, como Foucault o Derrida, y nunca acabó de encajar entre los nuevos filósofos.

Todorov fue profesor y director del Centro de Investigaciones sobre las Artes y el Lenguaje, en el Centro Nacional para la Investigación Científica (CNRS), en París. También dio clases en Yale, Harvard y Berkeley. • Humanista crítico Doctor en Psicología, Todorov fue uno de los intelectuales más luminosos del planeta; un pensador multidisciplinar, humanista crítico y comprometido con el hombre concreto, de raíces ilustradas, con una vasta obra que fuera reconocida con el premio Príncipe de Asturias, en 2008, y la Medalla de la Orden y de las Letras de Francia.

Resultado de imagen para tzvetan todorov libros

Resultado de imagen para tzvetan todorov libros - Memoria del mal tentacion del bien

Resultado de imagen para tzvetan todorov libros -  La literatura en peligro

Resultado de imagen para tzvetan todorov libros -  La literatura en peligro

Sus títulos son decidores: ‘El hombre desplazado’ (1997), ‘Memoria del mal, tentación del bien’. ‘Indagación sobre el siglo XX’ (2002), ‘El nuevo desorden mundial (2008)’, ‘La literatura en peligro’ (2007), ‘La experiencia totalitaria’ (2010) y ‘Los enemigos íntimos de la democracia’ (2012).

Resultado de imagen para tzvetan todorov libros -  La experiencia totalitaria

‘Ninguna curiosidad le fue ajena -dice un comentarista-. Teórico literario, crítico de arte y literatura, lingüista, filósofo, historiador. De los formalistas rusos a la filosofía del lenguaje. De los maestros de la pintura flamenca del renacimiento a Goya. De la conquista de América a los campos de concentración. De Oscar Wilde a Rilke. Y de todas esas sendas a la dirección única de la democracia. Ésta es uno de los grandes temas de su pensamiento. De cómo algo sublime se ha degradado hasta ser un artefacto de fabricación casera’.

Resultado de imagen para tzvetan todorov libros -  La literatura en peligro

Todorov se mostró fascinado por la figura del insurgente, a quien dedicó su último ensayo publicado, ‘Insumisos’ (Galaxia Gutenberg), una galería de retratos de personajes históricos que supieron oponerse al poder, de Boris Pasternak a Edward Snowden, pasando por la étnologa francesa Germaine Tillion, figura de la resistencia contra los nazis, con quien intimó poco antes de su muerte.

• Imprecisión del optimismo Los principales rasgos de sus pensamientos quedaron arraigados en sus libros y en algunas entrevistas. En una de ellas, publicada en el periódico El Mundo, Todorov declaró: ‘Quizá sea un ingenuo, pero no creo que nada de lo que sufrimos hoy sea irreversible. Me niego a creer en una fuerza sobrenatural que nos impone cosas que no se puedan cambiar. Esto es un asunto humano. Y los cambios vendrán de nosotros’.

Por eso, al ingresar el lector en sus textos descubre la ‘imprecisión del optimismo’; es decir, la ‘trinchera de la esperanza’, según sus palabras. • El miedo a los otros ‘Las palabras le salían a Todorov como ríos de caudal inmenso, dice un prologuista. Porque él se impuso el trabajo de descifrar lo que Europa puede ser realmente. Y hacia dónde se encamina, qué futuros manipula, qué disfraces de bandera esgrime en su caída… Este hombre era un producto del comunismo sulfúrico. Un referente por rechazo. Le tocó nacer en Sofía, en 1939, donde estaba abolida la libertad, la alegría, el pensamiento.

Soportó el autismo totalitario hasta los 24 años, cuando desembarcó en París bajando del fondo de un tren helado. Allí confeccionó un pensamiento crítico desde la lucidez, jamás desde el rencor. Y eso le otorgó un mirar panorámico’. Decía Todorov: ‘En la sociedad actual estamos exagerando el miedo a los otros. Y ese terror a los que consideramos bárbaros nos convierte en bárbaros a nosotros’. Sabía bien el peso de cada una de esas palabras. 

Resultado de imagen para tzvetan todorov libros -  Nosotros y los otros

Propuso una lectura crítica en ‘Nosotros y los otros’ (1989). Fijó su mirada en la cuestión de la alteridad en las sociedades coloniales y sus consecuencias en el mapamundi poscolonial que conocemos hoy. ‘Cada individuo es multicultural. Las culturas no son islas monolíticas’. • Encuentro de dos mundos Tzvetan Todorov también miró a América. E hizo extraordinarias contribuciones. Una de ellas es ‘La Conquista de América: el problema del otro’. Preconizó el ‘encuentro de dos mundos’, donde recoge sus preocupaciones antropológicas y filosóficas del Otro. Sus líneas de análisis son: ‘el descubrimiento del Yo es posible solo a través del descubrimiento del Otro, el cual es solamente una abstracción construida por el Yo; otra establece: el pasado anuncia al presente, y como parte de la búsqueda del Yo actual, es importante el estudio del Nosotros en el pasado’.

A partir de estas premisas, ‘Todorov se propuso demostrar: 1) que la conquista de América vaticina y establece nuestra identidad presente y nuestra nueva relación con el Otro, y 2) que el triunfo de la conquista se debió, primero, al ‘arte de la adaptación y la improvisación’ de los conquistadores; segundo, a su superioridad en la comunicación de los signos, y tercero, al hecho de que en las múltiples combinaciones de la tríada amor-conquista-conocimiento (sobre el Otro) subyacía la firme convicción de la superioridad europea y, consecuentemente, de que había que asimilar a los nativos’. •

Algunas frases de Todorov . ‘Hay formas de mantener la dignidad moral en circunstancias extremas’. . ‘El amor es lo más sagrado del mundo moderno’. . ‘La resistencia es fundamental en democracia’. . ‘Pocas personas se sacrificarían hoy día por Dios, por la nación o por la clase obrera, es decir, por abstracciones, pero muchos padres están dispuestos a sacrificarse si la vida de sus hijos está en peligro y lo mismo se podría decir de otras formas de amor’. . ‘Una persona sonríe a otra por la calle, y si los dioses están con nosotros, si se han echado los dados de una cierta manera, estos encuentros fortuitos se pueden transformar en la base, el fundamento de toda una vida’.

En suma, para Todorov la vida no tiene límites ni horizontes. Bueno sería que sus luces iluminen a los políticos y a todos los hombres y mujeres de buena voluntad.

(Fuente:  Este contenido ha sido publicado originalmente por Diario EL COMERCIO en la siguiente dirección:http://www.elcomercio.com/blogs/la-silla-vacia/murio-tzvetan-todorov-apostol-humanismo.html. Si está pensando en hacer uso del mismo, por favor, cite la fuente y haga un enlace hacia la nota original de donde usted ha tomado este contenido. ElComercio.com – y selección de Alcaíno Cortéz)

Mi blog: EL CONSTRUCTOR

Este nuevo espacio es para tratar temas de "organización política" de un pueblo o varios pueblos.

el imperio de des

Just another WordPress.com site

QUORUM-Asuntos Gobierno de Chile

Un sitio WordPress.com bueno

Espacio de oceano

Asuntos gobierno Chile

BUSCANT RAONS

ANIMUS PROVOCANDI

las 1000 grullas

Mil hojas para un deseo 一つの願いを千枚の紙に

Filosofía de 2º de Bachillerato

Cuaderno de aula de los alumnos y la profesora de filosofía de 2º de Bachillerato del CEM

Espacio de Mon Money

ECONOMIA POLITICA temas relacionados